por Marcelo Yunes

 

“¿Quién es la autoridad hoy en Argentina? ¿El presidente Macri? ¿La Jefatura de Gabinete? ¿El ministro de Hacienda? ¿El Banco Central? No. La autoridad hoy en Argentina es el Fondo Monetario Internacional. Ocurre que al haberse anunciado de apuro, sin ninguna conversación ni negociación secreta previa, un acuerdo con ese organismo, esa entidad podrá imponerle al país las condiciones que crea necesarias, y al presidente Macri no le quedará más alternativa que tragar saliva y decir que sí a todo. ¿A alguien se le ocurre lo que podría pasar en caso de que tras semanas de negociación el presidente y el FMI anuncien que no se ha arribado a ningún acuerdo? (…) La ayuda externa resulta de imperiosa necesidad. Y ello contribuye, más que nunca, a que el nombre del nuevo presidente del país sea ahora Christine Lagarde (W. Graziano, Ámbito Financiero, 15-5-18).

 

Pasó el “supermartes de Lebacs” y no estalló todo. Suspira el gobierno. Alivio en los “mercados”. Pero ni siquiera los otrora arrogantes PRO se atrevieron, esta vez, a cantar victoria con demasiado entusiasmo. Todavía les dura el susto. Y zafar hasta el 19 de junio le ha costado demasiado caro.

Como señala el ultraliberal Graziano, el “acuerdo de apuro” con el FMI no fue otra cosa que un pedido desesperado de socorro de Macri cuando sentía que lo tapaba el agua. Tan manotazo de ahogado fue el anuncio que ni siquiera invocar el sagrado nombre del FMI alcanzó para frenar la corrida.

Para que se entienda: las Lebac son una especie de plazo fijo mayorista, donde grandes inversores le prestan plata al BCRA a muy corto plazo y a altísimo interés. Ese volumen de Lebac que vencía (680.000 millones de pesos) equivalía a unos 30.000 millones de dólares, que el BCRA no tiene, pese a que declara reservas por casi el doble. Esas reservas no son ni totalmente propias ni de libre disponibilidad, de modo que si los inversores se asustaban y, en vez de renovar esos depósitos, se los llevaban para comprar dólares, reventaba el Banco, el peso y el gobierno.

Hagamos una breve crónica de una semana de zozobra. Ya el viernes previo al vencimiento del martes empezaron las gestiones febriles para ver cómo apagar la mecha de la bomba. El Banco Central salió rajando a rescatar Lebac en el mercado secundario, pagando tasas delirantes de hasta el 70%. El objetivo era muy simple: reducir un poco el tamaño de la bomba, que bajó hasta unos 615.000 millones de pesos.

Pero igual era mucho. Los dueños de las Lebac se reparten así: los bancos tenían cerca del 30% (ahora, casi el 40%); las cajas del sector público (ANSeS y otras), casi el 30%; fondos de inversión, cerca del 25% (ahora, menos del 20%); los individuos residentes en Argentina, un 12%, y los extranjeros, un 8% (ahora bajaron al 3%). Con las tenencias del Estado no había problema; con los otros, empezó la ronda de ruegos. Primero fue una reunión con los gerentes de los principales bancos, en la que el gobierno suplicó que renueven sus tenencias de Lebac. No sabemos qué recibirán a cambio, pero accedieron. De modo que el sábado, en el country del CEO de un banco internacional, el gobierno les pidió otro favor: que les compren las Lebac a los fondos de inversión, cuya conducta era imprevisible, y que luego, por supuesto, las renueven. El favor ya era demasiado grande, o la recompensa demasiado pequeña; la cosa es que los banqueros dijeron que no (C. Burgueño, Ámbito Financiero, 16-5-18).

El peligro continuaba: el 20% de las Lebac seguía siendo mucho. De modo que el gobierno decidió jugar la bala de plata: adelantar para el lunes la devaluación que inevitablemente iba a sobrevenir el martes. Así, el lunes, al abrirse el mercado de cambios, a las 10.01 de la mañana el BCRA salió a ofrecer 5.000 millones de dólares a 25 pesos. El mensaje a “los mercados” fue éste: convalidamos la devaluación que ustedes piden (Sturzenegger lo dijo con todas letras), pero por favor no hagan estallar todo. ¿Qué pasó el martes? Un poco para ayudar y un poco seducidos por la disparatada tasa de interés del 40% (¡hasta algunos inversores extranjeros que se habían ido volvieron con esa tasa!), “los mercados” agarraron viaje… hasta el mes que viene. Porque el 65% del total de Lebac se renovó a 35 días. Se ve que la “confianza” (en el peso, en el BCRA, en el gobierno y en su capacidad de controlar la situación) no da para más que eso.

