Por Claudio Testa

Cada tanto, es útil detenerse y mirar el presente… pero también, simultáneamente, girar 180° y mirar hacia atrás en el tiempo, haciendo el balance de los pronósticos más difundidos del ayer. Por ejemplo, repasar las estimaciones de la situación mundial y sus perspectivas que en los ’90 hacía la gran mayoría de “expertos”, “futurólogos” y otros charlatanes de moda, incluyendo algunos que se decían de “izquierda”.

Eran las caracterizaciones y pronósticos sobre el mundo nacido de la globalización de la economía y el supuesto “fracaso del socialismo”. Casi todos esos “futurólogos” daban por descontado un crecimiento fabuloso y sin mayores crisis del capitalismo, al fin reunificado en sola economía mundial. Simultáneamente, al globalizarse todo, iban a perder importancia los Estados nacionales y sus conflictos.

Otros veían que eso iba a combinarse en mundo regido por Estados Unidos como única superpotencia indiscutible, indestructible y eterna, “sentada a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso”.

Un mundo donde, a la vez, la Unión Europea sería cada vez más exitosa. Como socio menor y a la vez servidor principal de EEUU, unificaría a todo ese continente.

Un mundo donde el “orden” y la “paz” serían garantizados por una OTAN sin fisuras, uniendo las espadas de EEUU y Europa. Así se garantizaría no sólo la paz sino también el gobierno mundial de los buenos (es decir, EEUU y su principal lacayo, la Unión Europea).

Un mundo donde Rusia ya no contaba y donde China sería, de aquí a la eternidad, el obediente capataz de EEUU, poniendo a su servicio a centenares de millones de obreros, que por un plato de arroz trabajarían doce o más horas, no harían huelgas, etc.

Los sueños, sueños son

Pero finalmente, no necesitamos explicar que las cosas resultaron muy distintas. Como diría Marx, todo lo que era sólido (o parecía serlo) se desvaneció en el aire. O en los sueños de esas caracterizaciones y pronósticos.

Recordando el pasado, se aprende para comprender el presente y, sobre todo, estimar sus probables vueltas y revueltas, sus tendencias. Efectivamente, hoy la realidad mundial, aunque con enormes desigualdades y fragmentación en Estados nacionales, es cualquier cosa menos estable y está cruzada por fuertes tensiones geopolíticas.

Este aspecto no es lo único contradictorio. Políticamente, a escala global, hay un giro a la derecha en comparación con la década pasada. Pero simultáneamente hay una fuerte contestación a eso, una “bipolaridad” que no deja las cosas “estables”. No hay grandes triunfos pero tampoco derrotas categóricas.

Globalmente, la economía –sobre todo en Occidente– no ha salido de la crisis de la “Gran Recesión” del 2008. Y ahora con Trump y las “guerras de aranceles”, que tienden a generalizarse, el péndulo de la globalización va sentido contrario.

En este cuadro mundial se está presentando un fenómeno geopolítico a tener en cuenta. Hay tendencias al “agrietamiento” (y probables rupturas y estallidos si eso crece) de instituciones, coaliciones, pactos e incluso Estados. En sentido contrario, aunque menos resonantes, hay también marchas hacia nuevas alianzas y fusiones.

Por supuesto, una grieta en un edificio generalmente no implica de por sí su derrumbe. Pero indica que algo inquietante y “anormal” está sucediendo, que hay fuerzas centrífugas operando y que finalmente pueden tirar todo abajo.

Lo interesante es que, en los últimos tiempos este fenómeno de agrietamiento está creciendo y multiplicándose, incluso en instituciones y relaciones que se estimaban casi eternas e inmutables, por ejemplo la OTAN, la alianza de EEUU con determinados Estados de Europa occidental, etc. Es como si, de un día para el otro, se hubiesen trasladado a una región de terremotos.

Brevemente, pasemos revista a algunos de los últimos casos que además sirven para comprender los tiempos de grietas, inestabilidades y sorpresas en que vivimos.

