Por Antonio Soler, 05/07/2017

Un balance del 30 de junio, que estaba previsto inicialmente como día de huelga general, es fundamental que se haga de la forma más concreta posible para que identifiquemos en qué correlación de fuerzas nos encontramos y qué pasos son necesarios dar para que podamos superar los enormes desafíos políticos que están ante los trabajadores hoy.

A pesar de la importante adhesión de gremios nacionales (servicios federales, petroleros, correos y otros), estibadores, carreteras, fábricas importantes y metroviarios en algunas capitales, el 30J no llegó a constituirse como huelga general, no tuvo el peso político correspondiente a un fenómeno de esa magnitud.

Así, las principales capitales del país no amanecieron paralizadas, las carreteras importantes no fueron interrumpidas por la fuerza de la clase obrera, actos multitudinarios no tuvieron lugar en las capitales, piquetes y huelgas no ocurrieron en los principales cordones industriales, como el ABC, por ejemplo. Pero eso no ocurrió por la falta de disposición de lucha de los trabajadores y de la juventud, pues si hubiera dependido de ese factor, el 30J podría haber sido igual o mayor que la huelga general del 28 de abril, si no fuera por las maniobras de algunos sectores de la burocracia y la traición de otros.

La burocracia traicionó abiertamente la construcción de una huelga general

Después de la huelga general del 28A la burocracia sacó el pie del acelerador y pisó el freno. En vez de organizar inmediatamente la próxima huelga general, desarrolló una política de organizar actos por “Directas Ya” desvinculados de la lucha por el “Fuera, Temer” y contra sus “Reformas”. Después de eso, la marcha a Brasilia, el 24 de mayo, que demostró gran espíritu de combatividad, acabó quedando sin conexión con un plan coherente de continuidad de la movilización.

Sólo después de ese lapso es que el 30 de junio se estableció como el próximo día de huelga general. Y, sin embargo, mediante una serie de maniobras. En primer lugar, para transformar esa fecha en parte de una “jornada de luchas”. Después de eso, teniendo que mantenerla por la presión de la base y de las organizaciones combativas, la burocracia sindical no tuvo un papel de peso en el sentido de convocarla y organizarla de hecho. El ejemplo de ello fue la demarcación, a última hora, de la participación en la huelga de gremios fundamentales, como el de los autobuses y los metalúrgicos del ABC Paulista.

Las maniobras y las traiciones de la burocracia sindical y política (no podemos dejar de ver el papel que el PT y el PCdoB tienen en ese proceso) tiene razones diferentes, pero que se combinaron a la hora de desmovilizar a los trabajadores. Por un lado, la Fuerza Sindical (FS) y la UGT -burocracias directamente ligadas a los partidos burgueses tradicionales- pusieron el pie en el freno de la convocatoria a la huelga, pues negocian abiertamente con Temer la permanencia del impuesto sindical en el interior de la “reforma laboral”[1]. Por otro lado, la CUT (dirigida por el PT) y CTB (dirigida por el PC del B) también cumplieron un papel nefasto, pues maniobraron las fechas, no denunciaron el papel de FS y CGT, no se jugaron en la convocatoria y no organizaron de hecho la huelga general.

El PT también tuvo un papel nefasto en ese recorrido. Pues, su campaña por “elección directa” para el presidente no es más que una cortina de humo. Con sus principales líderes actúa para construir un gran acuerdo nacional con Temer y su base de sustentación en el sentido de “amenizar” las contrarreformas, contener el avance de la Operación Lava Jato, de forma que no alcance a Lula, y, al mismo tiempo, crear las condiciones de su elegibilidad para 2018. No es por casualidad que incluso ante tantas pruebas de implicación de Temer en los esquemas de corrupción a cambio de favorecimiento de la JBS (y otras que en el momento no están en evidencia) y de la posibilidad de derribar a Temer y sus contrarreformas, Lula ha declarado que la Fiscalía General de la República (PGR) tiene que “probar” las denuncias contra Temer

Aunque moribundo, el gobierno continúa atacando

La ausencia de un poderoso movimiento de masas de los trabajadores es el factor que permite que el reaccionario gobierno Temer, a pesar de enfrentar un nivel histórico de reprobación popular, denuncias de corrupción, lavado de dinero y formación de cuadrillas y una recesión crónica, que sólo ahora comienza a dar señales de mejora, aún no ha caído.

Después de la divulgación de la conversación del dueño de JBS, Joesley Bastista, con Temer, se abrió una crisis que parecía llevar al gobierno a la lona. Pero la clase dominante y la oligarquía política se dividieron en torno al mantenimiento de Temer en el poder. La burguesía teme que otro gobierno, aunque sea electo de forma indirecta, sea más inestable que el actual, no pueda dar continuidad a las contrarreformas y, así, retrocesos en los ataques ya realizados contra la clase trabajadora puedan incluso ocurrir. La oligarquía política -de la que el PT forma parte en su composición y en el modus operandi – sabe que con el alejamiento de Temer por corrupción puede abrirse un proceso de investigación que la alcance en su conjunto, por lo que muchos parlamentarios tienen disposición a desgastar su capital político en la defensa de este gobierno[2].

