por Maxi Tasán

“Mauricio Macri encontró en Hugo Moyano a un aliado inesperado. Sin reconocerlo abiertamente, en el Gobierno observan como una cifra razonable el aumento salarial del 25 por ciento” (La Nación, 21/06/18).

No lo podemos asegurar, pero es probable que, el lunes por la tarde haya pasado por la cabeza de Mauricio Macri la melodía que da forma a ese cantito que se usa para recibir a los equipos apenas salen del vestuario, y que aquí funge de título.

Es que, si hay algo que caracteriza la relación Macri-Moyano es que “la sangre nunca llega al río”. Han sido socios en la AFA, en los negocios cuando Macri era Jefe de Gobierno de la Ciudad, hasta el punto que, si bien discretamente, Moyano se inclinó a favor del ingeniero en las presidenciales del 2015.

Es cierto que en el medio, de tanto en tanto, se producen algunas escaramuzas donde el gobierno esgrime expedientes judiciales y el camionero responde con amenazas de paros y cortes. Sin embargo, aunque las balas a veces piquen cerca, nunca se ha pasado a mayores.

Es así que, cuando el encono entre ambos parecía mayor que nunca, esta semana Moyano le tendió una mano al gobierno cerrando la paritaria de camioneros. En conferencia de prensa anunció un 25% de aumento en tres cuotas (el gobierno afirma que es 23,2%), una cláusula de revisión y un bono por rama de actividad. Moyano canchereó con haber roto la pauta salarial de 15% y tiró un dardo envenenado sobre el resto de los burócratas que “firmaron por presión del gobierno”.

Medias verdades…

Si bien es cierto que el acuerdo de los camioneros puede establecerse como una nueva pauta de referencia para el resto de los gremios, no es cierto que con el mismo los trabajadores le ganen a la inflación. De hecho, el pronóstico que dio la semana pasada el mismísimo FMI (previa corrida del jueves 14) fue que la misma estaría en una franja entre 27 y 32%, mientras que la devaluación en lo que va del 2018 ya supera largamente el 50%.

Por otro lado, el momento elegido para arreglar no es nada inocente. Fue apenas unos días después de que se produjera una nueva corrida cambiaria que hizo zozobrar al gobierno y lo obligó a eyectar del mismo a varias figuras de primera línea como Sturzenegger, Aranguren y Cabrera.

Y finalmente, fue unos pocos días antes del paro general convocado por la CGT para el 25 de junio. A esa fecha (a la que toda la burocracia coincide en hacerla “dominguera”, sin piquetes, ni cortes o movilizaciones) Moyano había amagado con sumar 48hs. más de paro de su gremio. El potencial caos que puede generar que los alimentos no lleguen a los supermercados, que la basura no sea recolectada, que en los cajeros no haya dinero; era una carta demasiado poderosa para jugar sobre un contrincante que se encuentra débil. Pero además, porque pegaría sobre una sociedad que mastica bronca cotidianamente, y donde cualquier resquicio puede ser aprovechado para irrumpir con sus demandas.

Con un ojo en la interna de la CGT

El acuerdo es, además, un caballito de batalla para posicionarse en la interna de la CGT, que debe elegir una nueva conducción el 22 de agosto. En este terreno también hay una media verdad cuando Pablo Moyano señala que “el techo paritario lo rompimos en la calle” (Infogremiales, 21/06/18).

Probablemente esto hable más de los defectos ajenos que de las virtudes propias. Es que por un lado es innegable que casi toda la cúpula sindical corrió a darle una mano al gobierno cuando planteó el techo salarial del 15%; que hay varios que les encantaría ser oficialistas pero que es la propia política de Macri la que se lo impide; que la CGT se vio arrastrada a un paro general al que convoca prácticamente pidiendo disculpas por hacerlo. Es en este marco desolador que una concentración en Ezeiza y un paro de 24hs. fueron suficiente para mostrar la “punta del iceberg” del poder de fuego que posee este sector. Solo con esta demostración de fuerzas parcial, pudo cerrar un acuerdo superior[1] al resto de sus coetáneos de la central sindical. Pero, seamos sinceros, con rivales así, no es tan difícil ganar por afano y hacer pasar un acuerdo a la baja como un gran triunfo.

Hagamos del 25 una jornada activa de lucha

En fin, mostrando dotes de “tiempista”, Moyano encontró una ventana de oportunidad en momentos que los tiempos se aceleran y resolvió un intringulis a priori dificil: cerrar un acuerdo salarial que lo posicione como una nueva referencia (sin haber superado el índice de inflación), tender una soga al gobierno en momentos es que este está en un tembladeral político y económico, y de este modo reubicarse en la interna sindical con un perfil “combativo”.

Los trabajadores no debemos confiar ni un centímetro en estas conducciones que no están orientadas por los intereses reales de los trabajadores. Es por eso que hay que hacer del 25 de junio un paro activo, con cortes y piquetes, y exigir la continuidad en un plan de lucha contra el FMI y el gobierno de Macri.

[1] Señalemos que el presidente de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Transporte de Cargas (Fadeeac), Daniel Indart, pidió al gobierno que dé el visto bueno al mismo, con lo cual no parece que le haya torcido el brazo a nadie.

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