por Paula Abarca-Nuevo MAS La Rioja

Doce aspirantes a ingresar a la Escuela de Cadetes en La Rioja, entre ellos Emmanuel Garay, fueron internados la primera semana de febrero por las condiciones extremas a las que fueron expuestos durante el primer día de instrucción. Habían quedado expuestos al sol haciendo ejercicios físicos sobre el asfalto, se les negó tomar agua durante varias horas. Esta práctica de “entrenamiento” desencadenó un cuadro grave de deshidratación y de shock.

Lamentablemente no son noticia nueva las torturas amparadas por el brazo represor del Estado que hoy se llevan la vida de un joven y que, hace 1 año atrás, le arrancaron la vida a Rolando Bazán, ahorcado y asesinado dentro de su propia celda en la comisaría 3ra de Barrio Mataderos.

Emmanuel Garay, hijo de policía y con apenas 18 años de edad, es uno de los tantos pibes que ingresan al cuerpo policial engañados por un sistema que cada día ofrece menos oportunidades para la juventud. Son cada vez más los jóvenes de capital y del interior de la provincia que se visten el uniforme y son transformados en el brazo ejecutor de esta institución corrupta y represora con métodos de violencia extrema, que se ensaña con ellos a través de prácticas monstruosas de tortura, control y hostigamiento. Así son habituados a ejercer esos mismos métodos con los sectores populares. Tal es así que la policía asesina brutalmente a uno de los suyos sin compasión alguna. Emmanuel Garay murió luego de ser sometido a prácticas inhumanas que las autoridades policiales defendieron públicamente como necesarias para “formar hombres de bien”.

En la coyuntura actual, donde el gobierno de Cambiemos pretende hacer pasar medidas de ajuste contra los sectores más oprimidos mediante el uso de la violencia y la represión por parte de las fuerzas armadas, apoyando, defendiendo y encubriendo abiertamente asesinatos como el de Rafael Nahuel y Santiago Maldonado, sin contar los innumerables casos de gatillo fácil, no podemos pasar por alto lo siguiente: hay un permiso para matar impunemente, sin juicio ni castigo. Por esto, se hace necesario movilizarse contra esta política del Estado.

Desde la internación del cadete Emmanuel en estado de coma hasta el día de su fallecimiento, la bronca y la indignación del pueblo riojano se hicieron sentir y fueron destituidos de su cargo el secretario de seguridad y el jefe de la policía, junto con la detención inmediata de los policías instructores.

 

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