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Se fortalece la alternativa de izquierda al lulismo

El MAIS, tras un año de ruptura con el PSTU y sus debates congresales, anunció el pasado viernes 4 de agosto la decisión de ingresar en el PSOL. Como parte del acuerdo con la dirección del partido y por razones estatutarias, los compañeros no podrán presentar documentos, ni participar en la elección de delegados en el proceso pre-congresual recientemente abierto, por lo demás participarán normalmente de la vida del partido.

Se trata de un colectivo de algunos cientos de compañeros, en su mayoría jóvenes y organizados en las principales ciudades del país. Desde el punto de vista de la cantidad de militantes, como la izquierda socialista está compuesta de organizaciones de vanguardia, ese anuncio significa un importante ingreso militante. Sin embargo, además de la cantidad de nuevos cuadros que ingresan en el PSOL, ese gesto puede ser una inflexión -no está del todo claro sus alcances todavía- en el largo proceso de fragmentación de la izquierda socialista, pudiendo ser un hito en el proceso de su recomposición.

 

Importante inflexión en la fragmentación de la izquierda socialista

El movimiento que dio origen al PSOL estaba compuesto por corrientes políticas que estaban siendo expulsadas del PT debido al posicionamiento contrario a la reforma previsional de Lula en 2003, con el PSTU, figuras públicas e intelectuales de izquierda. Este movimiento inicial fue roto en su totalidad debido a la política llevada por el PSTU que exigía que el centralismo democrático (sic) era condición previa para que continuara en el movimiento por el nuevo partido.[1]

Obvio que no se puede atribuir responsabilidad política a los compañeros del MAIS por la política sectaria, hegemonista y auto-proclamatoria del PSTU, incluso porque la salida de esa organización significó una valerosa ruptura política. Por eso su ingreso en el PSOL acaba «corrigiendo», después de 17 años, parcialmente, la ruptura que marcó la fundación, la ruta y la existencia del PSOL hasta hoy.

La participación del PSTU en el proceso hubiera permitido fundar una organización política con mucha más capacidad de aglutinar a los luchadores, intervenir en la lucha de clases, combatir la burocracia sindical y tener mayor presencia en todos los demás procesos políticos. Sin embargo, incluso ante una coyuntura política desfavorable como la que estamos insertos, la posibilidad de construir una alternativa de masas al lulismo nunca estuvo tan presente y hoy se plantea, junto con políticas eficientes de combate a la ofensiva reaccionaria, como uno de los principales desafíos de la izquierda socialista.

Ciertamente, la venida de los compañeros del MAIS con su militancia, experiencia política y disposición de lucha al PSOL contribuirá de manera significativa a enfrentar estos desafíos. Además, desde un punto de vista estratégico -la necesidad histórica de construir organizaciones revolucionarias que puedan tener peso real en la lucha de clases- la larga y tortuosa diáspora vivida por el marxismo revolucionario encuentra en ese gesto una perspectiva de reversión sobre la que tenemos que tratar con la máxima atención para que la militancia en el PSOL permita un equilibrio entre los desafíos constructivos inmediatos y estratégicos.

 

Necesitamos un poderoso partido para la lucha de clases

El carácter del PSOL con el ingreso de los compañeros del MAIS vuelve a ser materia de interés, pues la disputa interna por su orientación gana nuevos contornos. Hoy el partido no es una organización revolucionaria de combate al capitalismo[2], se trata de un partido amplio, con insuficiencias políticas, organizativas y sin una profunda estructuración en la clase obrera. Pero en el marco de la crisis orgánica en que vivimos cumple un papel fundamental en el sentido de ser una referencia clasista e independiente de defensa de los intereses de los trabajadores y de los oprimidos, ética de la izquierda que no se vendió al capital y de pluralidad política capaz de contener a diversas tendencias de la izquierda socialista.

Además, es la única organización que hoy puede ser una alternativa real a la quiebra histórica del lulismo, en el sentido de acoger a los sectores de masas que rompen con esa burocracia, articular con las demás fuerzas la resistencia efectiva a las contrarreformas en curso y construir una representación política de los próximos procesos de radicalización de las luchas. Pero para que el PSOL pueda efectivamente dar cuenta de estos enormes desafíos son necesarios avances programáticos, tácticos y organizativos.

La disputa interna en el interior del PSOL en el sentido de construir un partido socialista para la lucha de clases, independiente, democrático, internacionalista y con influencia de masas como alternativa al lulismo gana otro importante aliado y abre el camino para que más organizaciones revolucionarias y militantes independientes ingresen en nuestro partido.

Para dar cuenta de los enormes desafíos que tenemos por delante, es necesario avanzar hacia la construcción de un programa para la transición socialista en Brasil, de tácticas dirigidas a la unificación de la lucha directa contra Temer y sus medidas regresivas y de una alternativa política estratégica de organización partidaria capaz de aglutinar y organizar la lucha de miles de trabajadores, jóvenes, mujeres, afrodescendientes y oprimidos en general. Todos estos son desafíos en los que, ciertamente, el MAIS dará una enorme contribución para superar. De esta forma, nos alegramos enormemente con el ingreso de los compañeros en el PSOL y nos sumamos al coro de bienvenida a los compañeros.

[1] Eso era una evidente maniobra para dejar a las demás corrientes rehenes de su sello, pues si la discusión programática no prosperaba no habría tiempo hábil para la legalización de un nuevo partido.

[2] Lo que a nuestro ver es fundamental para que los procesos revolucionarios puedan ser victoriosos y encontrar el camino del socialismo, todos los grandes momentos de la lucha de clases comprueban eso.

Antonio Soler

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