El ácido test de la lucha de clases 

 

“El PTS y el MAS objetan esta orientación frentista con sectores combativos del michelismo (…) Uno y otro han formado un bloque político nacional con el Perro Santillán, una especie de michelismo jujeño, antagónico al Frente de Izquierda” (Néstor Pitrola, Prensa Obrera 1308).

 

El cierre de esta edición salió la convocatoria a un acto unitario de lucha en Plaza de Mayo. Se trata de un enorme triunfo de las organizaciones que como nuestro partido veníamos planteando que había que romper con la práctica de los actos electoralistas del FIT; que la coyuntura de peleas contra el ajuste planteaba levantar una tribuna en la plaza de las fuerzas clasistas, moción que peleamos el 15 en Atlanta. A continuación trataremos de explicar las razones de esta “apertura” del FIT.

 

Ni el PO ni el PTS pusieron en el centro de su política la pelea contra el ajuste K

 

El emergente de esta crisis del FIT ha sido la aparición del Encuentro Sindical Combativo integrado por un conjunto de fuerzas, y al que el PO ve como “rival” del propio FIT monopolizado por él.

Los integrantes del FIT (PO, PTS e IS) se la pasaron encerrados discutiendo todo el verano y no fueron capaces de ponerse de acuerdo en una sola iniciativa en común frente al brutal ajuste lanzado por el gobierno; de allí que apareciera el Encuentro de Atlanta como una alternativa frente a tanta inacción, encuentro que cuenta entre las principales organizaciones de su mesa provisoria a nuestro partido.

Una de las razones por las cuales en el seno del FIT no se pusieron de acuerdo en ninguna iniciativa de lucha frente al ajuste del gobierno, es que el PO viene tratando de subordinar al conjunto de la izquierda a su acuerdo por arriba con el michelismo; acuerdo que no cuenta (ni podría contar) con ninguna instancia de organización hacia abajo. El mismo se ha visto coronado en un arreglo concretado por el PO con esta burocracia para las próximas elecciones de la CTA del 29 de mayo (en esta nuestro partido presenta la lista 5 Carlos Fuentealba, única lista verdaderamente clasista,).

Rechazando este acuerdo por arriba con Micheli (un acuerdo ultimatista hacia el resto de la izquierda, incluso hacia sus aliados del FIT), en Atlanta fuimos capaces de organizar un enorme encuentro con 3000 asistentes del cual lamentablemente no participaron los compañeros del SUTNA San Fernando, lo que los dejó marginados de la principal iniciativa de reagrupamiento antiburocrático puesta en marcha en muchos años.

Pero esta crisis en torno al Encuentro tenía sus antecedentes en la ya señalada inacción del FIT frente al lanzamiento del ajuste económico K. Ni el PO, pero tampoco el PTS colocaron en el centro de su política la lucha contra dicho ajuste. El PO estuvo paralizado a lo largo de semanas a la espera de hacer “algo grande” con el michelismo… El PTS encaró por el lado de colocar la lucha por la absolución de los petroleros de Las Heras como el centro excluyente de su política en momentos dónde la realidad dictaba (y dicta) que no hay cuestión más importante para los revolucionarios que llamar a la lucha contra dicho ajuste. Hizo esto mediante el ridículo argumento de que la lucha contra el ajuste sería una pelea meramente “economicista” cuando se trata del principal problema político del país; problema en el cual se le va la “vida” al gobierno. Porque a todas luces es evidente que está en juego no solamente el ajuste mismo, sino la gobernabilidad K. Y que si el ajuste –que es apoyado por toda la patronal- fuera derrotado, el gobierno tendría los días contados más allá de los tiempos que dicta el calendario electoral.  

Si el PTS tuvo la orientación de colocar como centro excluyente a los petroleros, el PO tampoco hizo eje consecuente en la lucha contra el ajuste, y no sólo porque se quedó a la espera del michelismo. ¡La razón de fondo es que en lo único en lo que piensa de manera “consecuente” es en los posibles votos del 2015!

El PO realizó el último fin de semana un congreso partidario cuyo centro fue salir a anunciar… la candidatura presidencial de Altamira. ¡16 meses antes de las PASO, el PO cree que el proceso político del país ineluctablemente conducirá hacia allí ajustando todo su accionar al calendario electoral de la burguesía!

Eso es lo que explica que para este partido nada importen las definiciones que se dan en sus editoriales; son papel mojado: su verdadera lógica pasa por otro lado. Así emitieron, sin ton ni son, definiciones como las que estaba en curso “un golpe de estado”, o la caracterización de que se estaría viviendo un “Rodrigazo” (que fue un evento mayor de la lucha de clases; una de las más importantes irrupciones independientes de la clase obrera en la historia de nuestro país), hasta el planteo que el plan económico no sería “obra de Cristina” sino solo de “Capitanich y Kicillof” y que plantear la autoría presidencial sería “golpista”…

Repetimos, nada importan estos disparates políticos, lo único que importa es como llevar al propio PO (y a todo el FIT a la rastra de él) hacia la próxima contienda electoral.

