“No nos gusta hacer un paro, pero lo tenemos que hacer” (Carlos Acuña, Página 12, 17/12/2017)

Después de borrarse durante largos 8 meses, el triunvirato volvió. Para no ser injustos, digamos que estuvo en todas las reuniones necesarias con el ministro de Trabajo Triaca para ajustar “detalles” de la contrarreforma laboral, en la reunión de IDEA, pero… ausente total frente a los trabajadores, sus reclamos y sus luchas.

Ahora aparecieron, amagando con un paro, concretando otro parcial, dando idas y vueltas, titubeando una y otra vez para tratar de bajar los decibeles a un seguro parazo contundente que era el reclamo a gritos desde abajo para repudiar la reforma previsional. Desde sus despachos, desde Punta del Este, las Bahamas, o donde estuvieren, vinieron a enfrentarse con la realidad argentina: la lucha de clases al rojo vivo.

El despertar de millones de trabajadores que, habiendo participado de las jornadas de movilizaciones o habiéndolas seguido desde sus lugares de trabajo o estudio y fueron parte del debate y la lucha para enfrentar las medidas antiobreras de Macri, produjeron  el milagro.

La convocatoria del paro cegetista no llegó a las jornadas del 18 y 19

Pero su “combatividad” duró menos que un suspiro. Los “escondidos” en acción no mantuvieron su determinación inicial, aunque sí los trabajadores de sus gremios que fueron parte de las columnas que llenaron las calles aledañas al Congreso de la Nación, aun con la furiosa represión.

Con el mismo apuro con que huyeron del palco el 7 de marzo, escaparon con gestos molestos de las preguntas de los periodistas en la conferencia de prensa en la que anunciaron la “huelga-no huelga”. Seguramente las discusiones entre ellos, sus distintas alas y posturas crean diferencias irreconciliables, como parte también de la interna del PJ, que pueden provocar una fractura en un futuro próximo.

Los dirigentes cegetistas convirtieron el llamado a paro y su segura masividad, si se mantenía la convocatoria inicial, en un paro parcial, atomizado, producto de la gran confusión que crearon y la gran “carnereada” de los dirigentes de la UTA que, fieles a su trayectoria, jugaron para las patronales y el gobierno. (Ver SoB N° 429, 15/6/17)

Pero no pudieron tapar la contundencia de las jornadas protagonizadas por los trabajadores y las organizaciones que los acompañaron.

También se pusieron el chaleco y la gorra…

Pero no conformes con este “visto bueno” a la votación antiobrera del Congreso, ¡repudiaron los hechos de violencia de manifestantes, y ni una palabra contra la criminal represión a los manifestantes, sus familiares y trabajadore/as y jóvenes que salían de sus laburos! ¡Falta que se sumen al repudio de Macri y Rodríguez Larreta a la jueza Patricia López Vergara que se pronunció en contra del uso de armas letales por parte de las fuerzas de seguridad!

¡No tienen vergüenza! Cuando los trabajadore/as represaliados, lastimados, siguieron la pelea desde otros lugares, como lo demostraron con los cacerolazos y bocinazos posteriores, ellos encubren y “patrocinan” en los hechos la represión policial.

La continuidad de la pelea iniciada, el debate y organización de la misma no puede quedar en sus manos. Los trabajadores, las mujeres y la juventud, desde sus lugares de trabajo y estudio deben resolver medidas que, sin dejar de exigir a estos dirigentes que convoquen a paro general en serio, impongan las movilizaciones y jornadas de lucha necesarias hasta tirar por la borda la reforma previsional recientemente votada y el conjunto de la contrarreforma laboral.

No debemos perder tiempo. Mientras ellos “debaten” y trenzan para no perder sus sillones (y sus millones), avancemos por donde ellos quieren escapar. Las jornadas de diciembre de 2017 demuestran que es posible: viejas y nuevas generaciones se pusieron de pie.

¡Manos a la obra! ¡Sigamos por el camino de la exigencia, junto con la organización independiente y la pelea en las calles!

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