El domingo, luego de la 6ta mesa de negociación, finalmente se llegó a un acuerdo entre la patronal Metal-Eléctrica y los Gremios encabezados por IG Metall. 4,9% de aumento salarial y el objetivo tan esperado, la posibilidad de trabajar 28 horas semanales por un mínimo de 6 meses y un máximo de 2 años sin pérdida salarial para los trabajadores con hijos menores a 8 años, con familiares a cargo y trabajadores por turno y la posibilidad de renovación luego del periodo. También se ganó el aumento de 27,8% en el pago de vacaciones con posibilidad de cambiarlo por 6 días más para el grupo previamente nombrado. Entre otras reivindicaciones, como licencia por examen para los estudiantes.

 

El CEO de Siemens hace pocas semanas felicitó a Trump oor su reforma tributaria, manifestando su voluntad de relocalizar las fábricas de turbinas de viento en EEUU, en clara amenaza, tanto a los trabajadores como al gobierno. En oposición a esta expresión patronal es que el conflicto toma más relevancia.

 

La dirección del gremio no fue desbordada y los distritos orientales (los cuales no pararon) deben dar una pelea específica porque sus condiciones de vida son peores que las de sus camaradas occidentales. La dirección central de IGM se refirió a ellos cuando “aconsejó” tener en “cuenta las condiciones económicas” orientales para el aumento salarial en esos Estados, pero no se planteó ninguna perspectiva de lucha para ello.

 

A pesar de esto, este es un triunfo rotundo de la clase obrera alemana no sólo lo que significa en materia de conquistas laborales, sino también por su alto valor político. Lo primero a tener en cuenta es la masividad de la Huelga, todo el cordón de Alemania Occidental adhirió a la warnstreik de la semana pasada; la ruptura con la estabilidad política y la experiencia de los trabajadores en la lucha de clases son los elementos más importantes. Como bien marca el periódico Spiegel: este es el camino a seguir por el resto de los trabajadores y la base de las futuras peleas de las otras ramas de la industria. El paro y la movilización, los métodos históricos de la clase obrera resurgen para enfrentar el neoliberalismo.

 

Joaquín Sigis

 

 

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