Evidentemente, todos estos elementos que permiten la precaria permanencia de Temer al frente del gobierno pueden perder su equilibrio a partir de nuevas revelaciones o de un poderoso movimiento de los trabajadores que haga explotar la situación de una vez. Pero, mientras tanto, en ese escenario repleto de divisiones, juegos de interés y contención de la lucha de los trabajadores y de la juventud, incluso ese moribundo gobierno puede hacer avanzar la “reforma laboral” en el Senado – incluso en régimen de urgencia y con fecha prevista para votación para el 11 de julio, e incluso crear condiciones para que la “reforma de la previsión”, que hasta entonces estaba congelada, se pueda volver a tramitar en el Congreso.

La unidad de la izquierda no se puede postergar más

En este escenario de ataque directo a los trabajadores, el primer paso es, evidentemente, luchar contra el avance de la “reforma laboral” que, como todos saben, si se aprueba significará retrocesos históricos contra derechos adquiridos por la clase obrera[3]. Para ello, es necesario organizar caravanas a Brasilia y manifestaciones en todas las principales ciudades del país.

Por otro lado, es fundamental que combinemos la denuncia con la exigencia a las grandes centrales para que pongan inmediatamente una nueva fecha para realizar de hecho una huelga general. Parece ser de común acuerdo en el interior de la izquierda socialista que no se puede hacer una huelga general de hecho en Brasil sin que pase por la convocatoria de las grandes centrales sindicales.

El punto de desacuerdo surge en relación a cómo organizar nuestras fuerzas para garantizar que nuestras exigencias a la burocracia sean más efectivas y para que podamos construir una alternativa radicalmente opuesta al lulismo en medio de esa profunda crisis política que esa corriente pasa. En ese sentido, pensamos necesario romper inmediatamente con una polarización política que muchas veces va del sectarismo al oportunismo extremos.

Para que nuestra lucha -y sus varias tácticas- contra la burocracia pueda realizarse necesitamos dar pasos firmes para unificar nuestras fuerzas contra la burocracia. Como ningún sector de la izquierda tiene condiciones aisladamente de hacer una oposición efectiva a la burocracia -condición tan obvia para la lucha de clases en Brasil, pero que muchos sectores ultrasectarios, especialmente el PSTU, se niegan terminantemente a encarar- se hace más que urgente un proceso de unificación de los frentes sindicales dirigidos por la izquierda socialista.

Lo que a nuestro ver es dar una política concreta e inmediata para la coordinación de fuerzas como MTST, Conlutas e Intersindical. Para nosotros esa es la línea de corte que tenemos que trabajar insistentemente … Y eso tiene que ser hecho a través de un foro que permita una aproximación inmediata, una “coordinación de luchas”, o algo por el estilo, que dé condiciones para que esos sectores hagan las exigencias -y denuncias- de movilización a la burocracia, tan necesarias en ese momento, en condiciones más favorables y que tenga algún peso real. ¡La primera, evidentemente, es que se ponga una nueva fecha de huelga general para derrotar a Temer y sus contrarreformas en curso!

Otro aspecto que queremos destacar es en relación a las alternativas políticas. No podemos, ante una crisis global como la que vivimos, no presentar para la vanguardia y para el conjunto de los trabajadores una salida política que no sea también global, de otra forma no logramos huir del juego de los intereses políticos de la burguesía. Tampoco podemos desconsiderar que para que podamos poner en cuestión los intereses políticos más generales de la burguesía necesitamos romper con los llamados “cercos tácticos”. Es decir, en este momento en que vivimos, efectuar el “Fuera Temer”, imponer elecciones directas para presidente y para el Congreso pondría en cuestión temporalmente las contrarreformas. Evidentemente que sería una victoria para nuestro campo, sólo una lógica sectaria / ultimatista – muchas veces vistas en las formulaciones y críticas que MRT y congéneres hacen a las corrientes que defienden “Elecciones Generales” – no puede comprender eso, es decir, que una victoria política inmediata no garantiza las más mediatas, pero que éstas dependen dialécticamente de las primeras.

Por otro lado, no podemos desconsiderar que luchar solamente por “Elecciones Generales” no es suficiente en el momento de crisis orgánica en que vivimos. El avance de la lucha puede, en la coyuntura en que estamos, poner inmediatamente una situación que exija una salida más global, que nos permita más allá de barrer las contrarreformas en curso, hacer retroceder las que ya se han aprobado y poner en debate la necesidad de las verdaderas reformas que necesita la clase trabajadora en nuestro país.

Por eso, y para finalizar, tenemos que incorporar en nuestro listado de consignas una que dé un carácter más transicional a la política. En esa coyuntura en que vivimos -lejos de una situación revolucionaria- no podemos defender una salida soviética, pues no tenemos correlación de fuerzas, organizaciones y nivel de politización para ello. Por eso pensamos que es necesario discutir con los trabajadores que la lucha por Elecciones Generales sea articulada con la lucha desde abajo por la elección de una Asamblea Constituyente Democrática y Soberana para que se haga una profunda reestructuración de la sociedad brasileña al servicio de la mayoría.

[1] Este impuesto proveniente de la era “getulista” permite que esas centrales y sus sindicatos existan sin el apoyo de la base de los gremios que representan.

[2] La burocracia político-sindical ya apunta hacia arriba porque trabaja contra la masificación de las luchas y por un acuerdo nacional con los partidos del régimen.

[3] Entre ellos: el negociado puede superponerse al legislado, la división de las vacaciones, la reducción del tiempo de almuerzo, el empeoramiento de las condiciones de trabajo, etc.

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