por MARCELO BUITRAGO

La crisis económica no le da tregua al gobierno. Los analistas económicos pronostican hoy un piso de inflación del 30% para 2018, cuando hace dos meses decían que iba a ser del 22%,  confiesan ignorar dónde y cómo  parará la escalada del dólar, si el gobierno podrá cumplir con las metas comprometidas con el FMI, cuándo la Bolsa detendrá su sube y baja, cómo harán los deudores para pagar los créditos UVA,  mientras el  índice del riesgo país continúa en ascenso y el pronóstico de recesión es más una realidad que una certeza futura.

El gobierno sólo pudo exhibir por unos días el ascenso de la calificación de “país de frontera” a “mercado emergente” por la enigmática  “institución” MSCI, que mirando un poco más de cerca, resulta ser Morgan Stanley Capital International, propiedad del Banco Morgan Stanley, que elabora los índices para asesorar a los fondos de inversión: hola buitres!

Quién recuerda hoy la predicción de Infobae del 20 de junio que “sólo por el cambio de categoría la Argentina debería recibir unos USD 5.500 millones a su mercado accionario, que irían especialmente a aquellas compañías que no sólo cotizan en la Argentina sino también en Nueva York.” (https://www.infobae.com/economia/2018/06/20/buena-noticia-para-la-economia-la-argentina-fue-promovida-a-mercado-emergente/)

La Nación del mismo día tituló, con pretensiones pedagógicas “Argentina, mercado emergente: Por qué la definición del MSCI es clave para la economía argentina” arriesgando hasta USS 10.000 millones de dólares de ingresos. (https://www.lanacion.com.ar/2145414-argentina-mercado-emergente-por-que-la-definicion-del-msci-es-clave-para-la-economia-argentina).

Hacían falta buenas noticias, pero el optimismo era a todas luces delirante, porque la nueva categoría básicamente les dice a los potenciales inversores que por ahora no tendrían problemas en retirar sus fondos inmediatamente, sin ningún tipo de control o restricción. Al mismo tiempo, el ascenso del riesgo país, (elaborado por… JP Morgan) esto es la sobretasa que debería pagar una inversión en ciertos países, sobre bonos del Tesoro de los EEUU, por mayor riesgo, de 406 puntos el 11/04/18  a 590 puntos, casi el doble de Brasil y el triple de México, sólo superado por Venezuela, Ucrania y Ecuador, indica la necesidad de una mayor ganancia para invertir en el país.

Pues bien, desde el 21 de junio el Índice Merval, que ya venía en baja desde enero, cuando llegó a su pico de 35.141, continuó bajando de  30.831 a 27.065 el 3 de julio, cayendo un 9% en un solo día, su peor caída desde 2008.

Las subas y bajas de la Bolsa, que desde abril muestran cuatro bruscas caídas y tres fuertes recuperaciones, pero quedando siempre un escalón más abajo, grafican la volatilidad e incertidumbre que dominan a los capitalistas  que buscan disimular sus intereses bajo la denominación de los incorpóreos “mercados”.

Así, el REM de fines de junio (Relevamiento de Expectativas de Mercado) que confecciona el Banco Central consultando a asesores económicos  de carne y hueso, recortó el crecimiento esperado para 2018 del 1,3% al 0,5%,  mientras que la inflación esperada aumentó del 27,1% al 30% elevando la cotización del dólar para fin de año de $27,4 a $30,3. Estos “pequeños” ajustes se hicieron en un plazo de 30 días, sobre el REM elaborado a fines de mayo,

Y el REM de fines de abril, hace poco más de dos meses José Mercado esperaba un crecimiento para el 2018 de 2,5%, una inflación de 22%  y un dólar a fin de años a $ 27,40 alcanzando los $ 29 en junio de 2019.

Recordemos que el mejor equipo de los últimos 50 años, en el Presupuesto 2018 proyectaba un 3,5% de crecimiento, una inflación del 15,7%, un déficit de la balanza comercial de 5.600 millones de dólares (ya  estamos en los 5.000) y que “el tipo de cambio ahora se determina libremente en el mercado, con intervenciones ocasionales por parte de la autoridad monetaria, para suavizar cualquier comportamiento disruptivo. El nuevo régimen de flotación, inédito en la historia argentina reciente, fue instaurado a la vez que se iban eliminando las restricciones a la compra de divisas por parte del sector privado. El régimen de tipo de cambio flotante permite suavizar shocks externos, asegurando la continuidad de la actividad económica”. Estas intervenciones “ocasionales” se llevaron en dos meses (19/4 al 19/6) más de 14.000 millones de dólares de las reservas del BCRA sin evitar que la cotización se disparara de $20,40 a $28,20.

