La coyuntura nacional a la luz del caso Maldonado

José Luis Rojo

“La hipótesis más razonable es que Maldonado se ahogó”. (Juez Guido Otranto)

La coyuntura política post PASO viene siendo sumamente adversa. El encubrimiento montado por el gobierno alrededor de la desaparición de Santiago Maldonado es tan escandaloso que incluso ha llegado al absurdo de dejar al gobierno sin una coartada plausible. Se trata de la incómoda posición en la que no ha quedado en pie ninguna de las “líneas de investigación” que se dedicó a lanzar Otranto para tapar la única plausible: que la Gendarmería se llevó a Santiago luego de la represión sobre el Pu Lof el 1º de agosto.

El que hayan pasado 50 días y que Santiago no aparezca –sumado a los avances en la represión del pueblo mapuche- hace urgente concretar la convocatoria a una enorme movilización nacional en el segundo aniversario de la desaparición de Santiago, tal como está proponiendo la comisión Memoria, Verdad y Justicia, con el objetivo de quebrar la Santa Alianza de la impunidad que encabezan Macri, Bullrich y Otranto.

Esto no quiere decir que no haya fisuras en esta coyuntura reaccionaria. Si el gobierno viene imponiendo una orientación de impunidad en el caso de Santiago, se queja al mismo tiempo de que le cuesta avanzar en el resto de la agenda política: le cuesta recuperar la iniciativa política, incluso poner en marcha la campaña electoral.

El kirchnerismo le hace el juego al macrismo porque carece de toda iniciativa movilizadora. Su apuesta se resume a intentar canalizar el descontento por la vía electoral; promoviendo el “voto útil” a Cristina para que sea ella la que administre el descontento mediante algún tipo de “acuerdo de gobernabilidad” con el oficialismo; volveremos sobre esto.

En síntesis, hay que ser claros: no hay tarea más importante para intentar quebrar el giro reaccionario de la situación nacional, que la pelea por la aparición con vida de Santiago. El segundo aniversario de su desaparición debe ser el punto de referencia para lograr una jornada nacional multitudinaria que ponga contra las cuerdas al gobierno encubridor.

La mentira como herramienta política

El agotamiento de las vías investigativas se ha transformado, paradójicamente, en un elemento revelador de los límites del encubrimiento oficialista. Otranto viene siendo tan provocador, tan parcial, tan inoperante (en el sentido de que aparezca alguna pista plausible), que no puede descartarse que termine siendo apartado de la causa; claro que en el medio se habrán perdido dos largos meses de búsqueda de Santiago; dos largos meses para borrar todas las huellas y posibilidades de que aparezca con vida.

Siguiendo sus últimas declaraciones públicas, algunas cosas quedan claras. La primera, que Otranto es el enemigo número uno de la comunidad mapuche; no puede haber duda que es empleado de los grandes propietarios de la zona en defensa de sus latifundios; grandes extensiones que deberían ser de propiedad estatal y/o mapuche.

Otranto es, además, el mejor amigo de la Gendarmería. De ahí que todas sus líneas de investigación tengan por conclusión una escandalosa criminalización de las víctimas: cada vez que abre la boca lo que instala es la idea que serían los mapuches los que, por alguna razón descabellada, ocultaron las pistas de dónde podría estar Santiago…

Esta transformación de las víctimas en victimarios llega al descaro de apuntar contra la propia familia Maldonado: que la familia se habría “resistido” a las pruebas de ADN, que nunca se acercaron a hablar con él (¡Sergio Maldonado acaba de apersonarse al juzgado y Otranto tuvo el tupé de negarse a recibirlo!); y otras provocaciones por el estilo.

Otranto no solamente debería ser apartado de la causa sino también sometido a juicio político y encarcelado por encubridor, racista y varios delitos más.

¿Cuál es la lógica profunda que asiste los desarrollos del gobierno y del juez? Como en muchos otros casos de mentiras y encubrimientos desde el Estado, la lógica que está detrás es la llamada “razón de Estado”. ¿Qué significa la misma? Que no importaría mentir, desaparecer personas, engañar, montar shows mediáticos como el rastrillaje de días atrás en el Pu Lof; no importa apelar al engaño colectivo si es en beneficio de los “altos intereses del Estado”, de las políticas del gobierno nacional.

