Por Fernando Dantés

Hoy, 27 de febrero, falleció en un Hospital Militar en Córdoba uno de los más brutales asesinos de la útima dictadura militar, el genocida Luciano Benjamín Menéndez. Se trata de uno de los principales emblemas de la jerarquía militar que comandó la desaparición, tortura y muerte de decenas de miles de compañeros.

Empecemos por lo más impactante. Acumuló a lo largo de varios juicios un total de 13 cadenas perpetuas, siendo así quien más condenas de ese tipo tuvo en la historia argentina. El límite para cumplir todas fue puramente biológico. No hubiera estado nada mal que pasara 13 vidas preso.

Fue el principal genocida del interior del país. Su prontuario criminal comenzó antes del golpe del 24 de marzo de 1976. Fue interventor de Córdoba durante un mes en 1975, ejerciendo de hecho como Gobernador. Ese mismo año fue designado como General de la Tercera División del Ejército. Desde sus altas posiciones amparó el accionar del grupo terrorista Comando Libertadores de América, uno de las tantas bandas de asesinos idénticas a la más famosa Triple A. Menéndez fue una importante anticipación de lo que se vendría después. Todavía en 1975 fue responsable de la desaparición y asesinato de la familia entera de Mariano Pujadas (militante del ERP fusilado en Trelew).

Consumado el golpe de Estado, dirigió la represión en diez provincias, con más de 200 campos de concentración bajosu jurisdicción. Su centro de actividad fue Córdoba, en donde participó personalmente de los secuestros, las torturas y los asesinatos. Sólo en la causa La Perla (llamada así por el principal centro clandestino de detención del interior del país) fue encontrado culpable de 280 casos de desaparición forzada, 52 asesinatos y 656 casos de tortura. Sí, todo eso en tan sólo una de las 13 causas por las que fue condenado a perpetua. Una de las víctimas contaba con 10 años de edad.

Es conocido también por ser un belicoso apologista de la guerra. Habría sido uno de los principales impulsores de entrar en guerra con Chile por la disputa del canal de Beagle. Respecto a este hecho, se le atribuye la frase: los corremos hasta la Isla de Pascua, el brindis de fin de año lo haremos en el Palacio de la Moneda y después iremos a mear el champagne en el Pacífico. Atrevidas palabras para un militar de alto rango que jamás participó de batalla alguna y cuya mayor distición de combatiene habría sido alcanzada por el asesinato y la tortura de personas desarmadas.

A pesar de tratarse de uno de los más repugnantes, cobardes y despreciables asesinos de nuestra historia, contó con demasiado tiempo de impunidad. La foto que encabeza esta nota es un ejemplo de lo que significa que estas bestias se paseen libremente por la calle. En 1984, luego de una entrevista televisiva, fue escrachado por un grupo de manifestantes (entre los que estaba la compañera Nora Cortiñas). Su reacción fue desenvainar un cuchillo para apuñalar en plena calle a esos luchadores. Toda una pintura de este sujeto. Es evidente que se sentía demasiado impune.

Menéndez es uno de los símbolos de las brutalidad de una dictadura de clase que buscaba aplastar las más hondas aspiraciones de toda una generación de luchadores obreros y populares. Fueron el martillo con el que la clase capitalista golpeó en la cabeza a quienes cuestionaban los privilegios de un puñado de ricachones que viven del trabajo de las amplias mayorías populares. El macrista Massot es parte de una de esas familias que fueron partícipes de la masacre. Por eso nos habla de reconciliación. Sus intereses fueron defendidos por la dictadura. Que personajes con semejante “opinión” puedan ser figuras del Gobierno de un Macri es también perfectamente natural. No nos olvidemos que la dictadura hizo que el Estado se haga cargo de la deuda privada de familias multimillonarias para que no dejaran de ser tan multimillonarias. Un claro acto de justicia patriótica. La familia Macri se sacó de encima una deuda de muchos cientos de millones de dólares gracias a los oficios de estos incomprendidos viejitos. Se trata de una devolución de favores.

La política de “reconciliación” sólo puede significar darles de nuevo a los genocidas un cuchillo con el que dar miedo a su víctimas. La política de “reconciliación” es la reivindicación de un puñado de millonarios de la fuerza de choque que defendió su derecho a seguir siendo unos parásitos que viven de las amplias mayorías populares. La política de “reconciliación” es un intento de darles impunidad a los genocidas que masacraron a una generación entera de compañeros. Ahí está de ejemplo el asesino Etchecolatz, al que se vio impunemente circular por Mar del Plata. 

Nosotros no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. La movilización fue y seguirá siendo el baluarte desde el cual pelear. Estaremos siempre al pie del cañón en cada pelea por Justicia. Los luchadores son la garantía única de que estas bestias mueran donde tienen que morir: en la soledad de una mugrosa celda. ¡Qué el macrismo no se atreva a avanzar en su política de impunidad! ¡Le daremos batalla y podemos asegurar que tendrán motivos de sobra para temblar! La historia de los luchadores de las últimas décadas son un gran testimonio de eso. 

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