 

La “batalla” del martes dejó un tendal

 

Varios medios y analistas afines al macrismo salieron a decir que el gobierno “ganó una batalla, pero no la guerra”. Que la guerra sigue, no hay ninguna duda; que el martes haya sido una victoria ya nos parece más dudoso. En todo caso, se trata de una victoria pírrica que es casi una derrota por el costo que tuvo.

Pasemos en limpio: 1) las reservas del BCRA cayeron de 65.000 millones de dólares a 52.000 millones; 2) el peso se devaluó un 25% en un mes y un 30% en lo que va del año; 3) hablar de “metas de inflación” se ha convertido en una broma de mal gusto: con casi un 10% de inflación en el primer cuatrimestre y semejante devaluación, el piso mínimo para este año es 25%, que puede ser tranquilamente el 30%… si es que nadie rompe nada más; 4) con un tasa de interés de Lebac al 40% y una tasa de financiamiento para pymes de cerca del 70% , el crecimiento 2018 se fue al tacho sin remedio: de la meta del 3,5% que decía el Presupuesto se bajó al 2% estimado por las consultoras en medio de la corrida, y ahora hasta el gobierno admite que se conforma con que no dé negativo.

¿Y todo esto para qué? Para ganar 35 días, hasta el próximo vencimiento. O más bien, uno estaría tentado de decir para ganar tres días: hasta la reunión de directorio del FMI en Washington el viernes 18 de mayo.

No hay exageración: un analista definió la movida del BCRA del lunes de salir a vender dólares a 25 pesos como “la ofrenda final al Fondo Monetario Internacional (…). El precio de los 25 pesos por dólar es, por ahora, una política de Estado. (…) En el directorio del FMI hay representantes de países poco proclives a liberar dinero sin compromisos fiscales firmes y duros. (…) Algo queda claro: el FMI no financiará una corrida cambiaria a dólares subsidiados” (C. Burgueño, Ámbito Financiero 15-5-18). Dicho más simplemente: el FMI iba a exigir una fuerte devaluación para achicar el déficit en pesos y para desalentar la fuga de capitales. El gobierno se anticipó al pedido y le puso una cifra: 25 pesos (lo que, de paso, generó un hermoso negocio para los avisados y amigos, a costa de lágrimas de sangre para el resto del país). ¿Le alcanzará esa cifra a este FMI que, según los PROtudos, se ha vuelto “inteligente” y magnánimo?

Por las dudas, lo que continúa también a toda marcha es el endeudamiento.(1) Y ya no las glamorosas emisiones de bonos en dólares para Wall Street, ni las tóxicas Lebac, sino que ahora tenemos BOTEs: bonos del Tesoro que emitió Caputo por 3.000 millones de dólares a uno o dos años, y que suscribieron casi en su totalidad dos fondos de inversión amiguitos de Macri y Caputo: Templeton y Black Rock. A eso deben sumarse las Letras del Tesoro (Letes), que sin prisa, sin ruido y sin pausa se vienen acumulando y ya suman más de 20.000 millones de dólares, contando las emisiones en pesos y en dólares. Lo más grave es que estas Letes tienen vencimientos no tan cortos como las Lebac, pero mucho menos largos que los de los bonos: la mayoría vencen entre tres meses y un año, a un ritmo de 1.900 millones de dólares mensuales de promedio para este año (J. Herrera, “De las bombas K a las minas terrestres PRO”, Ámbito Financiero, 15-5-18).

 

¿Déficit fiscal? ¡Es la deuda, estúpido!

 

A esta altura, la famosa discusión “gradualismo o shock”, por más que el gobierno la quiera reflotar, está saldada por la vía de los hechos: ajuste gradualista del FMI nadie ha visto ni conoce. Ni siquiera con el “nuevo” FMI, que en Grecia mostró tanta sensibilidad social como un sicario de los narcos. Y lo que abona este camino es que los “desequilibrios” que denuncia el Fondo no se han arreglado por obra y gracia de que el martes el gobierno haya zafado del primer disparo de ruleta rusa.

En efecto, no sólo cada vencimiento de Lebac es un nuevo examen, sino que todos los indicadores macroeconómicos siguen barranca abajo. Se conocieron las cifras del comercio exterior: en sólo tres meses, el déficit comercial alcanzó los 2.500 millones de dólares, lo que confirma la proyección de un déficit de 10.000 millones para 2018. Pero más serias todavía son las cifras del déficit fiscal, que muestran por dónde viene el verdadero problema: la deuda pública, no el gasto corriente estatal.

