Los choferes y trolebuseras de las empresas de transporte urbano de la ciudad, protagonizaron una huelga histórica, sin precedentes en los últimos años en Córdoba. Dieron una batalla heroica, en defensa de sus salarios y por una nueva dirección de la seccional provincial del gremio Unión Tranviarios Automotor.

Hay que decir que fue una lucha durísima, muy difícil. Se formó una verdadera “santa alianza” acaudillada por el intendente de la ciudad de Córdoba, el radical Ramón Mestre, pero con el aval del gobierno provincial, nacional, las empresas explotadoras del servicio del transporte y la burocracia sindical.

Esta pelea se saldó con una derrota para las trabajadoras y los trabajadores, y aquí hay que hacer una mención muy importante al rol nefasto que jugó la burocracia, principalmente la dirección de UTA nacional.

Roberto Fernández, titular de UTA, intervino en el conflicto para quebrar la unidad y organización independiente de los choferes. Su accionar fue de una caradurez impresionante. Cuando el conflicto estaba en un momento de alza, con toda la base con ganas de pelear por su salario, este burócrata firmo una conciliación obligatoria, medida que jugó a favor de las patronales y los gobiernos. Su objetivo era desmovilizar a la masa trabajadora y mandarlos a confiar en las negociaciones en el Ministerio de trabajo. Conciliación que los trabajadores no acataron y continuaron con el paro.

La burocracia estaba muy asustada por la masividad de las medidas y la unidad por abajo, porque si los choferes ganaban, ponían en cuestión los arreglos salariales miserables que se encargaron de firmar.

Por esto decimos que el conflicto fue político, no solamente sindical. El plan del gobierno de Macri es reventar los salarios de los trabajadores y también sus conquistas históricas, poniendo en cuestión los convenios colectivos de trabajo, su derecho a organizarse de forma independiente y el derecho a huelga.

El objetivo es pasar un ajuste hacia los trabajadores, para que los empresarios puedan seguir acumulando ganancias gigantescas. Y generar un precedente, para que los obreros no levanten más la cabeza, que no salgan a luchar por sus derechos.

Para esto el gobierno no solo acudió a las burocracias sindicales, sino que puso en las calles al aparato represivo. Ingeniaron un procedimiento para romper el paro, que lo llamaron “plan de emergencia del transporte”. Este consistía en que los bondis salgan a las calles operados por carneros, custodiado por gendarmería nacional y acompañado por la policía de la provincia.

Los choferes no lograron comprender la dificultad de la disputa, y confiaron en las promesas de paro provincial de las CGT de Córdoba, y además pusieron muchas esperanzas en los acuerdos firmados con los empresarios.

A partir que el gobierno logro romper la medida, avanzó con despidos masivos. En este momento entre las cuatro empresas hay aproximadamente más de 200. De los cuales la mayor proporción de estos, son trabajadoras de trolebuses. Esto indica el carácter misógino del Intendente Mestre, que no solamente quiere reventar por completo a las y los activistas del transporte, sino también la persecución específica a las trabajadoras de los trolebuses, por su carácter de mujeres luchadoras.

No solo avanzaron con despidos, también lograron aprobar en la legislatura cordobesa la llamada “ley de servicios esenciales”, cuyo objetivo es atacar a los trabajadores en su legitimo derecho a defender sus convenios y salario con medidas de fuerzas. Una verdadera ley antihuelgas.

Además están persiguiendo a los delegados más combativos, tratando de extorsionarlos, les exigen que renuncien a sus fueros gremiales a cambio de reincorporar algunos compañeros despedidos. Esto es un escándalo que no tiene límites.

Hay que sacar varias conclusiones, porque se vienen peleas cada vez más duras, por el carácter reaccionario del gobierno. Macri está yendo a la guerra contra los trabajadores.

Los laburantes tenemos que dar un paso adelante en nuestra conciencia política, saber diferenciar quienes son nuestros amigos y quienes nuestros enemigos. Estas experiencias a pesar de la derrota, ayudan a comprender y sacar enseñanzas.

En primer lugar hay que reivindicar la ejemplar organización por abajo de los choferes, cuyas decisiones se tomaban en asambleas democráticas con toda la base, eso es fundamental. Pero no suficiente, al ser peleas tan duras hace falta una mayor radicalización de los métodos. Porque los patrones y los gobiernos nos llevan a conflictos más duros, y hace que nosotros tengamos que responder con medidas de una magnitud similar. No hay que caer en la absoluta confianza en las instituciones, o en lo legal. Sino empezar a aplicar métodos históricos radicalizados de la clase obrera, como piquetes, tomas de sedes, o bloqueos totales indefinidos, etc.

Desde el Nuevo MAS vamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que las luchas se salden con victorias. Fuerza compañeros!

Corresponsal

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