“El papa Francisco impedirá un estallido social en Argentina” (Gustavo Vera, Infobae, 13/10/16)

Estas palabras transmitidas en un reportaje concedido por el referente papal en Argentina, el legislador Gustavo Vera, no expresaron sólo en ese momento el deseo propio, sino la principal preocupación de la Iglesia. Porque, como bien sabe la institución eclesiástica hegemónica en el país, no siempre, por más que hayan tenido esas intenciones, han logrado su cometido.

Claro que el Sumo Pontífice está profundamente “preocupado” por la situación en la Argentina. Le preocupa el grado de conflictividad y el peso de la izquierda en esos procesos. ¿Por qué no lo llamó nunca antes públicamente “trosko de Dios” a su vocero Vera, a ningún miembro de la burocracia sindical de todos los colores que lo fue a visitar, y sí al delegado del INTI que no pertenece a ninguna organización de izquierda, sino a La Alameda, la misma que dirige Vera?

Porque ahora la situación cambió en este país que le “preocupa”. El delegado Néstor Escudero representa a trabajadores del INTI que están luchando a brazo partido y ese es el “fantasma que recorre la Argentina” y el terror de los dueños del mundo (en plata y en conciencias).

Su preocupación es tan real como su sotana, porque el Papa argentino sufriría una gran decepción (y derrota política) si hay un proceso de lucha generalizado que tire abajo los planes del gobierno.

Por eso nos manda un mensajito desde el avión y no pisa el suelo de su país. Sería un gran despropósito (y descrédito mundial) hacerlo y que después la situación se les vaya de los carriles al gobierno y sus socios.

Cuando el anterior jefe de la Iglesia, Juan Pablo II vino a la Argentina ya estaba en las puertas una derrota (a la que le dio su bendición final para asegurarla): la de Malvinas frente a Gran Bretaña. ¡Festejo del imperialismo mundial! ¡Todos ellos abrazados brindando! Nosotros, trayendo nuestros muertos y mutilados desde las Islas. No le dio el esfuerzo para salvar a la dictadura, pero sí a Margaret Thatcher.

La Iglesia no da pasos improvisados

Los pasos que da su principal referente ninguno es casual ni subjetivo. Cuando pone un pie fuera de su país, es una decisión tomada después de una sesuda evaluación política de que el proceso que va a ponerle el broche de oro es de una segura derrota o traición. Aunque se la pinte como un gran triunfo, paso adelante, triunfo de la paz, de la reconciliación, etc., etc. Así fue en su  visita a Cuba en setiembre del 2015, a Colombia en setiembre del 2017. O ha visitado otros países de América latina que, aunque han pasado períodos de rebeliones importantes, ahora son países más estables, menos inesperados, “menos argentinos”.

No sabemos si se va a cumplir la profecía del señor Gustavo Vera, pero que los trabajadores, como los que representa Escudero y muchos más, a lo largo y ancho del país están peleando, de eso nadie tiene dudas. De acá a Roma.

 

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La Iglesia y la dictadura

Tal vez la más trágica demostración de este rol mundial al servicio de los poderosos siga siendo el rol que cumplió durante la última dictadura militar.

Respetamos y valoramos la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, las recuperaciones logradas. Es más que justo el reclamo que continúan haciendo de que abran los archivos del Vaticano. Junto con coincidir con él, preguntamos: ¿no llegaron a la inequívoca conclusión de que ninguna jerarquía eclesiástica los va a abrir, que sea el Papa italiano, polaco, chino o argentino, los tienen cerrados bajo siete llaves para los familiares de las víctimas de la represión? La cara de la Iglesia en la Argentina es Von Wernich, detenido por sus crímenes, a quien ninguna autoridad de la misma lo castigó ni con medio día de ayuno.

Sigamos la lucha por juicio, castigo a los genocidas y recuperación de los niños apropiados confiando sólo en nuestros aliados. Así lograremos que abran los archivos.

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