Por Ale Kur

Hace una semana, finalizó con un importante triunfo la huelga de los docentes del estado de Virginia Occidental, en Estados Unidos. Se trata de una lucha histórica por varios motivos que desarrollaremos a continuación.

1) En primer lugar, fueron a la huelga 34 mil trabajadoras y trabajadores de la educación en todo el estado, afectando a la totalidad de las escuelas públicas de Virginia Occidental. Esta masividad en una lucha sindical ya es de por sí inusual para la principal potencia capitalista del planeta (por lo menos en el período actual, de retroceso general del movimiento obrero).

2) Por otra parte, la medida de lucha se mantuvo durante 9 días: una gran extensión para una huelga (más aún tratándose de una actividad ilegal bajo las leyes de ese estado) que demostró una enorme firmeza. Tuvo además un pico de radicalidad con la ocupación, por parte de miles de docentes, del Capitolio (parlamento estatal), imagen que circuló ampliamente en medios de comunicación y redes sociales.

3) Otro aspecto a señalar es que las y los docentes contaron con una forma de organización democrática y desde las bases, que les permitió mantener la huelga inclusive contra la voluntad de las direcciones sindicales que querían darla por finalizada prematuramente.

4) Se trató de un movimiento mayormente femenino: las mujeres conforman el 75% de la planta docente, y fueron las grandes protagonistas de la lucha, así como sus principales dirigentes.

5) Mientras duró la huelga, las y los docentes buscaron activamente la solidaridad de la comunidad. Como parte de ello, siguieron elaborando y enviando viandas para que los sectores más humildes de la población no se quedaran sin alimentarse como consecuencia del cierre de las escuelas. Esto es muy significativo en un estado atravesado por la pobreza y la descomposición social (como muestra la epidemia de adicción a opioides, por ejemplo).

6) Por último, y no menor, esta vez el movimiento docente obtuvo un importante triunfo, lo que marca un contraste con la dinámica de las últimas grandes luchas sindicales de EEUU (como la de los trabajadores estatales de Wisconsin en 2011, que terminó en una derrota pese a su carácter masivo y combativo).

Pero ¿cuáles eran las exigencias de las y los docentes, y qué obtuvieron con la huelga?

El reclamo central estaba vinculado con dos elementos relacionados entre sí: 1) el salario allí es uno de los más bajos de todo el país, y además está estancado desde la crisis de 2008 -pese a que la economía se estaría recuperando parcialmente-. 2) El sistema de cobertura de salud[1] en EEUU implica el pago, por parte de los trabajadores, de importantes primas y copagos que aumentan año a año. Esto significa que el, al mantenerse estancado el salario, baja cada vez más el poder adquisitivo de los trabajadores.

El movimiento docente exigió una solución para estos problemas. Pero no se trataba solamente de una mera reivindicación corporativa: se exigió también que el financiamiento para estos elementos provenga de mayores impuestos a las corporaciones, y de ninguna manera con recortes a otras áreas del gasto público. El movimiento choca así de lleno con la política de Trump de rebajarle impuestos a las grandes empresas.

A través de la huelga, el movimiento docente obtuvo un importante triunfo: consiguió un aumento salarial del 5% no sólo para ellos, sino para todos los trabajadores estatales (queda por definirse cómo se resolverá finalmente su financiamiento). Se conformará también una comisión para revisar la cuestión del sistema de salud, con presencia de los sindicatos docentes. Por último, se obtuvo también el compromiso de que se derogarán varias leyes anti-sindicales en el estado.

En el contexto político de Estados Unidos actual, la huelga docente tiene además un significado profundo.

1) En primer lugar, la lucha docente es parte de un estado de ánimo general de descontento contra el gobierno Trump. Por ejemplo, esto mismo se vio las semanas anteriores con las protestas de los jóvenes de Florida contra el libre acceso a los fusiles de asalto[2], y la amplia solidaridad social que dicho movimiento generó. La huelga docente de Virginia Occidental también parece haber contado con el apoyo de los padres de los alumnos de las escuelas del estado.

En estas condiciones, el triunfo de la lucha demuestra que el giro a la derecha del país (ocurrido con el triunfo de Trump de 2016) no es una tendencia unilateral y absoluta: la resistencia popular no sólo no fue derrotada, sino que puede obtener triunfos y terminar venciendo al gobierno. Esto lo demuestra especialmente el hecho de que la huelga docente se haya desatado en un estado muy conservador, en el que Trump ganó con un 68% de los votos. La clase trabajadora va haciendo su propia experiencia con el gobierno que muchos de sus miembros votaron, mostrando que la realidad es muy dinámica y que las urnas no son el único y eterno parámetro para medir las cosas.