Cuesta creerlo pero la Tabla 1.3 del Presupuesto 2018 establecía estos precios para el dólar

Promedio anual 2018 2019 2020 2021
Tipo de cambio nominal $/USD 19,3 20,4 21,2 21,9

 

La llegada de Caputo al Banco Central el 14 de junio, pareció en principio  domar al dólar, pero la instabilidad continuó, amenazando romper la barrera de los $30 hasta que la astronómica tasa de interés de las Lebacs  y la oferta de cambiarlas por títulos en dólares parecieron aplacar las fieras. Claro que al costo de entregar 2.000 millones de dólares más de las reservas  en 7 días hábiles; a este ritmo, no hay stand-by que aguante.

 

El principio de todo

Cuando empezó la disparada del dólar, no había  periodista o analista económico en los medios que no atribuyera todas las desgracias del gobierno al fatídico 28 de diciembre, cuando el entonces Presidente del Banco Central Sturzenegger, en conferencia de prensa con Dujovne, Peña y Caputo, anunció que cambiaba (presionado por el gobierno) las metas de inflación previstas para 2018 del 8-12%  al 15%. Esto habría afectado la “independencia” del BCRA, perdiendo la interna con el resto del gobierno que se quejaba del dólar atrasado y le habría quitado credibilidad: los “mercados” ahora “no confiaban” en el Banco Central y entonces exigían dólares: la economía y la política reducida a la psicología, sobre una base bastante endeble: el poder de una conferencia de prensa que elevó unos puntos la expectativa de inflación.

Hoy, después que Sturzenegger firmara con Dujovne el memorándum al FMI comprometiéndose a bajar el déficit fiscal y aumentar la independencia del Banco Central, siendo echado como un perro un par de días después, sin que nadie pusiera ningún reparo, el argumento suena ridículo.

En realidad, hay que retroceder unos días, a las jornadas del 14 y 18 de diciembre, cuando la movilización popular y el violento enfrentamiento con la policía, mando al freezer la reforma laboral y detuvo el paseo triunfal de Macri a su reelección, y su ajuste, poniendo en crisis todo su proyecto.

Un par de meses después, a pesar del aporte a la gobernabilidad de la burocracia sindical, la crisis interna desatada en Cambiemos con las tarifas, las idas y vueltas de cobrarlas en cuotas, de sacar impuestos, la Ley de Emergencia Tarifaria aprobada por la oposición, fue el golpe de gracia a la confianza burguesa hacia la posibilidad real de Macri de profundizar su ataque global a los trabajadores. Y que los inversores internacionales llegaran a la conclusión que las intensas ganancias en dólares ya era tiempo de concretarlas, volviendo al verde.

Es cierto que el aumento de las tasas de la Reserva Federal fue uno de los factores que impulsaron este primer movimiento con la salida de los capitales golondrinas, pero este es un tema que la propia Reserva Federal viene discutiendo hace años: que como pensaba el gobierno nunca pasaría, o que no los iba a afectar sólo puede atribuirse a su imbecilidad: en el Presupuesto de 2018 escribieron que  el “gradualismo en la suba de la tasa de interés de la Reserva Federal de EEUU, (tendrá)  impacto sobre los mercados acotado”. Así como la lluvia de inversiones iba a venir por Macri, la bicicleta financiera no iba a parar nunca, también por la sonrisa de Macri.

Es la economía, estúpido

En marzo, al abrir las sesiones del Congreso, Macri dijo una vez más: “lo peor ya pasó”. Ahora,  salió a decir que íbamos bien, pero pasó algo, ajeno a su gobierno: “hubo  una sequía”, y “no podemos controlar lo que pasa en el mundo”: pero en ningún país la moneda se devaluó como en Argentina.  Y si bien la sequía fue grave, también lo fue la del 2008, cuando el riesgo país llegó a los 1.700 puntos, 3 veces más que ahora, y fue mayor al de  Venezuela. Y el ministro de Economía no era el “soviético” Kicillof, sino un tal Martín Lousteau.

Por otro lado, cuesta creer que dos meses después de la primera estampida, todavía los especuladores se estén yendo, ahora un 40% más caro que cuando empezaron.

La estampida del dólar es el reflejo, espectacular, pero reflejo al fin, de los problemas estructurales de la economía argentina, y su inserción en la economía capitalista internacional, que atraviesa a todos los gobiernos que hemos tenido, no sólo el de Macri.

