por Ana Vázquez

¡Es necesario un paro general para derrotarlo!

(…) La reforma laboral era una certeza en diciembre pasado. Ya no lo es. El peronismo parlamentario no la aprobará sin el consentimiento previo de los sindicatos, que la rechazan después de haberla aprobado. Por eso, el Gobierno decidió fraccionarla. El primer apoyo que consiguió para esa estrategia es el de Héctor Daer, delegado de los grandes gremios en el triunvirato que conduce la CGT. La rebeldía de Moyano y Barrionuevo duró sólo un día. (…) (La Nación, 21/1/18)

Para ayudar a confundirnos los jerarcas de la CGT se llevan el premio mayor

El último fin de semana, entre asados y chapuzones en Mar del Plata, pusieron las “barbas en remojo”. Se pronunciaron contra la reforma laboral, con la ausencia de Rodolfo Daer y la aparición de anfitrión del dirigente gastronómico Luis Barrionuevo. Vociferaron duras amenazas… Rodolfo Daer bajó rápidamente los decibeles del documento de Mar del Plata. En su nombre, se comprometió a negociar por separado los puntos del proyecto de Reforma Laboral. “A sus órdenes, Su Majestad”, dijo el dirigente ante el cambio táctico del gobierno de desdoblar la negociación para hacerla pasar más elegantemente.

Debemos prepararnos para enfrentarla envuelta en cualquier paquete: es un atroz atropello a nuestras conquistas. Ante las jornadas de diciembre, además de la represión, el gobierno respondió como contrapartida con el enjuiciamiento y detención de algunos jerarcas sindicales, y la postergación del tratamiento en el Congreso, previsto para febrero. Ninguna de estas iniciativas es favorable a los trabajadores.

Los ataques son contra los trabajadores y sus organizaciones, no contra sus jefes millonarios

Los truenos de escarmiento vociferados desde los miembros del gabinete de ministros del Ejecutivo hasta el procurador de la provincia de Buenos Aires, pasando por la gobernadora María Eugenia Vidal, retumbaron en los medios durante las últimas semanas. Tan certeras las pruebas de pesos y autos que encontraron en manos de algunos sindicalistas (Marcelo Balcedo del SOEME, los líderes de la UOCRA) como mentirosas sus profecías de que sólo van por los dirigentes corruptos, asegurando que “no todos son iguales”.

Este gobierno manchado de negociados y corrupción no es el que tiene que marcarle la cancha a los referentes de los sindicatos. Eso sólo lo podemos hacer los trabajadores, que no tenemos más interés que hacer una investigación hasta el final, para defender nuestros aportes cotidianos. Al mismo tiempo, sin cambiar de cara, usan su “justicia” para encarcelar a los luchadores, para manipular la agremiación libre de los trabajadores docentes, así como les cierran las puertas en las narices a los trabajadores de Fabricaciones Militares de Azul y despiden trabajadores con muchos años de servicio en el Hospital Posadas. ¿A ellos los dejan en la calle por corruptos? ¿O corruptos son los empresarios y el gobierno que están negociando su fuente de trabajo, su futuro, su vida, en beneficio de un nuevo negocio empresarial?

Está en nuestras manos la defensa de las organizaciones sindicales actuales y futuras

Si algo hay que reconocer en las mediáticas palabras de Luis Barrionuevo (“…a los sindicatos los atacaron los militares, Alfonsín y De la Rúa y no terminaron su mandato”) es que nos ayudan a recomponer la memoria histórica de nuestra clase obrera y sus luchas.

Efectivamente, la dictadura militar, así como los gobiernos democráticos de los radicales Alfonsín y De la Rúa atacaron, en primera línea, a los trabajadores y sus organizaciones. La dictadura sabemos que fue un gobierno contrarrevolucionario que liquidó toda conquista y libertad democrática, aniquilando físicamente a miles de luchadores, encarcelando dirigentes independientes y también algunos burocráticos.

Yendo a los gobiernos de la democracia burguesa, una de las cartas del triunfo electoral de Alfonsín fue la denuncia del pacto “sindical-militar” entre Lorenzo Miguel y el general Cristino Nicolaides (integrante de la cuarta Junta Militar del Proceso, de 1982 al 10 de diciembre de 1983), para luego presentar una reforma laboral (ley Mucci, por el apellido del entonces ministro de Trabajo) en el Congreso. Fue aprobada en Diputados y perdió por un voto en la Cámara alta, que fue el de Elías Sapag del MPN (Movimiento Popular Neuquino). La llevada adelante por Fernando De la Rúa fue un poco más escandalosa (sobornos Banelco de por medio) pero no menos antiobrera. Su letra y su espíritu fueron los conocidos y sufridos por nuestras espaldas y bolsillos (o hambre puro y duro), aunque no haya sido sancionada en su totalidad, porque la rebelión popular tiró todo, presidente incluido, por la borda.

No vimos ni a Barrionuevo, ni a Daer, ni a ningún otro jerarca sindical peleando contra los gobiernos de estos presidentes. Ellos no se “fueron” porque se metieron con los dueños de los sindicatos. Se tuvieron que ir corridos por las luchas que inundaron el país encabezadas por los trabajadores fundamentalmente desocupados y sus familias, acorralados por el hambre.

Para muestra, algunos botones

Carlos Elvio Alderete, un electricista al que le faltan escasas materias para recibirse de abogado, peronista ortodoxo, secretario del Sindicato Luz y Fuerza, muy próximo a la Iglesia católica, jurará el martes como nuevo ministro de Trabajo y Seguridad Social (…). Si llega a jurar el cargo, por primera vez un peronista regentaría la cartera de Trabajo en un gobierno radical”. (La Nación, 28 de marzo 1987)

(…) Tampoco nada es gratis para los sindicalistas. La cima cegetista está integrada por hombres que han medrado al labor de todos los oficialismos, desde los miliares hasta Menem; eso la convierte también –para qué negarlo- en una estirpe política experimentada. (…) Armando Cavalieri había comenzado a rodear de seducción política a Rodolfo Terragno, y Rodolfo Daer daba vueltas en torno de Cecilia Felgueras [interventora del PAMI]. Cavalieri, Daer, Luis Barrionuevo y Hugo Moyano, entre otros más, habían extenuado las líneas telefónicas del Ministerio del Interior; buscaban a Storani [Federico, ministro del Interior] con el argumento de que preferían una negociación con el estilo conocido de los radicales”. (La Nación, 6 de febrero de 2000)

Entre negociación y charlas, se deslizaron algunos comentarios. “‘Los desocupados no desaparecerán nunca. Hay que hacer declaraciones públicas sobre ellos y nada más. Ustedes ocúpense de nosotros,’ lo desarticuló el todavía jefe de la CGT (Rodolfo Daer)”. (Idem, 6/2/00)

¡Todo el apoyo a los trabajadores del Hospital Posadas y a todas las luchas!

¡Organicémonos por abajo para imponer el paro general!

El gobierno se pone el disfraz de “anticorrupción” para intentar estafarnos después de su fallido intento de embaucarnos con los “beneficios” de la reforma jubilatoria. Ahora vienen por una apuesta superior: la Reforma Laboral. Por eso no se va a sacar el disfraz después que pase el carnaval.

Nosotros nos pusimos los guantes y no nos los sacamos. Avanzaremos por donde ellos no quieren: en el terreno sindical y también en el político, organizándonos por fuera de los partidos patronales, con los que se plantan junto a los trabajadores, las mujeres y la juventud. Te proponemos hacerlo junto al Nuevo MAS en Izquierda al Frente por el Socialismo.

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