Los K macartean a la izquierda mientras le garantizan la gobernabilidad a Macri

“Esto es culpa de ustedes, que llamaron a votar en blanco y por eso ganó Macri”, palabras más, palabras menos, este latiguillo volvió a ser utilizado por militantes kirchneristas contra el Nuevo Mas y la izquierda independiente toda, en medio de la pelea por derrotar el 2×1 a los genocidas. A esta sentencia echan mano los K ante cada agudización de la lucha frente a ataques del gobierno. Esta ubicación intenta sellar la polarización entre macrismo y kirchnerismo dejando afuera a la izquierda y esconde una actitud defensiva cuando la realidad los expone en el terreno de la lucha concreta. Es que tanto en el plano político, sindical como social son inconsecuentes –por ser generosos- por ser garantes de la gobernabilidad en el terreno político y del propio capitalismo, más en general. De todos modos, el debate remite a una cuestión de fondo: en su horizonte no hay ninguna posibilidad de librarse del “mal menor”, de lo “posible” y, en su desmoralización ante el enésimo fracaso de las experiencias de nacionalismo burgués, buscan cerrar el paso a conclusiones de fondo, revolucionarias. Nuestra tarea es que al calor de la pelea a brazo partido por la organización independiente de los trabajadores, las mujeres y la juventud y por su dirección, saldar el debate con el kirchnerismo y todas las variantes de conciliación de clases ante la necesidad de una salida por izquierda, socialista, y la posibilidad que abre la experiencia realizada con los 12 años de “progresismo”.

Desde esta ubicación, llevamos adelante la campaña por el voto en blanco, en las difíciles condiciones de la segunda vuelta presidencial donde se potencia al infinito el “voto útil”, mecanismo de la democracia burguesa para empujar a votar a algunos de sus verdugos, y por ende, donde objetivamente teníamos poco espacio. Lejos del argumento K de que para nosotros los dos candidatos “eran lo mismo”, centramos nuestra política alrededor del “rechazo a la trampa de lo menos malo”. Con muchos compañeros de lucha cotidiana, debatimos pacientemente que para enfrentar a Macri, que expresaba en lo político al movimiento reaccionario que ganó las calles a partir del levantamiento de las patronales agrarias, el camino no era ponerle un voto de confianza a Scioli y los K, sino la organización independiente para enfrentar en las calles lo que se viniera.

El antídoto del “mal menor” se probó en Brasil, donde pese a todo el desprestigio del PT por no solucionar los problemas de fondo de los trabajadores, que se comenzaron a agravar con la crisis económica, Dilma ganó las elecciones. Sin embargo, la herramienta electoral no alcanzó a frenar el embate de la derecha, que se llevó puesto al gobierno y arremetió con un ajuste feroz que agarró desarmados a los trabajadores y los luchadores que se resignaron a “resistir con aguante” en la trinchera de los mismos que con su fracaso abrieron paso al envalentonamiento de los sectores más reaccionarios. Recién ahora, dos años después llega la primera respuesta contundente con un paro general. ¿A alguien se le puede ocurrir en Venezuela que la salida para parar la ofensiva de la derecha de la mano del imperialismo yanqui es defender a Maduro y el chavismo, en dramática bancarrota?

Poner en pie alternativas de independencia de clase es una necesidad impostergable porque el socialismo revolucionario lejos de ser el culpable de que gane la derecha, es el único que tiene una alternativa realista para salir de esta situación, que pasa por derrotar en las calles a Macri –en vez de hacer sindicalismo responsable y garantizar la gobernabilidad- y avanzar contra el capitalismo semicolonial, en lugar de garantizarle súper ganancias a las patronales como hacía Cristina.

