por Fernando Dantés

El título de esta nota puede sonar algo exagerada, inspirado por una izquierdista y alarmista cabeza. Pero cuando Clarín titula acerca del “ajuste que se viene”, Wall Street dice que el acuerdo es “exigente”, cuando La Nación ironiza acerca del “supuesto rostro humano” (sic) del FMI… subamos mucho el tono y nos encontraremos con algo más cercano a la realidad. Y la forma en que los principales diarios argentinos – que no han tenido dilema moral alguno en mentir descaradamente en favor del gobierno en otras oportunidades – están presentando el acuerdo con el FMI no es exactamente la del optimismo colorido de otras situaciones.

En contraste, el comunicado oficial del Ministerio de Hacienda contiene un optimismo absurdo tan propio del PRO que pone a prueba los límites del cinismo y la estupidez humana. Del cinismo de sus funcionarios y la estupidez de sus militantes (si tal cosa existe). Hasta parece escrito por el mismísimo Durán Barba. En una sección titulada “Lo que viene” – leímos esta frase y se sacudió el piso- podemos leer:

Este año la inflación será más alta y el crecimiento será positivo aunque más bajo de lo que proyectábamos

El nuevo sendero de convergencia fiscal permite que el ratio deuda pública a PBI comience a reducirse a partir de 2019

Después de este período de turbulencia la economía volverá a crecer con fuerza

Con este programa continuaremos recorriendo un sendero de crecimiento sostenido, creación de empleo y reducción de la pobreza.

De nuevo ¿“Continuaremos” creciendo, creando empleo y reduciendo la pobreza? ¿Cuándo comenzamos? Después del “segundo semestre”, la “lluvia de inversiones”, la “pobreza cero” y tantas otras maravillas; que nos digan que habrá turbulencias debería ser suficiente para comenzar a comprar cinturones de seguridad.

No es un secreto para nadie, se viene un ajuste brutal. El programa del gobierno y el FMI se puede resumir así: empobrecimiento generalizado de las masas trabajadoras, hipoteca del país por largos años, usarlo de garantía para las ganancias empresarias. Punto.

¿En qué consiste el acuerdo?

Si bien el texto oficial es muy vago en cuanto a los detalles del acuerdo, no deja de haber más que suficiente para asustarse.

Primero. El acuerdo incluye el préstamo por parte del FMI de 50 mil millones de dólares a cobrar en diversas etapas, el 30% este mes. Se trata del mayor préstamo en un solo acuerdo del FMI en toda su historia y Lagarde se encargó oportunamente de sentirse orgullosa de eso. Por supuesto que nada es gratis en esta vida, el Estado argentino deberá devolver dólar por dólar con sus correspondientes intereses. El Fondo irá desembolsando las sumas en la medida en que las condiciones puestas sean cumplidas. ¿Cuáles son? Veamos.

Segundo. “Reducción del déficit primario”. 3,1% del PBI en 3 años. ¿Verdad que no suena a tanto? Se trata de reducir el gasto estatal en más de 500 mil millones de pesos… y mucho más si tenemos en cuenta la persistente depreciación del peso. Los economistas liberales predicadores del ajuste, la versión intelectual de los inventores del término “choriplanero”, estarán felices. Pero atención, el Estado no gastará menos sino más que antes. Eso significa “déficit primario”: se reducen todos los gastos estatales con la sola excepción del pago de intereses de la deuda. ¿En castellano? Recortan en salarios, recortan en salud, recortan en educación para darles ese dinero a bancos, empresas y al FMI. Porque así funciona la sociedad liberal, los ricos son ricos por su esfuerzo, su dedicación y su inteligente administración del dinero; quien diga lo contrario no es más que un envidioso. Cuando hablan entonces de eliminar el déficit del gasto público para el 2021 en realidad nos están diciendo que el Estado seguirá gastando más que sus ingresos, pero que la prioridad son los ricos. Esa es una buena partida en la que invertir.

Tercero, flotación “libre” del dólar. Si se va a 30, 35 o 40 pesos, los funcionarios macristas lo verán desde su despacho, fumándose su pipa y con las pantuflas puestas. No sabemos qué nos indigna más, si la liquidación en pocos días de 5 mil millones de dólares de reservas en regalos a los especuladores para evitar que pase lo que ahora acuerdan que pase o el brutal ataque sobre el salario de los trabajadores argentinos que esto implica. Hay que sumar a esto que llegaron a un acuerdo de reducir la cantidad de LEBACs en circulación. O sea, el dólar va a subir hasta perderse de vista junto con los precios.

Cuarto, mayor autonomía para el Banco Central. En el credo liberal, este es un principio sólo comparable con un mandamiento para las religiones del tronco judeo-cristiano. El Banco Central es la entidad que emite los pesos – esto es, el dinero circulante en toda la economía nacional – y que tiene en su poder las reservas del Estado argentino. Mayor “autonomía” para él implica que sus funcionarios, no electos por nadie, usen el dinero líquido del país a discresión sin el control de ningún cargo electo por la “ciudadanía” argentina. Ahora bien, esta mayor autonomía está puesta en función de la implementación consecuente del acuerdo que estamos reseñando. Qué éste tenga una cláusula de este tipo significa que el Banco Central gana autonomía en relación a la presidencia de la Nación para verse subsumido directamente al control del FMI. La subordinación de la banca nacional a una entidad que responde a los intereses de una potencia extranjera es una medida que bordea lisa y llanamente el colonialismo, llamado ahora posmodernamente “volver al mundo”.