Todo comenzó con el Brexit

En esta época de temblores de tierra, pueden convertirse en ruinas los edificios políticos que parecían más sólidos. Su comienzo podría fecharse con el Brexit, la ruptura del Reino Unido con la Unión Europea. Esa fue la posición que, contra todos los pronósticos, ganó el plebiscito del 23 de junio de 2016.

También, con eso, comenzaron los tiempos de las sorpresas electorales. Esto se repetiría en la elección de Donald Trump, que muy pocos estimaban que llegaría a la presidencia.

Este tipo de votaciones sería otro síntoma de crisis política. Candidatos “normales” del régimen son rechazados para votar por “outsiders, lo que no implica por sí mismo que los recién llegados sean progresivos. Pueden ser de recontra derecha, como el actual gobierno de Italia, pero se los vota por aparecer como “algo nuevo”.

¿Ahora, el Brexit del Brexit?

Dos años después del Brexit, las grietas de las crisis políticas se han agrandado. Siguiendo con el ejemplo del Gran Bretaña, podría decirse que ahora se llegó al Brexit del Brexit, el Brexit al cuadrado.

Es decir, el estallido del gobierno y del partido conservador, en dos fracciones que difieren en cómo concretar de la salida de la Unión Europea: si ir a una ruptura casi total con la UE o si llevar adelante una “semi-ruptura”, algo mucho más parcial. A esto se añade un creciente sector popular que ahora estaría directamente contra la salida de la UE.

No vamos a entrar en detalles sobre esto. Lo que nos interesa subrayar es cómo la grieta inicial ha ido ensanchándose. Primero fue la ruptura con la Unión Europea. Luego la ruptura al interior de los mismos tories. Y mañana podría ser la desunión del mismo Reino Unido (United Kingdom) si alguno de sus integrantes, como Escocia, se opone a los términos en que se consumará el Brexit, y desea permanecer en la UE.

La grieta del Atlántico norte I: De la alianza eterna de Occidente a la guerra comercial EEUU vs. Unión Europea

Otro ejemplo aún más rotundo de cómo, en esta época, las grietas se pueden transformar en derrumbes lo da la guerra comercial en curso entre Estados Unidos y la Unión Europea.

El bloque geopolítico, económico y militar constituido luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) por EEUU y Europa occidental fue el epicentro del (mal) llamado “mundo libre” y del capitalismo mundial.

A partir de allí, encabezado por EEUU, se enfrentó a la Unión Soviética y, en general, a los intentos (revolucionarios o no) de mayor o menor independencia del resto del planeta. El llamado “Atlantismo”, la alianza geopolítica de EEUU con Europa (o mejor dicho, con Europa occidental) sería como un “dogma de fe” político de ambos socios.

Por supuesto hubo en esto crisis y tensiones, pero nunca decisivas. Esta asociación fue también económica. El proceso de globalización iniciado en la posguerra implicó que Wall Street fuese el centro financiero mundial. Pero también, simultáneamente que los capitales y la producción europeos pudiesen invadir EEUU.

Esto fue generando desequilibrios y desarrollos muy desiguales y finalmente una enorme grieta: el comercio de EEUU con Europa (y, en primer lugar, Alemania) resultó muy deficitario. Inicialmente, esto compensado a nivel financiero, con las ganancias de los capitales yanquis en el exterior y con el hecho de que EEUU puede emitir dólares.

Pero esa grieta comercial fenomenal (que EEUU también tiene con China) no sólo fue creciendo, sino que sentó la base fundamental para que surgiese un Trump y declarase la “guerra de aranceles”, no sólo contra China, sino también contra la maldita Alemania y su Unión Europea.

La grieta del Atlántico norte II: ¿Qué va a pasar con la OTAN?

