Reflexiones sobre las palabras de Nora Cortiñas en la Charla de Las Rojas en Filosofía y Letras de las UBA

Ana Vázquez

“Será esta generación obrera, juvenil y del movimiento de mujeres la que podría determinar el curso futuro del sistema: ‘Visto desde el punto de vista de la lucha por la emancipación social, la única perspectiva es la que se resume en la palabra que dijo Marx durante su última conversación registrada (…) en una conversación con un joven periodista estadounidense: ‘Lucha’. (F. Chesnais)”. (La dinámica del capitalismo, Roberto Sáenz, SoB Nº30/31, noviembre 2016, p. 160)

Las primeras Madres de compañeros y compañeras desaparecidas que enfrentaron la dictadura eran la “retaguardia”. Porque la vanguardia estaba derrotada, incluso en su mayoría aniquilada físicamente. Pero una “retaguardia” con mayúsculas. Que acompañaba desde sus casas, cobijando perseguidos, dando amparo a sus familiares, en algunos casos; en otros con apoyo económico o participando como simpatizantes de la causa de sus hijos. Y apostando junto con ellos a que el futuro cambiara, que el mundo se diera vuelta como una media.

No fue casual que estas Madres fueran las primeras que enfrentaran a la dictadura. Como bien lo mencionó Nora, también fueron madres de los presos políticos las que dieron un ejemplo de solidaridad extrema. Ellas (y todos los familiares que visitaron las cárceles de la dictadura) sufrieron los vejámenes más atroces para poder ver a los compañeros presos. Y todas y todos que lo pudieron hacer, colaboraron en mantener no sólo su subsistencia física, sino política y moral. Si no fuera por sus informes de la actualidad del país y del mundo (aunque no fueran militantes ni ellas y tampoco a veces sus detenidos), pasados en clave bajo las narices de los milicos, éstos no hubieran mantenido la entereza, la firmeza en sus convicciones, ni durante el encierro ni cuando algunos pudieron salir de él.

Esa “retaguardia” de oro que se transformó en la más valiente vanguardia fue puntal de las movilizaciones posteriores de los estudiantes y los trabajadores que le dieron el golpe final a la dictadura del Proceso.

Y avanzaron no sólo en la calle, sino también en su conciencia, en su visión global del mundo. Nora lo explicó claramente en la charla de Filosofía y Letras el 11 de junio pasado: “Yo no era feminista. Me hicieron estas mujeres. (…) Se llevaron a Gustavo el 15 de abril de 1977. Empecé a salir a la calle. Junto a todas las madres, a golpear todas las puertas de la mañana a la noche. La calle, la calle y estar con otras mujeres. (…) Esto hizo que cada madre saliera a la calle con su perfil propio”.

 

Las nuevas generaciones empiezan a dar vuelta la historia

 

Ahora las nuevas generaciones nos dan vuelta la cabeza a las anteriores. Y la memoria fluye porque hay un avance de todas. Las nuevas generaciones hacia una lucha más radical, sostenida, constante. Hacia una búsqueda de una salida a la opresión que los acosa por todos los costados: en lo laboral, en las perspectivas de vida, en la vida personal y cotidiana.

En esa búsqueda y en la pelea nos encontramos. Aprendimos mutuamente. Unos, valores nuevos. La lucha feminista, que había sido sólo patrimonio de una vanguardia de izquierda en América Latina, se transformó en una lucha de masas, que atravesó a toda la sociedad y a todas las generaciones, con las mujeres y la juventud al frente.

Otros, la perseverancia, la firmeza en las ideas que se sostienen, la lucha en las calles sin confiar en promesas, disfraces, ni discursos demagógicos, ni consejos desmovilizadores. Como los de aquéllos que aconsejaban a las Madres que se quedaran en sus casas rezando. Ellas se rebelaron contra ese mandato “divino” y escribieron una nueva historia que nadie se la hubiera imaginado.

Esa historia está presente hoy entre nosotros. La acumulación de una experiencia de luchas sostenidas (a pesar de la derrota que significó la dictadura y los engaños de las democracias burguesas y el gobierno reaccionario actual), transformó a la jornada del 13 de Junio en una más radical, que no acepta atajos. Y que va a ir hasta el final.

El partido socialista revolucionario es la continuidad de esas luchas definitorias, en el aprendizaje y la incorporación en la conciencia de las mismas. De las luchas de generaciones de trabajadores, mujeres y jóvenes que se transmiten y resurgen. No hay forma de avanzar en la experiencia si no la elevamos a conciencia colectiva, de las mujeres, de la juventud y de nuestra clase trabajadora. La única bajo cuya hegemonía podemos dar vuelta el mundo y ponerlo a andar para llegar a la emancipación de toda la humanidad.

Ese lugar para avanzar en la comprensión, la organización y la superación de los desafíos que enfrentamos, es el que te ofrecemos desde el Nuevo MAS para incorporarte a esta pelea de titanes. Titanes que el 13J dieron un ejemplo a todos los oprimidos y un paso adelante de esos que no suman, sino que multiplican.

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