Toda esta situación parece haber generado alguna crisis en sectores de la base del PTS. Inexplicablemente este partido le cedió al PO todos sus “caprichos” electorales el año pasado. Es verdad que el PTS obtuvo parlamentarios nacionales; una conquista nada menor. Pero el costo fue muy grande: el PO se alzó con la principal representación y una visibilidad entre amplios sectores como indiscutible “mandamás” del FIT. Una presencia desproporcionada en relación a su inserción orgánica entre los sectores principales del proletariado industrial como se pudo ver en los piquetes del 10 de abril.

 

“El nuevo MAS va a desaparecer”

 

Esta crisis general del FIT no nos sorprende. Desde el 2011 centramos nuestras críticas en tres aspectos. Desde el principio señalamos que se trataba de un frente electoral de independencia de clase, lo que era y es  progresivo; de ahí que muchas veces reclamáramos un debate a sus componentes, así como los llamamos a votar críticamente cuando las PASO nos dejaron afuera.

Sin embargo, también señalamos que su conformación se había hecho bajo un criterio sin principios: aprovechándose de la ley electoral proscriptiva de la democracia de ricos para dirimir las relaciones de fuerzas con nuestro partido. Los integrantes del FIT se cansaron de afirmar que “desapareceríamos”. ¡Los 115.000 votos que obtuvimos le dieron un claro mentís a esta “hipótesis”, incluso en el terreno más desfavorable para nuestro partido frente al FIT: el terreno electoral!

En segundo lugar, señalamos las sucesivas campañas electorales con fuertes rasgos oportunistas realizadas por el FIT.Por ejemplo: no denunciar los mecanismos proscriptivos del régimen; o no haber identificado al gobierno K como el responsable de los males; así como autoproclamarse cual “chapulín colorado” la “solución” para todos los males de los trabajadores… en vez de presentarse como una herramienta de lucha y llamando a los trabajadores a confiar sólo en sus propias fuerzas.

En tercer lugar, fuimos avanzando en nuestra crítica de que el FIT actúa muchas veces generando la expectativa que desde el Congreso se podrían resolver los problemas en vez de insistir, como enseñaba Rosa Luxemburgo, en que la fuerza de los trabajadores siempre está en las calles.   

 

La importancia de la lucha de clases

 

La orientación que viene teniendo el PO reduce la estrategia de “fusión de la izquierda con el movimiento obrero” al terreno electoral. Desde ya que este terreno puede servir como un punto de apoyo muy importante para ampliar la influencia de los revolucionarios sobre las masas; más cuando se viene de un éxito electoral sonado (en realidad, de dos éxitos electorales). Pero nunca habría que olvidarse que ninguna identidad política histórica en el movimiento de masas, siquiera las grandes identidades burguesas, se obtuvieron por el sólo expediente electoral.

Pongamos por caso el peronismo. Todo el mundo sabe que Perón se hizo fama de “defensor de los intereses de los trabajadores” desde la Secretaría de Previsión Social de los gobiernos de comienzos de la década del 40. También que se presentó a elecciones a comienzos de 1946 bajo la legalidad del Partido Laborista (partido apoyado en los sindicatos que luego disolvió para fundar un partido de estado directo: el Partido Justicialista).

Pero lo que el PO no debería nunca olvidar es que en octubre de 1945 se produjo el conocido acontecimiento de la detención de Perón y la movilización obrera (no independiente, pero igualmente de masas) del 17 de octubre que logró liberarlo. A su forma, se trató de un acontecimiento de la “lucha de clases”. En todo caso, de un hecho político directo que soldó la relación (burguesa) de Perón con la clase obrera.

Los revolucionarios no deberíamos perder de vista nunca que esta fusión entre nosotros y las grandes masas obreras jamás se podrá dar sin una radicalización de la lucha de clases, por el simple expediente electoral; esto más allá que los triunfos electorales de la izquierda sirvan enormemente para una acumulación en ese sentido y sea un terreno que de ninguna manera podrías abordar de manera infantil.

 

Hacia una rediscusión global del frentismo de izquierda

 

En todo caso este texto obra a modo de resumen de las razones de la crisis del FIT; esto no quiere decir que el Nuevo MAS quiera la “ruptura del FIT”: eso no es verdad; sería una posición sectaria. Lo que ha hecho poner en crisis el FIT no es nuestra política (aunque hayamos acertado en marcar muchos de sus problemas y agudos límites), sino la lucha de clases. Siquiera frente a algo tan elemental como un paro general pudieron tener una posición común, ¡siquiera emitir una declaración de un renglón! Son sus mismos integrantes los que están poniendo en crisis dicho frente y no nuestro partido.

Además, siempre defendimos que el FIT tenía el aspecto progresivo de ser un agrupamiento de independencia de clase y en las instancias en las que no nos pudimos presentarnos por la ley proscriptivas, llamamos a votarlos críticamente.

Así las cosas, nuestra posición es que, para superar su crisis, el FIT debería dar un proceso de “barajar y dar de nuevo” entre sus integrantes y nuestro partido. Abrir una discusión “refundacional” (o como se lo quiera llamar) que incluya a nuestro partido y que plantee la manera de superar el curso electoralista.

 

Luís Paredes 

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