¡Mauricio escuchá, acá con las pibas tomamos las calles, aprobános el proyecto que esto está que arde!

Minutos antes de escuchar la votación en Diputados, mientras que todavía seguía llegando gente nuevamente a ganar las calles, el silencio fue profundo. E inmediatamente después, los gritos fueron inmensos y la alegría, sin precedentes. Nos abrazamos fuerte, agitamos con más fuerza que nunca, se nos caían las lágrimas, ¡estábamos haciendo historia!

La jornada en Córdoba había arrancado al mediodía del día anterior, con un pañuelazo inmenso en Ciudad Universitaria, donde el movimiento estudiantil dio cátedra de lucha y puso una bandera verde en lugar de la bandera papal, en los mástiles de la facultad. Se respiraba algo profundo. Las estudiantes llegaron marchando a la concentración que ya transmitía el debate.

Durante toda la jornada no paró de llegar gente, las estudiantes de los secus, que se enfrentaron a docentes que no las dejaban salir de la escuela para venir a la concentración, que a la mañana las habían querido hacer rezar, que se quedaron paradas en vez de arrodillarse en una misa que no las representaba, que dieron la pelea en sus cursos y ganaron cada vez más compañeras y compañeros para que se sumen, que tomaron la escuela como las estudiantes del Belgrano, para que se entienda lo que esta nueva generación ya entendió: queremos decidir sobre nuestros cuerpos.

Las chicas se acercaban, saliendo del trabajo, antes de irse a trabajar, buscaban los pañuelos, buscaban explicaciones profundas y también, estaban en la calle con la convicción de que no podíamos retroceder en lo que ya habíamos avanzado: la marea verde ya no se detenía.

Y ahí estuvimos Las Rojas, con un agite que no se detuvo durante las casi 24 horas que duró la vigilia, con la fuerza de siempre pero redoblada, con esa garra de lucha que nos caracteriza porque sabemos que esa es la fuerza que tenemos, la fuerza de las calles que es la única que puede hacer torcer los planes del gobierno. Cantamos miles de canciones, las pibas se sumaban al agite, nos pedían temas, nos pedían el micrófono, no había un segundo sin cantar, inventamos canciones nuevas, la creatividad desbordaba por la lucha que estábamos protagonizando. La fuerza no frenaba y no frenó en toda la noche, en la que nos apoderamos de las calles.

Sin dudas hemos atravesado una jornada histórica: le marcamos la cancha a Macri y a su infame acuerdo con el FMI, no hay cabida para atacar nuestros derechos, ni los de las mujeres, ni los del resto: jóvenes y trabajadores hemos aprendido que la lucha garpa, que la calle garpa. Y que ahora que la cosa arde, es cuando más tenemos que redoblar nuestros esfuerzos. ¡Vamos por el aborto legal! ¡Ahora es cuando!

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