Por Víctor Artavia y Heidy Valencia

Candidatos a diputados por el NPS

El sábado 18 de noviembre nos llegó una denuncia sobre un nuevo ataque contra la población LGBTI. En esta ocasión al finalizar un concierto en el salón comunal de la Iglesia de Coronado, organizado por la Escuela Sinfónica de esa comunidad.

De acuerdo a la denunciante (que mantenemos en el anonimato por seguridad), en ese momento una señora tomó la palabra para recoger firmas en contra de la “ideología de género”, alegando que era un atropello que el Ministerio de Educación Pública permitiera que personas transexuales ingresaran a los baños de niños y niñas, lo cual, a su modo de ver, representaba un peligro dado que podían ser pedófilos violadores.

Este episodio no es un hecho aislado, por el contrario, da cuentas de la avanzada reaccionaria y misógina contra los derechos de las mujeres y la población LGBTI en el país, promovida por la Iglesia Católica y las sectas fundamentalistas cristianas.

Para “maquillar” el machismo y la homolesbotransfobia de sus ataques, denuncian la supuesta “ideología de género” y su difusión en el gobierno, dando a entender que las reivindicaciones de las mujeres y la población LGBTI se reducen a un discurso y/o percepciones que minorías pretenden imponerle al conjunto de la sociedad para “destruir” a la familia.

Ante estos ataques, el gobierno del PAC guarda silencio, limitándose a mantener las clases de educación sexual y afectividad, medida que es progresiva pero incompleta, pues al mismo tiempo no lucha contra el carácter confesional católico del Estado costarricense (una promesa de campaña de Luis Guillermo Solís), garantizando de esta manera que la Iglesia Católica mantenga enormes privilegios políticos y reciba gran cantidad de recursos estatales para financiar esta campaña de odio contra las mujeres y la población LGBTI.

Además, en la actual campaña electoral este discurso contra la “ideología de género” y en defensa de la familia cuenta con el apoyo explícito de varios partidos políticos burgueses y conservadores (desde los cristianos, Piza en el PUSC o el “doctor” Hernández del PRC) y el “cómodo” silencio del resto (como el PLN o los Libertarios), lo cual presagia que la próxima Asamblea Legislativa será, en su mayoría, una cueva de misóginos y homolesbotransfóbicos.

Desde el Nuevo Partido Socialista (NPS) repudiamos esta provocación contra la población LGBTI, en particular hacia las personas transexuales. La sola equiparación entre la condición trans con las peores formas de violencia sexual hacia niños y niñas da cuentas del profundo prejuicio y violencia implícito en los discursos del odio que profesan la Iglesia Católica y las sectas fundamentalistas cristianas[1].

Las reivindicaciones de las mujeres y la población LGBTI son totalmente legítimas, pues responden a una situación de opresión y violencia institucionalizada dentro del capitalismo y el patriarcado. Para enfrentar esta avanzada reaccionaria y machista, es necesario que el movimiento de mujeres y LGBTI se movilice para exigir Estado laico ya, el matrimonio igualitario, la ley de identidad, aborto legal, etc.

Desde el NPS, además, colocamos nuestras candidaturas y campaña electoral en función de apoyar estas reivindicaciones, asumiendo como un eje la lucha contra esta campaña de ataques desde la Iglesia y las sectas fundamentalistas.

¡Por un movimiento de mujeres y LGBTI contra la homolesbotransfobia y la misoginia!

¡Estado laico sin concordato!

[1] Por lo demás absurdo, pues si de prevenir ataques sexuales de pedófilos se trata, lo más pertinente sería voltear las miradas hacia la Iglesia Católica, institución que a nivel mundial está plagada de denuncias por violaciones a menores de edad y una política de encubrimiento institucional de estos delitos.

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