Es más que obvio que fue el gobierno el que ordenó la represión. Y no sólo la ordenó, sino que ordenó también endurecerla para escarmentar a los mapuches, para darles muestras a Benetton y a los demás grandes propietarios de quién manda, que sus propiedades están a resguardo, que a los “indios estos” se los correrá y sacará de escena.

La razón de Estado que está detrás de esta mentira mayúscula es lo que guía todos los pasos de la Bullrich, Macri, Otranto y cia., así como de todo el coro de periodistas escribas a sueldo del oficialismo, que todo lo justifica aunque esta justificación, obviamente, no pueda ser confesada.

El corporativismo de la CGT

En este contexto se inscribe el escandaloso comportamiento de la CGT. Pasadas la PASO y el fracasado acto del 22/8 todos sus sectores están volviendo al redil. Sin que se sepa a ciencia cierta en qué consistirá la contra reforma laboral que ensayará el gobierno después de las elecciones, los líderes cegetistas actúan con la justificación de que no se le podría hacer un paro a un gobierno que acaba de ganar las elecciones…

De todos modos, es probable que el gobierno les haya hecho guiños por debajo de la mesa de que sus intereses no serán tocados; por ejemplo, en materia de la ley de asociaciones profesionales que rige los descuentos compulsivos de los afiliados para el sostenimiento sindical, entre otras cuestiones.

Pero lo más criminal del momento es su actuación respecto del caso Maldonado; esto en el sentido de educar a los trabajadores en el corporativismo. La burocracia sindical es la lacra del movimiento obrero desde el origen mismo del peronismo. En cuestiones como la desaparición de Santiago, es donde se les ve la hilacha de manera más contundente, si se quiere.

La lógica que preside su actuación es que a los trabajadores “no les debe interesar la política”, “no se tienen que meter en política”; que cualquier cosa que ocurra en otro sector social que no sea estrictamente “obrero”, o que tenga que ver con cuestiones que no sean estrictamente reivindicativas, fuera de esa esfera, “no le interesan a los obreros”…

Pero resulta ser que el caso Maldonado hace a las relaciones de fuerzas más de conjunto en el país. Si Santiago no aparece con vida, o si se impone la impunidad total, eso agravará de manera desfavorable las relaciones de fuerzas y posibilitará al gobierno y la patronal avanzar en materia de explotación obrera.

En realidad, y como dijera Marx, nada de lo humano debería serle ajeno a los trabajadores, porque todas las condiciones hacen, en definitiva, a su explotación y opresión.

Además, si la clase trabajadora pretende transformarse en un sujeto político, en una clase histórica, en una alternativa de conjunto, tiene que interesarse por todos los asuntos.

Por lo demás, está el hecho que para multiplicar la movilización contra el gobierno, contra la impunidad, por la aparición de Santiago, el ingreso de la clase obrera en la lucha sería fundamental. Sin embargo, esto es muy difícil porque la burocracia impone el desinterés obrero en la cuestión, no moviliza, no busca interesar a los trabajadores en este tipo de problemas.

Hacer del caso de Santiago una causa nacional, evitar que el tema se sature, que salga de la escena por agotamiento, lograr que siga polarizando la realidad del país, tiene una parte importante en que la clase trabajadora entienda la importancia del caso.

La siesta kirchnerista

Los comportamientos de Macri y Cristina pueden ser “destilados” alrededor del caso de Santiago.

Lo de Macri es bastante evidente: hoy aparecieron declaraciones suyas diciendo que “le da bronca cómo le mienten los testigos a los jueces”; no está claro si se refería a las declaraciones de los gendarmes que el propio gobierno se encargó de preparar antes que enfrentaran al juez y a la fiscal.