¿Se puede estar en guerra comercial y simultáneamente ser aliados fraternos en lo político y militar? Se acaba de comprobar que no. El viejo von Clausewitz sigue teniendo razón: “La guerra es la continuación de la política por otros medios, aunque se trate por ahora de una “guerra de tarifas”.

Es que, al tiempo de redactar esta nota, tuvo lugar en Europa una reunión de la OTAN. Allí el ataque de Trump a Alemania, cabeza política y económica de la Unión Europea, fue desaforado en el fondo y en las formas.

Alemania, según aulló Trump, “está totalmente al servicio y controlada por Rusia porque obtendrá entre el 60% y el 70% de la energía a través de un nuevo gasoducto ruso. Estamos protegiendo a Alemania frente a Rusia, mientras se compromete a pagar millones y millones de dólares al año a Moscú a cambio del gas, Alemania es cautiva de Moscú”. Todo esto, dicho con el tono y los modales de matón del Far West.

Esta grieta alrededor del tema OTAN viene de lejos. Pero, más allá de las formas, la pregunta de fondo es la que ya apuntamos antes: ¿hasta cuándo se puede mantener esa contradicción?

Los “vectores” de esta grieta que significa la guerra de tarifas EEUU-Unión Europea apuntan a salidas contradictorias. Si se profundiza ese conflicto hasta las últimas consecuencias, eso implicaría la ruptura de hecho o de derecho de la OTAN y/o de la misma Unión Europea. Esto parece difícil, pero las tensiones empujan objetivamente en ese sentido: a que las grietas deriven en derrumbes.

Evidentemente Trump tiene eso muy en cuenta al utilizar el escenario de la reunión de la OTAN para hacer el “teatro” de un chantaje escandaloso. Pero quien juega con fuego, puede salir quemado.

No está escrito en donde va a terminar esta escalada.

CEEC: ¿Unión Europea o estación terminal de la Ruta de la Seda?

Las siglas “CEEC” aluden a una nueva entidad desagradable para la Unión Europea. Significan en inglés “Central and Eastern European Countries and China” (Países del Centro y el Este Europeo y China). Se trata del Grupo 16+1, que ya mencionamos en un artículo anterior. [Ver: “El infierno de la guerra de tarifas con Estados Unidos”, Socialismo o Barbarie Nº 474, 22/06/2018].

La CEEC organiza reuniones anuales y también otros foros y actividades muy promocionadas con políticos, funcionarios, y hombres de negocio. Hay varios anzuelos: recibir inversiones chinas para obras de infraestructura en esa “desembocadura” de la Ruta de la Seda que sería Europa Oriental y los Balcanes, oportunidades de comercio, etc.

El problema es que la Unión Europea, como tal, no tiene arte ni parte en este “emprendimiento”. No es invitada, aunque 11 de los Estados europeos que participan pertenecen a la UE. ¡Aquí las grietas las ensanchan los chinos, con sus generosas billeteras! Y también es una grieta potencialmente explosiva, porque muchos de los gobiernos de esos países no están en buena sintonía con Berlín.

Algunos de los gobiernos más entusiastas de esta alianza con Pekín son los de ultraderecha de Orban en Hungría y de Miloš Zeman en la República Checa. Este último ha proclamado que su país se ofrece para ser “el portaaviones insumergible de China en Europa…” (Richard Q. Turcsanyi, “What to Expect at the 2018 China-CEE 16+1 Summit?”, The Diplomat, July 06, 2018)

Esta proclamación, ya es algo más que una grieta si se la quiere llevar a la práctica, por las implicaciones no ya comerciales sino militares que tiene ¡Debe haber asustado a los mismos chinos!

En resumen…

Aunque, por el momento, el mundo está en una coyuntura corrida hacia la derecha, no hay grandes perspectivas de tranquilidad. El deterioro en tantísimos aspectos, desde la economía hasta la política pasando por la vida cotidiana, alimenta un clima descontento y malhumor social en amplios sectores de jóvenes y trabajadores. Eso es, en el fondo, lo que va agrietando todo…

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