2) Otro aspecto enormemente interesante es el gran protagonismo de las mujeres en esta lucha, que muestra la enorme potencialidad que tiene el despertar de las mujeres como factor de desarrollo del movimiento obrero. Apenas asumió Trump su mandato, fue recibido por una multitudinaria marcha de mujeres en todo el país que lo rechazó por su machismo y sus prejuicios reaccionarios. A partir de ese momento, gran cantidad de mujeres a lo largo de EEUU se destacaron como organizadoras de todo tipo de colectivos y movimientos de resistencia. En consecuencia, se formó una nueva camada de activistas no sólo en la pelea por cuestiones específicas de género, sino contra todas las formas de opresión y explotación que sufren las mujeres. Aparentemente esto habría tenido influencia en el desarrollo de la huelga en Virginia Occidental[3].

Es importante señalar que las mujeres son una parte muy considerable de la clase trabajadora en EEUU y en todo el mundo. Esto es especialmente válido en áreas como la educación, la salud y los servicios sociales (áreas que, por otro lado, tienen profundos lazos con la comunidad en general). Esto significa que el desarrollo de un movimiento de mujeres trabajadoras tendría un enorme potencial, y es una realidad que parece ya estar despuntando tanto en EEUU como en otros países, como mostró el paro internacional de mujeres del 8M.

3) La huelga docente de Virginia Occidental llenó de entusiasmo a sus protagonistas y dio un importante ejemplo que ya está siendo retomado por los docentes de otros estados (como Oklahoma y Arizona), que amenazan con parar y ya están realizando algunas medidas de fuerza.

Por otra parte, es un incentivo más general para el resurgir de la lucha de los trabajadores en Estados Unidos, que viene enormemente golpeada luego de décadas de derrotas neoliberales. Actualmente, la cantidad de huelgas que ocurren en EEUU son muy bajas, así como la tasa de afiliación a los sindicatos. La situación es todavía muchísimo más grave en el sector privado, donde rige la plena dictadura patronal. La deslocalización industrial y el recambio tecnológico también minó la base estructural de la fuerza del proletariado clásico. Y por si todo esto fuera poco, avanzan nuevas medidas y leyes que atentan contra las atribuciones de los sindicatos del sector público (caso Janus v. AFSCME. en la Corte Suprema).

Pese a todo lo anterior, algunos sectores del movimiento obrero se vienen reagrupando en los últimos años: es el caso, por ejemplo, de la lucha por los 15 dólares por hora de trabajo (que se hizo fuerte en las cadenas de comidas rápidas, supermercados y el comercio en general). Si se siguen acumulando nuevos elementos[4] como vienen siendo la lucha docente, la irrupción del movimiento de mujeres, las luchas antirracistas y por los derechos de los inmigrantes, los movimientos juveniles, etc., se podría estar a las puertas del nacimiento de un nuevo movimiento de trabajadores, en la potencia capitalista más importante del planeta. Este sería un desarrollo enormemente progresivo, no sólo para los EEUU sino para todo el globo.

[1] Este elemento es uno de los mayores temas en debate en Estados Unidos: la revisión del sistema de cobertura de salud había sido uno de los caballitos de batalla de la administración Obama, que lanzó el plan conocido como «Obamacare». Por su parte, Trump intentó derogar el «Obamacare» en el parlamento y reemplazarlo por un plan todavía más restrictivo y favorable a los capitalistas de la salud, pero hasta ahora no pudo lograrlo. Por último, viene creciendo en la opinión pública una tercera opción, que implique cobertura universal, pública y gratuita financiada por las patronales. Diversos grupos socialistas y obreros de EEUU hacen de esa consigna el centro de su agitación política.

[2] Ver al respecto la nota “EEUU – Parkland, una nueva masacre provocada por el negocio armamentístico”, Por Ale Kur, 22/2/18

 

[3] https://www.nytimes.com/2018/03/05/opinion/west-virginia-teachers-strike.html

[4] En Estados Unidos, el último gran ascenso de luchas obreras y populares fue en la década de los 60. Algunos analistas afirman que en la actualidad se está atravesando el momento de recomposición más álgido desde esa época.

 

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