LA RECETA K DEL “MAL MENOR” EN CRISIS EN LA REGION Y EN EL MUNDO

Lo más reaccionario del “mal menor” que nos siguen recomendando los K, es que hasta en los países imperialistas empieza a hacerse experiencias de que las variantes progresistas no impiden el deterioro en las condiciones de vida del pueblo. En el país del “sueño americano”, donde en una época su burguesía le aseguraba a sus trabajadores un buen nivel de vida a costa de las remesas que giran sus empresas de los países atrasados, el “progresismo” de Obama decepcionó y abrió paso a que ganara Trump, pero también al fenómeno Sanders que hizo que en Estados Unidos se volviera a hablar de socialismo. En el país imperialista del “estado de bienestar a la europea”, Francia, ya el socialismo republicano no contiene a nadie y el régimen tiene que “renovarse” para contener la bronca con Macron.

La experiencia en Grecia con Syriza, un partido nacido mucho más a la izquierda que el kirchnerismo, que en definitiva nació desde adentro del PJ, menemismo mediante, demostró la imposibilidad de solucionar los problemas que plantea el capitalismo actual sin una ruptura radical, en ese caso, con la Unión Europea y el euro.

La experiencia mundial avanza en la ruptura con males menores ¡aún en países imperialistas! Y los K en un país semicolonial pretenden volver a reeditar ese camino que condujo a una nueva frustración, capitalizada por el macrismo, para ganar.

El kirchnerismo consiguió despertar en su momento expectativas usufructuando la rebelión popular del 2001 que obligó a la burguesía a dar algunas concesiones –como puestos de trabajo precarizados- por miedo a la posibilidad de perder todo. Y también el alto precio de las materias primas por la revolución industrial en China. Condiciones que no pudo convertir en plataforma para independizar al país y sentar las bases de generación de riqueza en base a un desarrollo productivo, no sólo por corrupción (como busca hacer creer la derecha), sino porque no hay forma de hacerlo sin romper con el imperialismo y el capitalismo.

Las condiciones políticas para que avance la derecha las generó el propio kirchnerismo intentando reventar junto a la patronal y su burocracia las experiencias obreras y de trabajadores en FATE, Kraft, el Casino, el Hospital Francés, Mafissa, etc., en 2007-2008 (que en algunos casos lo logró y en otros sólo parcialmente), y de Gestamp y Lear en 2014. Al mismo tiempo, permitió el triunfo de las patronales agrarias por negarse a movilizar a los trabajadores. Si, por ejemplo, hubiesen planteado aumentos de sueldos y jubilaciones con la plata de las retenciones, probablemente hubiesen volcado a los trabajadores a las calles contra el campo, pero no era lo que buscaban los K, que sólo querían hacer caja para sostener su modelo y no mejorar la vida de los sectores populares y menos polarizar realmente la sociedad entre los de arriba y los de abajo.

La campaña contra la izquierda por el voto en blanco es basura, donde los K esconden sus capitulaciones en la lucha contra Macri en todos los terrenos. Entre los trabajadores, sin ir más lejos, en el conflicto docente donde dilapidaron marchas que reventaban la Plaza de Mayo por miedo a un desborde que lleve a una verdadera ruptura con Macri y que los ponga también en cuestión como burocracia. En el de Derechos Humanos, donde votaron a los jueces de Macri con los que sancionaron el 2×1, uno de ellos Rosatti ¡ministro de Derechos Humanos y Justicia de Kirchner! En vez de hacer autocrítica por permitir que ganara Macri y por no enfrentarlo consecuentemente, y lejos de sacar conclusiones de fondo, echan tierra a los ojos. Así como atacan a la izquierda independiente lo hacen con los trabajadores y sectores medios por “votar mal”.

Lógicamente hay que rebatir cada uno de estos argumentos canallas contra la izquierda y los trabajadores de hacer el juego a Macri pero llevando el debate al hueso, a la necesidad de poner en pie la única alternativa real, la de los trabajadores, las mujeres y la juventud en lucha, anticapitalista y socialista, la que llevaremos a cada lucha y con la Izquierda al Frente por el Socialismo en el terreno electoral.

Ariel Orbuch

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