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El prolongado conflicto de la cooperativa láctea SanCor, que desde mediados del año pasado, están protagonizando sus trabajadores contra la ofensiva patronal, y los gobiernos de Macri y Schiaretti, muestran con crudeza, la dinámica de la recesión económica a que nos han llevado, las catastróficas políticas implementadas por los gobiernos capitalistas, en los últimos años. Esta situación ya se venía incubando durante el período del último mandato de Cristina, y pegó un salto cualitativo con la administración neoliberal del macrismo, y su gobierno de ejecutivos de las grandes corporaciones empresariales nacionales y extranjeras.

El pívot sobre el que gira el plan del gobierno del PRO y sus aliados (UCR, PJ, Frente Renovador y el complaciente acompañamiento del FPV) es fundamentalmente transferirle a los trabajadores, los costos de la crisis económica que ellos han provocado, con las consecuencias dramáticas hoy indisimulables de deterioro creciente de las condiciones de existencia de millones de trabajadores y sectores populares.

Para garantizar el cumplimiento de este propósito, cuentan con el “blindaje”, que les proporciona la “architraidora” dirección de la CGT y la mayoría de los sindicatos, que mantienen encorsetado al movimiento obrero, impidiendo su acción colectiva, y entregando o aislando a los que salen a luchar. En este sentido, la directiva de ATILRA, el sindicato de lecheros, no se ha diferenciado en nada. Es que para encontrar las causas del empantanamiento actual, no hay que buscarlas en la falta de disposición de lucha de la base sino en la actitud y la política del gremio.

Si esta lucha hoy tiene trascendencia nacional, no es solo por la envergadura de SanCor (líder en el mercado) sino fundamentalmente por el grado de combatividad, y organización de los compañeros, y de la existencia de una vanguardia, que se plantaron con firmeza y tenacidad, desde el comienzo de la ofensiva patronal, retomando métodos que hunden sus raíces en la rica tradición del movimiento obrero argentino y en su historia propia de la década de los 70, en particular en la planta de camino a Montecristo, en Córdoba:  Asambleas democráticas para decidir todo, paros, boicot a la empresa, ocupación de fabrica, bloqueos de ruta, etc.

La situación actual y las perspectivas

El conflicto entró en una coyuntura crítica, desfavorable, creemos que por el rol del sindicato, que entongado con la dirección de la empresa, y aprovechando la agudización de la ofensiva patronal (cierre y suspensiones en las plantas de Coronel Moldes y Brikman en Córdoba, venta del sector yogures al grupo Vicentin), comenzó a trabajar abiertamente por derrotarlo.

A pesar de haber lanzado un Paro Nacional, el jueves 4 de mayo, se pronunció públicamente y en asambleas de la planta por “flexibilizar” las demandas y facilitarle a la empresa una solución a su situación, “para el bien de todos”.

Este giro conciliador de la directiva, coincidió con el momento de mayor tensión del conflicto, cuando la percepción de los trabajadores que venían parando la planta por el atraso de los sueldos giró hacia la amenaza del cierre de la cooperativa, con la incertidumbre sobre la fuente de trabajo.

Este cuadro de situación (alimentado con hechos y propaganda quejumbrosa por la empresa y manipulado por el gobierno y los medios de comunicación) marcó un punto de inflexión ya que generó confusión entre los compañeros de la fábrica, creando así las condiciones propicias para la intervención del sindicato con su “plan de salvataje”.

Es que a decir verdad, la empresa, a pesar de liderar el mercado de productos lácteos, atraviesa una situación financiera, que le imposibilita desde el punto de vista empresarial, continuar existiendo, con un pasivo financiero de más de 500 millones de dólares, con los bancos y proveedores, por lo cual, con la intervención del gobierno provincial y nacional se inclinaron hacia la posibilidad de desguazarla, ponerlas en oferta de venta a inversores y compañías multinacionales.

Toda esta situación de la empresa es de absoluta responsabilidad de la patronal, que durante más de 80 años, cosechó fabulosas ganancias, a costa de la explotación de sus trabajadores, y hoy pretende hacerlos “socios” de sus desmanejos financieros y sus “pérdidas”.

El sindicato que venía presionado fuertemente por las bases en el conflicto, se pudo acomodar en este nuevo escenario, alineándose en el tándem, con la “rosca” patronal-gubernamental, con el objetivo de desviar el conflicto y llevarlo a la aceptación de “que hay que resignar algo para no perder todo”, insistiendo en que este es el único objetivo posible.

Si este intento tuviera éxito, sería una catástrofe económica y social, que excede largamente a las 4700 familias de la empresa, ya que está vinculada a una extensa red de imbricamiento productivo de regiones y sectores productivos muy extenso, como pequeños y medianos tambos, proveedores de materias primas e insumos, transportistas y habitantes de zonas que articulan su existencia a la lechería.

Existe una salida a la crisis de SanCor, y la deben asumir los trabajadores

Desde el Nuevo MAS cuestionamos la posición que propugna la directiva del gremio, y por eso creemos necesario, refutar las falaces posiciones del sindicato.

En primer lugar, ocultan a los trabajadores que la operación de encontrar “algún rey mago” que rescate a SanCor del naufragio, está sujeta a condiciones sine qua non innegociables de los capitalistas: la derrota de la lucha y el despido de sus activistas. Esto funciona siempre como si fuera una ley de hierro que determina sus decisiones. Veámoslo de esta manera: el problema de cualquier grupo capitalista interesado en invertir, no radica en el abultado pasivo financiero de la empresa (que ellos pueden renegociarlo con los acreedores) sino en el “activo obrero insumiso”, que se opondría a trabajar en condiciones de “semi esclavitud asalariada”, como ellos necesitan para amasar fabulosas ganancias, sobre la base de aumentar los ritmos de producción y precarizar las condiciones laborales.

Y en segundo término, es que niegan la capacidad de los trabajadores de ser sujetos capaces de transformar sus condiciones de existencia con la lucha, e imponer una vía distinta.

Para derrotar este proyecto reaccionario de la sagrada alianza (patronal, gobierno, burocracia sindical) es imprescindible elevar la mirada por encima del plano puramente sindical: El enfrentamiento es esencialmente político, y la lucha debe ser por exigir que SanCor sea estatizada, pero bajo control de sus trabajadores, que democráticamente a través de asambleas, discutan todo, desde sus salarios hasta cómo y cuánto producir.

Por último, como reflexión, creemos que el desenlace de este conflicto va más allá del ámbito de los lecheros, y se perfila como un ejemplo para el conjunto de los trabajadores.

El gobierno y la burocracia pretenden una derrota para desanimar las futuras luchas. Pero si el resultado fuera favorable sería un estimulante colosal para la clase contra el gobierno de Macri y sus socios, y potenciaría el surgimiento de una nueva dirección.

Pollo

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