El “íbamos bien” de Macri se refiere al crecimiento de la economía nacional reflejado en el EMI (Estimador Mensual Industrial)  que elabora el INDEC, que venía creciendo desde mayo de 2017, hasta mayo de 2018, donde descendió. Macri se olvida que desde febrero de 2016 a abril de 2017 ese índice dio negativo, es decir que la actividad industrial decayó. Pero pasemos por alto ese detalle. ¿Desde hace un año veníamos bien? La verdad es que no. EL PBI per cápita, la riqueza producida en el país dividida su número  de habitantes está prácticamente estancada hace una década. Esto refleja una vez más el mal endémico de la burguesía argentina: no invierte, para producir más y a menor precio. Pero ahora coincide con lo que se puede observar en la economía mundial: una débil recuperación post crisis 2008, producto de los escasos niveles de inversión. De ahí que la lluvia de inversiones pronosticada por Macri no tenía ni pies ni cabeza.

Necesitamos dólares, claman los expertos, porque estamos gastando más que lo que producimos, e importando más que lo que exportamos, así que no queda otra que un garrotazo al salario, los subsidios, las jubilaciones y los servicios públicos. Además, como la balanza comercial es deficitaria, este valor del dólar vendría bien a la producción.

La realidad es que en el periodo 2003-2015 el saldo de la balanza comercial (exportaciones menos importaciones de bienes) fue positivo en 156.000 millones de dólares. Mientras que la de servicios (fletes, seguros, turismo) fue negativa en 24.000 millones de dólares. ¿Dónde fueron a parar los 132.000 millones de saldo? Porque las reservas sólo aumentaron 10.000 millones: pues a pagar intereses por 45.000 millones y a la salida de utilidades y rentas de inversiones de las multinacionales por 83.000 millones. Este esquema ha sido una constante de la Argentina del siglo XX, con las particularidades de cada ciclo histórico: transfiere al exterior todo su superávit comercial, sin volcarlo a la acumulación. Cuando cualquier circunstancia internacional provoca la disminución del saldo de la balanza comercial, la perspectiva que el flujo de divisas se torne negativo, provoca el desplazamiento de los capitales líquidos que buscan resguardo en el dólar; durante un tiempo las autoridades ponen las reservas a su disposición, pero llegado a cierto nivel, la devaluación se torna inevitable: la crisis ingresa en la fase de licuación inflacionaria de los costos laborales y de las deudas en pesos.

Los rasgos generales de este esquema los vivimos con Frondizi en 1958, Guido en 1962, Celestino Rodrigo en 1975, Sigaut en 1981, Alfonsín en 1989.

El caso particular del macrismo se ha visto agravado por el ingreso masivo de capitales financieros (en dos años más que duplicó al total del periodo 2003-2015) que se convirtieron a pesos, hicieron ganancias extraordinarias y volvieron al dólar, poniéndole una presión adicional al tipo de cambio. En ese sentido se asemeja al menemismo, que acumuló déficits comerciales a lo largo de casi todos los 90, compensado con la entrada del capital financiero internacional: ya sabemos cuál fue su resultado: el ajuste vía la desocupación masiva y el posterior estallido.

Mientras el horizonte del gobierno hoy está puesto en el día a día de contener al dólar, ayer bajando los encajes de los bancos, hoy subiéndolos, llevando la tasa de interés a niveles imposibles de mantener, ayer  discutiendo la vuelta de las retenciones, hoy negándolo y mañana andá a saber. Mientras a la mañana amagan con impuestos a los pasajes al exterior para a la tarde negar todo y a la noche volverlo a estudiar, mientras aseguran no vender más de 150 millones de dólares por día para a la semana vender 350 millones, mientras que desplaza a Aranguren para morigerar el tarifazo dolarizado, para que el nuevo ministro diga que no hay vuelta atrás,   inevitablemente empieza el traslado de la devaluación a los precios y la licuación de los salarios, agravado por la recesión que provoca la caída del consumo y la volatilidad financiera.

La crisis es parte inevitable de la economía capitalista, pero su salida está íntimamente ligada a la lucha de clases. Si la clase trabajadora no interviene ahora para defender su salario, su empleo, y sus condiciones de vida, y el gobierno logra estabilizar la economía, empezando por el dólar, le habrá propinado un fuerte golpe y tal vez salga de su laberinto. No es en 2019 donde se juega la suerte de Macri, es en medio de esta crisis, que va a empeorar con el avance de la recesión, donde se lo puede derrotar, con la movilización y la lucha. El camino del 18 de diciembre está abierto.

 

 

 

 

 

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