En estas semanas asistiremos a un verdadero coro en el que gobierno, FMI, medios afines y partidos del régimen se van a rasgar las vestiduras por lo alto del déficit fiscal primario, y por ende la necesidad de reducirlo, tomar medidas antipáticas y “decirle la verdad a la gente”, frase que en boca de estos hipócritas significa “decirle a la gente que la vamos a recontracagar”.

¿Quieren “decirle la verdad a la gente”? Aquí tienen una: cada vez más, el problema fiscal de la Argentina, el agujero que necesita ser llenado con dólares prestados, no se origina en el déficit primario (los gastos corrientes), sino en el déficit financiero (los pagos de la deuda). Veamos cómo evolucionó esta relación en sólo un año, comparando el primer trimestre de 2017 con el primer trimestre de 2018, incluyendo un dato clave, a saber, qué porcentaje de la recaudación del impuesto más importante, el IVA (neto), representan los pagos de la deuda:

 

Composición de la deuda pública, en millones de pesos

 

1º trim. 2017                          1º trim. 2018

Déficit primario                      41.300                                       31.000

Intereses de la deuda      29.300                                    60.500

Déficit total                                70.600                                    91.500

Pagos deuda sobre total      41,5%                                    66,1%

Deuda sobre recaud. IVA     39%                                       55%

 

Fuente: equipo económico senadores PJ (Ámbito Financiero 14-5-18).

 

Como se ve, el déficit primario, sobre el que se quieren abalanzar gobierno y FMI para arruinarle la vida a millones, ya está bajando a un ritmo brutal del 25%, pero ni aun así logran reducir el monto de la deuda total, que aumentó un 30%. Porque lo que dispara el volumen total de la deuda no es el gasto en sueldos, escuelas ni hospitales, sino el servicio de deuda pública, que se duplicó en sólo un año y que ya se lleva más de la mitad de la principal fuente de ingresos del Estado, la recaudación del IVA neto de reintegros (es decir, lo que queda limpio al fisco). ¿Hace falta prueba más contundente de que la sangría de recursos que el país necesita no se debe a los “empleados públicos que sobran” sino al saqueo que representa el pago de la deuda?

 

“Los mercados” piden temerización de Macri

 

Ahora bien, cuando el gobierno recurre al FMI y pide ahora el apoyo del peronismo, los gobernadores y el “gran acuerdo nacional” para garantizar los pagos de la deuda, debería ser consciente de que no se puede tener todo. El “gradualismo” era parte de una estrategia que fracasó irremediablemente: querer a la vez dos cosas incompatibles, como lo son “normalizar” la economía capitalista argentina y mantener al macrismo como proyecto político con posibilidades de reelección en 2019.

Si algo ha mostrado de manera descarnada esta crisis es que no se puede ir a un capitalismo neoliberal en Argentina sin quebrar las relaciones de fuerza sociales heredadas del no tan lejano 2001. Si no se hace el “ajuste en serio” que reclaman a voz en cuello la clase capitalista y el FMI, la estructura de la “Argentina decadente y populista”, como dicen los garcas liberales, no cambiará. Y si se toma el camino del ajuste, hay que resignar aspiraciones políticas imposibles. Así lo resume un vocero de los “mercados”: “Lo que sucede es mucho más que una mera cuestión del valor del peso; es un quiebre de confianza que afecta a todos los activos argentinos. Esto no se soluciona con titulares rimbombantes del tipo ‘un yanqui de tercera línea manifestó su apoyo’, sino con tiempo y hechos concretos que demuestren sin dudas que el Presidente está dispuesto a abandonar sus ambiciones reelectoralistas (si éstas persisten, no cumplirá lo que eventualmente pacte con el FMI y antes de fin de año tendremos otra corrida) para tomar las medidas y asumir los costos que le toquen” (F. Moore, Ámbito Financiero, 14-5-18).

Más claro, echarle agua: lo que se le está pidiendo a Macri es que termine con sus veleidades de estadista y asuma lo que la clase capitalista argentina y global le pide. Esto es, que se autoinmole políticamente, al estilo de lo que hace Temer en Brasil, en el altar del ajuste y del escarmiento definitivo al combativo movimiento de masas argentino. De más está decir que incluso si Macri accede es una prueba para la cual deberá mostrar una pasta que nadie sabe si tiene. Y muchos sospechan que no.

 

Notas

  1. De paso, digamos que toda la tontería de la causa del “dólar futuro” contra funcionarios kirchneristas quedó en ridículo: el propio gobierno convalidó ahora la venta de dólares a futuro, ya que, al igual que bajo los K, “dólares presentes” cada vez quedan menos.

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