“Si el Partido Comunista no buscara las formas de organización que posibilitaran en cada momento determinado las acciones comunes acordadas entre las masas obreras comunistas y no comunistas (socialdemócratas incluso) estaría probando, por sí misma, su incapacidad de conquistar a la mayoría de la clase obrera por medio de acciones de masas. Degeneraría en una sociedad de propaganda comunista y nunca se desarrollaría como partido para la conquista del poder “. (Trotsky – Sobre el frente único – 1922)

Momento reaccionario y resistencia

El actual momento mundial se caracteriza por los ataques de la burguesía sobre los derechos más elementales de los trabajadores. La crisis que se profundiza por la continuidad de las políticas que la generó, ha llevado a ajustar más el lazo en el cuello de la clase. Aun así, movimientos de resistencia importantes, aunque puntuales, se han levantado alrededor del planeta.

En nuestro territorio, a pesar del avance de algunos proyectos que unifican a la burguesía, incluida la maniobra reaccionaria del impeachment de Dilma, su consecución no es algo fácil.

La exigencia de los sectores que tradicionalmente, desde 1988 principalmente, venden el alma para sustentación del gobierno de turno, cualquiera que sea su color, buscando garantías políticas y financieras de su supervivencia, son parte importante en eso hoy. Pero el peso mayor en los cuidados con que el gobierno busca establecer en ley lo que determina la voz del dueño está en que, el conjunto de explotados y oprimidos, desde el año pasado, dio muestras de su capacidad de movilización y disposición de resistencia.

Es verdad que la burocracia sindical viene funcionando como freno de un voluminoso movimiento de masas capaz de confrontar el ataque burgués generalizado a todo tipo de derecho y de la posibilidad de un amplio debate en la formulación de un programa político de independencia de clase, aunque mínimo.

En ese aspecto, el petismo que congregó a una generación de trabajadores en la lucha sindical y política, sirvió también para deseducar a la clase y matar la conciencia de clase, arrastrándolos a la conciliación más degenerada, continua ejerciendo cierta fascinación.

La CUT y el sector que hoy conforma la CTB se prestaron a ello desmovilizando a la mayoría de la clase en ese período y hoy, lamentablemente, sirven de mampara a los movimientos masivos (como lo hicieron el 30/06), para negociar con el gobierno y junto al resto de la burocracia las garantías de supervivencia de éste así como también, central e indirectamente, por las garantías electorales de Lula.

Lamentamos también que la izquierda revolucionaria aún no ha sido capaz de confluir a la lucha de manera unitaria: el objetivismo, el oportunismo, el sectarismo, apoyado en algunos casos en una visión electoralista, se ha mostrado una importante barrera para ello.

Los ejemplos más grandes son, por un lado, el principismo sectario y auto-proclamatorio del PSTU, que se abstiene de dialogar y educar a las masas para el agravamiento de la lucha de clases y se encasilla en posiciones nada marxistas de que todo frente es reaccionario y sólo un programa que “haga” la revolución es posible (http://www.pstu.org.br/polemica-nao-amos-para-o-mose-lado).

Por otro lado, tenemos el comportamiento de secta del MRT, tan obtuso, que es incapaz de dialogar, como vanguardia, con las agrupaciones del propio socialismo revolucionario, como lo hizo, por ejemplo, atacando (sin ninguna base y mintiendo) el apoyo del MAIS a las candidaturas de Izquierda al Frente por el Socialismo en Argentina (ver http://socialismooubarbarie.org/post/ridiculo-ataque-del-mrt-pts-contra-la-la-frente-al-socialismo-ifs -y-al-más). Es la punta de lanza de los ataques a la unidad de los trabajadores y sus organizaciones.

Es necesario repasar que no somos la vanguardia de la clase, sino una parte de ella, y en este momento diminuta, aún más por el aislamiento de cada sector. Por eso, desde hace tiempo hemos dado una batalla por la unidad de los sectores más avanzados, dentro del PSOL y fuera de él, para que asumamos la responsabilidad de construir un programa político capaz de afrontar al petismo interno a la clase y a la burguesía como un todo en un proyecto de frente de izquierda socialista que dialogue con el conjunto de explotados y oprimidos, ocupando el vacío que se abrió en las jornadas de junio de 2013.

El segundo semestre de 2017, recién iniciado, por el conjunto de luchas sindicales (fechas base de varias categorías importantes) y principalmente por los embates necesarios para hacerle frente al proyecto de reforma previsional, acaban por determinar la apertura de un campo sólido para el intento de protagonismo de las masas en las calles y de la construcción de unidad de lucha y política, capaz de conformarse en un nuevo instrumento de orientación con independencia de clase para la juventud, trabajadores y para los diversos movimientos sociales.

Por las enormes posibilidades de acción: ¡VAMOS!

El momento es de “exigir de manera enfática y sistemática que los aparatos convoquen a la resistencia contra Temer y sus políticas reaccionarias, y cuando no lo hagan, es necesaria la denuncia no menos contundente. Pero para que nuestra táctica de exigencias y denuncias sea efectiva y podamos a través de ellas disputar la hegemonía del movimiento de masas, es necesario que las organizaciones sindicales, populares y partidarias independientes construyan foros que combatan la dispersión en que se encuentra la izquierda socialista.”[1]

A pesar del cuadro fragmentado, el semestre pasado repuntó la disposición de lucha de los jóvenes y trabajadores marcada por la mayor huelga desde 1996, que llevó preocupaciones a la burguesía y demostró internacionalmente la fantochada de un gobierno ilegítimo y metido hasta la médula en la corrupción.

Al lado de eso, en el campo de los movimientos sociales, vimos crecer el protagonismo del MTST en la conducción y participación política de los diversos embates y debates en que la izquierda estuvo involucrada, buscando conformar un frente político (y en eso avanza mucho más que el MST) independiente y crítico de aspectos importantes del lulismo.

En el campo del marxismo revolucionario, los movimientos, artículos y propuestas amplias de debate promovidos por el recién formado MAIS, huyeron al debate viciado anterior proponiendo su ampliación con los ojos dirigidos a la construcción de un instrumento político de los trabajadores que venza el sectarismo e izquierdismo vigentes. Muestra de lo dicho es el encaminamiento de su primer Congreso, no dejando de lado la visión internacionalista que debería tomar el evento. Apostamos a ese proceso y las medidas de fusión con el NOS y la entrada en el PSOL.

En este sentido, la propuesta del MTST, a través del Frente Pueblo sin Miedo, de montaje de una plataforma política, denominada VAMOS, con un carácter de independencia y de búsqueda del protagonismo clasista en las calles, con un programa capaz de afrontar el reaccionarismo, conjuntamente con las luchas sindicales que ya empiezan a aparecer, traen un momento nuevo donde la izquierda socialista revolucionaria no puede ausentarse.

Tenemos que disputar el programa y las masas en una acción unitaria que gane al ala izquierda del movimiento y se convierta en el protagonista y conductor político de un nuevo y rejuvenecido movimiento obrero y social, desgarrado del lulismo y con independencia de clase.

¡Vamos, por un Frente de Izquierda Socialista en Brasil!

Carlos Vera

[1]  Antonio Soler, “Retomar la lucha en las calles contra Temer y su contrareforma”, 13/08/2017, www.socialismooubarbarie.org

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