por Ale Kur

El día 13/4/18, el presidente de EEUU Donald Trump anunció oficialmente que lanzaría un ataque sobre Siria, bajo la forma de un bombardeo de misiles. Poco tiempo después cumplió su amenaza, con la primera tanda de lanzamientos. Para ello contó con el apoyo activo de Francia y el Reino Unido, es decir, de la vieja OTAN.

El pretexto es que unos días atrás, el gobierno sirio de Al Assad habría lanzado un ataque con armas químicas sobre el enclave rebelde de Douma, en las afueras de la capital Damasco. La veracidad de dicha acusación es difícil de probar: ataques similares fueron realizados en el pasado, sin estar claro si la autoría fue del gobierno sirio o de las agencias de inteligencia occidentales, precisamente con el objetivo de poder intervenir en el país de Medio Oriente. Cualquiera de los dos casos es posible: desde el comienzo del conflicto de Siria en 2011, tanto las potencias de la OTAN como Rusia, Irán, Turquía, Arabia Saudita y Qatar vienen participando de manera activa para apoyar a alguno de los bandos en conflicto. Con semejante despliegue de intervenciones imperialistas, con sus aceitadas maquinarias de falsificación, hasta la mera comprobación de los hechos resulta una tarea de enorme dificultad. Por otra parte, el pretexto de la utilización de armas químicas también le sirvió previamente a EEUU y sus aliados para lanzar la sangrienta (y muy poco exitosa) intervención en Irak en 2003.

No sostenemos desde aquí ni un milímetro de confianza en ninguno de ambos bandos en conflicto, que son profundamente reaccionarios y opuestos a los intereses de los explotados y oprimidos de Siria. El gobierno de Al Assad es responsable de la masacre de cientos de miles de sirios, a través del bombardeo sistemático de sus propias ciudades –reduciéndolas a escombros- para desalojar a los “rebeldes”. Rusia e Irán le prestaron pleno apoyo militar para realizar esta tarea criminal, disponiendo de su moderna Fuerza Aérea, tropas terrestres, artillería y equipamiento. Por su parte, los “rebeldes” son mayormente grupos armados islamistas, muchos inclusive organizaciones jihadistas internacionales reconocidas por su participación en otros conflictos como la guerra de Afganistán de los ’80, la guerra de Irak, los levantamientos de Chechenia contra Rusia, etc. Estos grupos reaccionarios están financiados y armados por las monarquías retrogradas del Golfo, así como por el ultra-autoritario Erdogan de Turquía, con la luz verde de las potencias occidentales y de Israel, con el objetivo de aislar a Irán y a Rusia de Medio Oriente. Es decir, se trata de un conflicto por arriba entre potencias imperialistas o sub-imperialistas, que se montaron sobre las ruinas de la legítima rebelión popular de 2011 (ocurrida en el marco de la Primavera Árabe, y que exigía profundas transformaciones democráticas) para dirimir sus disputas geopolíticas completamente a espaldas del pueblo sirio y de sus intereses.

En este marco, rechazamos profundamente cualquier bombardeo por parte de Trump y las potencias de la OTAN, así como exigimos la inmediata retirada de Rusia, de Irán y de todos los países que intervienen en Siria. Es el propio pueblo sirio quien debe autodeterminarse y resolver cómo debe superarse el conflicto civil. Nuestro único apoyo incondicional es hacia los trabajadores, las mujeres, los jóvenes y todos los sectores populares de Siria y de todo Medio Oriente, que son las principales víctimas de los ataques imperialistas de todos los bandos.

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