Si se refiere a los testigos en general, la cosa mueve a una indignación multiplicada, porque ahora sería culpa de los testigos que no haya justicia. En realidad, Macri trasunta su odio destilado por los pueblos originarios, por los mapuches: serían ellos los que habrían plantado “pruebas falsas”, los que “mentirían” en sus declaraciones, todo lo cual no tiene asidero porque Santiago era solidario con su causa: ¿por qué lógica descabellada los mapuches irían a hacer una cosa así?

Lo de Macri es simplemente transformar las victimas en victimarios. Aquí podemos recuperar la idea de “razón de Estado” que tiene que ver con justificar la acción del Estado por la sola razón de serlo: una supuesta “entidad colectiva” que no es tal, que supuestamente defiende los “intereses colectivos”, cuando en realidad solamente defiende los de los capitalistas, los empresarios, los grandes propietarios; a esa razón, a esos intereses (de los cuales el gobierno macrista es representante directo), se allanaría todo lo demás, justificaría todo lo demás (en el diccionario la definición de “razón de Estado” es la justificación, basada en la conveniencia política, que un gobierno aduce para actuar de una manera determinada”).

El proyecto de Macri es volver a colocar al país en la senda de la globalización neoliberal; tiene la dificultad que su carácter “restauracionista” de relaciones de fuerzas adversas tipo los años 90 (incluso cuestionando aspecto centrales del régimen del 83), debe alinear una cosa con la otra: el proyecto económico-social de ajuste neoliberal con las condiciones políticas generales; condiciones políticas reaccionarias para las cuales está trabajando, dándose una base política-social propia pero que todavía no ha terminado de decantar totalmente.

Ya Cristina fue tributaria de otras condiciones políticas; lo suyo fue un gobierno de reabsorción de la rebelión popular; esas fueron las condiciones en las cuales se forjaron los K. Igualmente capitalistas, el tema es que expresaban la administración de otras relaciones de fuerzas.

¿Tiene posibilidades Cristina de volver a la presidencia? Para eso debe recuperar los favores de la patronal. Porque evidentemente no es una corriente que vaya a romper con la burguesía: ¡los K siempre fueron 100% capitalistas; a nadie se le pasa por la cabeza que vayan a dejar de serlo hoy!

Cristina no cuestiona este credo. Incluso está intentado que su actual campaña electoral sea lo más moderada posible. Sin embargo, aun así, aparece demasiado a la “izquierda”; al menos para los cánones actuales donde la patronal considera a Macri como su representante directo.

De ahí que no tenga ningún asidero el llamado al voto útil a los K para frenar el ajuste… Cristina se mantendrá en una oposición puramente verbal sin jugarse a la movilización (ver también la completa inacción de la CTA en el caso Maldonado, entre otros); esto es lo que ocurre ahora con Santiago, donde los K le vienen escapando al bulto a convocar a una nueva movilización nacional (aparentemente ahora con la excusa de “evitar provocaciones”).

¡El 2 de octubre todos a las calles por Santiago!

De todas maneras, no todos los desarrollos son adversos. Ahí están, por ejemplo, las ocupaciones de colegios en CABA en contra del reaccionario proyecto del macrismo de mandar a los secundarios a trabajar gratuitamente en quinto año; esto además de tratar de imponer nacionalmente la despolitización en los colegios.

En todo caso, mientras que la pelea por la aparición con vida de Santiago se mantenga en el centro de la escena nacional, se estará frente a una pelea abierta, que no se termina de decantar; una pelea frente a la cual todos los demás aspectos de la realidad política se encuentran subordinados.

Una pelea, es verdad, difícil, porque el gobierno ha ganado mucho tiempo con el encubrimiento, embarrando la cancha, buscando cansar a la sociedad. Pero que, sin embargo, no deja de hacérsele cuesta arriba porque las reservas democráticas en partes importantísimas de la sociedad son enormes; uno de los fieles de la balanza más importantes de las relaciones de fuerzas.

La pelea por Santiago y en defensa de la comunidad mapuche está abierta. El segundo aniversario de su desaparición debe colocar una multitud en las calles; al calor de esa pelea debemos, además, avanzar en la construcción de nuestro partido, en la consolidación de los nuevos militantes, en la extensión nacional del Nuevo MAS y de la Izquierda al Frente por el Socialismo.

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