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Grandes negocios, cruzada contra Irán  y bendición al genocidio del pueblo palestino

Trump sorprendió al mundo iniciando con Arabia Saudita su primera visita presidencial a un país extranjero. Las razones de esta extraña opción quedaron en claro poco después.

Es que además Trump, en su campaña electoral y desde el primer día de su presidencia, había dado muestras de una rabiosa islamofobia, que no distingue a los ínfimos sectores comprometidos con el terrorismo y el jihadismo, de los millones de creyentes que no tienen nada que ver con eso… y que suelen ser sus primeras víctimas.

Ya en la presidencia, uno de sus primeros decretos fue prohibir la entrada en EEUU de ciudadanos de una larga lista de países catalogados como “islámicos”…

De todos modos, esa visión “trumpista” del “terrorismo islámico” era muy  unilateral: sólo afecta a países “islámicos”… pobres. En cambio, Arabia Saudita estaba exceptuada, a pesar de haber sido la cuna de Osama Bin Laden y de Al Qaeda, y de donde salieron en su casi totalidad los que supuestamente realizaron el atentado de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. La islamofobia de Trump se derrite cuando se trata de dólares…

En ese marco, la visita y actividades de Trump en Arabia Saudita tuvieron dos coordenadas muy claras: una geopolítica y otra, la de lograr algunos billones de dólares.

El aspecto geopolítico se centra en dinamizar el enfrentamiento contra Irán como potencia regional. Para eso, se trata de exacerbar la hostilidad entre musulmanes sunnitas (encabezados por Arabia Saudita y gobiernos afines) contra la rama chiíta del Islam, que tiene su centro en Irán.

Por supuesto esto no es nuevo, ni mucho menos un invento de Trump. Agudizar las diferencias religiosas entre los pueblos que se quiere dominar, ha sido un truco clásico de los imperialismos. Ya antes de Trump, lo de “Arabia Saudita versus Irán” tuvo muchas expresiones, directas o indirectas. Una de ellas ha sido la proliferación –alentada y financiada desde Riad y otras capitales petroleras– de organizaciones yihadistas sunnitas que vienen operando en Irak y Siria, de las cuales finalmente nacería el Daesh, el Estado Islámico.

Otra consecuencia terrible ha sido la intervención conjunta de Arabia Saudita, EEUU, Francia y otros en Yemen para castigar a los rebeldes houtíes que en el 2015 se apoderaron de su capital Sanaa. Su pecado sería que los houtíes responden a Irán. Entonces, es lícito un buen genocidio para que escarmienten. Los que se salvan de las bombas están muriendo de hambre y epidemias como el cólera. Este crimen viene siendo cuidadosamente silenciado por los grandes medios.

Para más complicaciones, recordemos que Obama, simultáneamente, maniobró junto con otras potencias para negociar con Irán un acuerdo que le impidiese lograr armas nucleares. Pero el pacto entre Irán y el G5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania) molestó profundamente a los dos grandes enemigos regionales de Irán: a saber, Israel y Arabia Saudita. En EEUU, el acuerdo del G5+1 fue rechazado por los republicanos y, por supuesto, por su actual presidente Donald Trump.

Ahora, Trump logró en Arabia Saudita un buen clima para dinamizar la lucha del Islam sunnita contra los herejes de Teherán. Para eso el reino saudita cuenta con su cortejo de lacayos, los gobiernos de otros países “islámicos” a los que financian desde Riad. Así Trump presidió grandes reuniones con esos lacayos, que lo aplaudieron olvidando sus campañas islamófobas.

Montañas de dólares… ¿se harán realidad?

Pero lo más resonante fue el segundo rubro, las montañas de dólares que supuestamente desde Arabia Saudita se harían llover sobre EEUU. “Ha sido una jornada formidable”, proclamó Trump. “Centenares de millones de dólares de inversiones en los Estados Unidos… y empleos, empleos, empleos!!!”

Se anunciaron 36 acuerdos que van desde ventas de armas a construcción de infraestructuras en EEUU con fondos saudíes. El valor total de las inversiones superaría los 380.000 millones de dólares. Sólo la venta de armas –se supone que para enfrentar a Irán– llegaría a 109.000 millones. Asimismo, el “fondo soberano saudí” se uniría al gestor de activos Blackstone de EEUU para constituir un fondo de 40.000 millones de dólares para renovar las decrépitas infraestructuras estadounidenses.

Sin embargo, a nivel de los especialistas, hay grandes dudas sobre estas cifras. Es que Arabia Saudita no es un barril sin fondo ni la cueva descubierta por Alí Babá, como muchos creen. La caída de los hidrocarburos ha repercutido duramente sobre gran parte de la población… y también sobre las finanzas del Estado… que no hay que confundir con las fortunas inmensas de los 7.000 parásitos que componen la familia real de los Saud. ¡Esas son propiedad privada!

La tasa oficial de desempleo es del 12%, pero es una fábula estadística. El porcentaje real es mucho mayor. Los hospitales públicos están cada vez más faltos de medicinas. El mayor fondo del reino, el General Retirement Foundation (GRF), que paga las pensiones de los retirados del sector público y de las fuerzas armadas, acaba de anunciar que va a la quiebra.[1]

Son noticias como estas las que llegan desde hace un tiempo desde Arabia Saudita… Cumplir con las promesas de compras billonarias de armas y demás acuerdos con Trump, podría dar combustible para un estallido político-social. Por supuesto, Arabia Saudita no es Irán ni Egipto… pero sus trabajadores y sectores populares también necesitan comer.

En Israel, apoyo al genocidio del pueblo palestino

La visita a Israel, a diferencia de la de Irán, no produjo anuncios espectaculares, de miles de millones de dólares. No hubo novedades. Simplemente Trump ratificó su pleno apoyo a la barbarie de los colonizadores sionistas… En esos días ya estaba en curso la huelga de hambre de los presos políticos palestinos, con grandes movilizaciones de apoyo en las calles reprimidas brutalmente… Por supuesto, Trump no dijo una palabra. Pero hizo lo que ningún otro presidente yanqui: ir a la zona ocupada de Jerusalén, lo que implica un reconocimiento tácito de la soberanía de Israel sobre toda Palestina… aunque esto tampoco es novedad.

Sin embargo, el viaje tiene su importancia geopolítica porque Israel, junto con Arabia Saudita, es la otra potencia regional que rechaza el acuerdo del G5+1. No sabemos qué cooperación puede haber logrado en ese sentido, en sus negociaciones secretas en ambas capitales… Pero una cosa es rechazar el G5+1… Otra es lograr consenso en ambos Estados –Israel y Arabia Saudita–, para un acuerdo de frente único contra Irán.

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1.- “Saudi retirement foundation loses reserves…”, Middle East Monitor, May 15, 2017.

Claudio Testa

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