Para terminar con nuestra enumeración, veamos algunos números más del acuerdo. Recorta en un 13% por dos años los gastos en salarios estatales. Si esta gente nos presentaba los aumentos del 15% como la mejor forma de ganarle a la inflación no es difícil imaginarse lo que implica para los estatales que estos personajes reconozcan tan sinceramente que habrá un recorte. Los economistas vienen insistendo con que los estatales son un “gasto” y hasta los han llamado “parásitos”. Cosa curiosa cómo funciona la ideología: han logrado convencer a cierto número de personas que los consultores con traje y peluquín que se dedican a explicar en los medios que los empresarios no ganan lo suficiente (los mismos que casualmente pagan esos estudios) son más útiles para la sociedad que los enfermeros y médicos de un hospital público, que los docentes, que las agencias estatales encargadas de la violencia de género. El recorte a la obra pública (“gastos de capital”) es del 81% y las transferencias a las provincias de un módico 74%. Se acabó la obra pública y el keynesianismo electoral, si quieren pavimento, iluminación y cloacas, “emprendan” y páguenlo. Respecto a los subsidios de transporte, luz y gas: 48% menos… los tarifazos recién comienzan.

Se trata, en suma, de un plan brutalmente recesivo y a la vez inflacionario, despidos con inflación, recortes de salarios con dolarización de los precios, peores servicios y más caros…

Todo esto está presentado de un modo tecnocrático, con el tono de un médico haciendo su diagnóstico y recetando la cura: el gasto público es muy alto, no hay otra alternativa que recortar, “todos tenemos que hacer un esfuerzo”. Para variar, la palabra “todos” no incluye a los ricos… porque “todos” somos iguales pero algunos somos más iguales que otros, y Macri es mucho más igual a los grandes empresarios que a los millones de trabajadores y jubilados que lo votaron.

¡”Turbulencias” dicen! El macrismo es como un piloto que para hacer frente a la tormenta decide ponerle una bomba al avión y cobrársela en cuotas a los familiares de los pasajeros.

El acuerdo con el FMI no es lo “único posible”; se trata de un plan brutalmente de clase, todo para los ricos, para el resto ni migajas.

Digan lo que digan, no hay 2019

Cualquier gobierno que venga será un gobierno del FMI. Como hemos visto, el acuerdo trasciende las fronteras del primer mandato de Macri y la única forma de resolver el desfalco al que nos están empujando es con medidas consecuentemente anticapitalistas: desconocimiento de la deuda externa, nacionalización de la banca y el comercio exterior para parar la fuga de divisas, renacionalización de los servicios públicos bajo control de los trabajadores, etc. Ni el más “radicalizado” funcionario kirchnerista llega a tanto, todos reivindican el pago de la deuda como “compra de soberanía”.

Y a pesar de la crisis que se cierne sobre nuestras cabezas como nubes negras que anuncian diluvio, todo el peronismo y la centroizquierda sigue convocando actos, encuentros, reuniones… para las elecciones del 2019. Esperar casi un año y medio dejando que Macri haga y deshaga a voluntad es prepararse para gobernar un país más pobre, más endeudado, con trabajadores más empobrecidos, desilusionados y derrotados; es dejar pasar la crisis para administrarla, no para evitarla; es dejar que el incendio siga para quedarse con las cenizas. Esa es la apuesta del peronismo (K y no K), ser el fusible de recambio de lo dejado por Macri, volver a tener la confianza de los empresarios que le dieron la espalda. Ese es también el juego de la CGT.

En campaña electoral, Macri dijo que no iba a recurrir al FMI, que no iba a haber devaluación ni tarifazos, prometió que cada día ibas “a estar un poco mejor”, que “pobreza cero”, que el “segundo semestre”… Entre muchos miles de trabajadores, lo hayan votado o no, hay un legítimo cuestionamiento de lo antidemocrático que es que siga gobernando. Cuestionar la “gobernabilidad” es apelar a esa indignación para romper con reglas del juego no votadas por nadie. Por eso nosotros hemos buscado diversas formulaciones de salida a esta trampa del sistema político, en el que si te mienten en la cara, tu deber es cerrar la boca cuatro años.

En este callejón sin salida fraudulento al que llaman “democracia” nos quieren mantener el macrismo, el peronismo en todas sus variantes, la CGT, etc… Lo cierto es que una salida anticipada sólo puede ser producto de una profunda movilización popular que desborde las empalizadas, con el paro general como una de sus cumbres ¿Perspectiva poco realista? El macrismo debería observar con atención lo sucedido en Jordania hace apenas unos días, en donde la persistencia en aplicar los planes del FMI le costó su puesto al Primer Ministro.

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