por Vio Robles

El martes 4 de junio un grupo de policías atacaron violentamente a Serigne Dame Kane en el barrio de Flores de Capital Federal. El episodio terminó con el hombre de 30 años detenido tras ser hospitalizado por una fractura expuesta, corte de tendones y hemorragia arterial, la policía le destruyó un brazo. La causa es por “resistencia a la autoridad” y “violación de la ley de marca”, que es la forma jurídica de institucionalizar la violencia hacia los vendedores ambulantes y manteros de este gobierno, pero Serigne se encontraba en ese momento caminando por la calle, sin mercadería. El 8 de junio la Infantería realizó allanamientos persecutorios y decomisó mercadería de viviendas de trabajadores senegaleses del barrio de Once.

A todas luces se trata de un nuevo caso de brutalidad policial, que son cada vez más frecuentes, desde que Patricia Bullrich le ha dado rienda suelta a la policía enmarcados en la doctrina Chocobar. El macrismo sabía que venía a enfrentarse a los sectores populares, sabía que iba a encontrar una enorme resistencia en el pueblo argentino y que iba a necesitar a mano un Ministerio de Seguridad listo para reprimir. Desde estas páginas venimos denunciando el giro represivo del gobierno que implica una nueva doctrina penal que protege a las fuerzas represivas de cualquier posible consecuencia tras abusar de su autoridad y directamente atacar trabajadores. El correlato directo en las calles serán más episodios de violencia y brutalidad policial, que los trabajadores debemos repudiar de llano.

Serigne fue atacado en Flores con el antecedente de las razzias de Liniers, como atacaron a Mariana Gómez por besarse con su esposa en Once y como todos los días atacan a la juventud en los barrios porteños y del conurbano. Las fuerzas represivas del Estado jamás están para cuidarnos a nosotros, pero de ninguna manera se puede permitir en un Estado de Derecho que las fuerzas policiales se entrenen para reprimir protestas golpeando trabajadores en plena calle.

La descripción de las heridas es suficiente para comprender la brutalidad del episodio, pero para dar una imagen más acabada, los testigos dicen que eran 4 efectivos policiales de la Comisaría 50 más dos de Infantería: seis hombres armados pegándole con garrotes y puños a un hombre indefenso que caminaba por la calle. Uno de los miembros de Infantería habría sacado un cuchillo, a la vista de todos, cortado a Serigne, provocándole la ruptura de la arteria y luego habría guardado esa arma no reglamentaria, con completa impunidad. Y es la víctima la que está imputada: es una descripción gráfica de violencia institucional que, la comunidad senegalesa argentina caracteriza que se está convirtiendo en represión racista institucionalizada.

Este hecho no es aislado, los vendedores ambulantes que desde las razzias en Liniers y Flores se vienen organizando y denuncian que la militarización de Flores es total, que antes buscaban encontrar vendedores infraganti, ahora sólo buscan amedrentar y armar causas judiciales, como la que le armaron a Serigne. En estas organizaciones se encuentran trabajadores de todas las nacionalidades y luchan de conjunto, pero el caso de los trabajadores extranjeros es doblemente vulnerable. En muchos casos son inmigrantes de primera generación que no cuentan con apoyo familiar o una red de contención que los acompañe en los procesos que le abre la policía, en todo sentido, pero principalmente económico. La impunidad de la policía es total para amedrentar a estos grupos de trabajadores migrantes y ya son moneda común los ataques verbales y las golpizas: se intenta “educar” a una policía con un profundo odio hacia los pobres, maccartista, abusiva, xenófoba, machista y homofóbica.

El 13J el movimiento de mujeres hizo historia en la calle demostrando que es ella el terreno de todas las batallas, que allí se dirimen las relaciones de fuerza. Los trabajadores debemos recuperar las calles de los perros del patrón y levantarnos ante cada atropello.

Debemos exigir la inmediata renuncia del comisario a cargo del operativo y que se juzgue a los policías que atacaron a Sergine.

Basta de brutalidad policial

Fuera Bullrich

 

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