por Tofi Mazú

Que vivan los estudiantes
que rugen como los vientos
cuando les meten al oído
sotanas o regimientos,
pajarillos libertarios
igual que los elementos.
Caramba y zamba la cosa,
que vivan los experimentos

(…)

Me gustan los estudiantes
que con muy clara elocuencia
a la bolsa negra sacra
le bajan las indulgencias.
Porque, ¿hasta cuándo nos dura,
señores, la penitencia?
Caramba y zamba la cosa,
que viva toda la ciencia.

Violeta Parra

El gran dato del día de hoy, aunque era de esperarse, es el masivo apoyo con medidas de lucha del movimiento secundario al proyecto de ley por el aborto legal. Se espera que diez colegios de la Capital Federal estén tomados para el martes 12, garantizando así que el día 13 no haya clases y las pibas y los pibes puedan expresarse en la vigilia del 13J. En la Provincia de Buenos Aires no se quedan atrás. Por ejemplo, en el Instituto de Lomas de Zamora, el Centro de Estudiantes prepara para hoy y mañana jornadas de debate, charlas y actividades varias por el derecho al aborto. Exigen el aborto legal, la implementación de la Educación Sexual Integral en todas las escuelas y tener ellas también el derecho a decidir.

Esto es un notición por su importancia política, pero no una novedad. El movimiento secundario es una parte fundamental del movimiento de mujeres. Día tras día ingresan a sus filas cientos, miles de compañeras, que el 4J conformaron la columna más nutrida de la marcha. Llevaron a cabo decenas de pañuelazos a lo largo y ancho del país durante los meses del debate parlamentario. Donde hay una adolescente, hay una mochila con un pañuelo verde. Donde hay una adolescente, hay una luchadora por los derechos de las mujeres.

Las pibas están hartas. Están hartas de ver a sus compañeras de banco ser madres. Están hartas de no poder salir a la calle y sentirse seguras. Están hartas de sentirse objetos de consumo. Están hartas de que les digan que si las matan es por lo corta que llevaban la pollera del uniforme o el short que se pusieron para ir al boliche. Están hartas de que las autoridades de los colegios las cuestionen. Están hartas de perder amigas por las redes de trata o el femicidio. Están hartas de no tener educación sexual laica, científica y feminista. Están hartas de sentir que se cuestiona su sexualidad. Las pibas están hartas y quieren sentirse libres. La generación del Ni Una Menos sabe que este mundo es patriarcal y sacó la conclusión de que las mujeres nos tenemos que organizar para terminar con esta barbarie. Los varones también, que se sumaron a la pelea por el derecho al aborto, que se sumaron a los pollerazos… que no quieren ser los hijos sanos del patriarcado: quieren ser los hermanos de lucha de sus compañeras.

La rebelión secundaria es un síntoma espectacular de que una nueva generación se pone de pie para cuestionarlo todo. En la fuerza que este colectivo tiene para aportar se entrevén dos cosas maravillosas. Por un lado, que la masa movilizada que pueden aportar, con todo su entusiasmo, engrosará cuantitativa y cualitativamente la vigilia del 13J. Por otro lado, que hay futuro: que estos pibes y pibas están abiertos a escuchar y abrazar la propuesta no solo del feminismo, sino del feminismo socialista y de la izquierda revolucionaria, están dispuestos a cambiar el mundo. Por eso, el gobierno les tiene miedo. Ante la inminencia de las tomas de colegio, el macrismo puso en marcha su protocolo ante tomas, metiendo miedo para tratar de desmovilizar. Lo mismo, las autoridades de varios colegios. Eso hace necesario redoblar el apoyo a las tomas, defenderlas y denunciar los ataques de Cambiemos. Estos jóvenes compañeros y compañeras, con la radicalización de sus medidas y con su claridad son uno de los principales motores de lo que puede llegar a ser una conquista histórica para el movimiento de mujeres y para la juventud. Que esta generación sea la generación del aborto legal.

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