El movimiento de mujeres ha venido dando muestras de su gran fuerza. La última marcha del 8N, donde miles y miles de mujeres tomamos las calles contra el gobierno reaccionario de Macri y sus políticas de ajuste, contra los femicidios y la violencia, por el aborto legal, y contra las redes de trata y explotación sexual; la absolución de Belén, la joven tucumana presa por un aborto espontáneo; el histórico fallo contra los proxenetas de Alika Kinan y contra el Estado, son muestras claras del avance que venimos conquistando.

Los enormes pasos que estamos dando tienen que ser acompañados por debates y balances acerca de nuestras acciones, nuestros enemigos y aliados, y estrategias de lucha. Debates que nos tienen que servir para seguir avanzando en el camino de la lucha por la emancipación.

Esto es lo que motiva hoy poder encarar un nuevo debate desde el abolicionismo; un debate que permita clarificar posiciones, que en los últimos meses ha tomado nueva relevancia dentro del Movimiento. En los últimos tiempos volvió a tomar notoriedad la nueva ofensiva de la tendencia “Pro Sexo”, es decir la invitación al ejercicio de la prostitución como si se pudiera dar en condiciones libres y autónomas. Expresada en la frase “Ni yuta ni Tuya. Puta”, esta tendencia le da un nuevo giro al debate en relación al “Trabajo Sexual” aportando nuevos elementos que merecen ser analizados.

Históricamente el reglamentarismo se ha planteado como una alternativa supuestamente concreta, en el “aquí y ahora” para aquellas mujeres y trans que se encontraban en situación de prostitución. La propuesta era que la pelea por una serie de leyes que encuadrara tal “actividad” resultaría en resguardar un mínimo en la calidad de las personas explotadas. El control por parte del Estado es, desde esa mirada, garantía de un mínimo bienestar y de algunos beneficios sociales, como la obra social, la jubilación, etc. Las organizaciones sindicales para las “trabajadoras sexuales” se concebían como herramientas de defensa, frente a una realidad brutal para miles y miles de mujeres, trans, niños y niñas.

Desde Las Rojas polemizamos en reiteradas ocasiones con esta posición, por considerar que la única forma de enfrentar la barbarie a las que son sometidas las mujeres y trans explotadas, es en la lucha por la abolición definitiva de las redes de trata y explotación sexual. Con un programa que tiene como horizonte la emancipación definitiva, pero que se plantea peleas estratégicas contra el Estado Capitalista y Patriarcal por arrancarles conquistas que mejoren la calidad de vida, en el marco de luchar también contra la represión y persecución a las mujeres en situación de prostitución.

Pero los argumentos y peleas específicas del reglamentarismo han mutado en el último tiempo, y así también el debate en torno a esta perspectiva.

 ¿Quiénes levantan la bandera reglamentarista? Posición Pro sexo

La nueva tendencia dentro del reglamentarismo llega con una nueva versión de la “experiencia” de la prostitución. Si antes se planteaba la necesidad de la sindicalización para poder organizarse frente a las brutales situaciones a las que eran sometidas esas mujeres y trans, hoy más bien se plantean los grandes beneficios que tendría la prostitución para las mismas.

El punto de partida de esta concepción es el siguiente: vivimos en una sociedad patriarcal donde el placer por la propia sexualidad de las mujeres es  negada y debe estar al servicio de otros. La sexualidad es normativizada, moralizada, marcando estándares de lo aceptable y lo inaceptable. Se nos niega vivir libremente nuestra sexualidad. El matrimonio es la institución por excelencia que cristaliza esta normativización de la sexualidad. El “trabajo sexual” es presentado entonces como la contracara, rebelde y transgresora del matrimonio: el sexo no está ligado al afecto y la sumisión, sino al ámbito de la actividad comercial. La autoafirmación como “trabajadoras sexuales” es el primer paso para el empoderamiento, para la independencia y autonomía en relación a los varones.

Dicen que ganar dinero con el sexo genera autonomía y transgrede el sistema patriarcal de opresión: como el patriarcado nos impone una sexualidad objetivizada, mercantilizada, nosotras ¡le ganamos la pulseada si la hacemos plata!

Eso es tramposo porque en realidad no pone en cuestión cómo el régimen nos despoja del derecho que cada una tiene sobre su propio cuerpo, sino que lo hace bandera. Reproduce fielmente los mandatos patriarcales: que nuestros cuerpos no sean nuestros si no una mercancía que se puede comprar.

Pero para hacer de un mandato opresivo una bandera de lucha, tienen que llegar al extremo de negar las relaciones de opresión que implica el régimen patriarcal. Por eso dicen que los encuentros entre las “trabajadoras sexuales” y los “clientes” no siempre son en desigualdad, entre varones machistas y mujeres víctimas, sino meramente un intercambio comercial pactado, donde hay un “servicio” y un “precio” que el “cliente” tiene que pagar o “seguir su ruta”.

Para Virgine Despentes en su libro “Teoría King Kong”, el “trabajo sexual” es “Hacer lo que no debe hacerse: pedir dinero por lo que debe seguir siendo gratuito”. He ahí la gran transgresión de la teoría Pro-Sexo.

Historias de luchadoras

Esta definición contrasta fuertemente con las historias de Sonia Sánchez, Alika Kinan, Elena Moncada, Lohana Berkins, para quienes la prostitución no fue una de tantas opciones, y mucho menos un camino a la liberación. Contrasta fuertemente con la historias de las mujeres y trans que “paran” en Constitución, o en Plaza Flores, o con las “ruteras” de las provincias del norte, o con las mujeres de los prostíbulos de Ushuaia.

Los relatos escalofriantes que hemos escuchado tantas veces de estas mujeres; la prostitución como destino único para las compañeras trans; las niñas que ingresan a los circuitos que ya conocen sus madres y abuelas. Las agresiones de los protituyentes, de los policías, los proxenetas. Incluso en los países donde ha sido reglamentado el “trabajo sexual” como en Holanda, no deja de ser una actividad para las mujeres más pobres, sobre todo las inmigrantes; el 70% de las mujeres que están en las famosas vitrinas son inmigrantes, y sólo la mitad conoce el idioma del país.

La reglamentación no logró mejorar la calidad de vida de esas mujeres, simplemente que el lucro fuera más sencillo (contabilizado en el PBI del país). Ni siquiera un Estado capitalista avanzado económicamente como Holanda logró con la reglamentación controlar el negociado del proxenetismo; ahí también siguen funcionando las redes clandestinas de explotación sexual. Para dar una muestra, sólo el 15% de los municipios tiene registro de los circuitos ilegales de prostitución. El resto no tiene información, muchos menos una política de erradicación.

El supuesto empoderamiento del que hablan, no es otra cosa que la derrota disfrazada con maquillaje; “no podemos cambiar las cosas, vamos a decir que la elegimos”. Niegan el patriarcado, niegan las relaciones desiguales, niegan los privilegios de los varones sobre los cuerpos que consumen, amparados por el poder estatal.

Dicen defender la autonomía de quienes sí pueden elegir, como si nada tuviera que ver la realidad de cada una de esas mujeres con las miles de explotadas. Cuando repiten que al cliente que no le guste pagar el “precio que ponen” que siga su ruta, claro que la siguen! La siguen hasta donde están esas mujeres y trans, esas niñas y niños, que no negocian porque no tienen nada con qué pelear, que sobreviven con cada moneda y que no pueden rechazar un solo prostituyente, por su miseria económica o por la violencia que descargan contra ellas. Siguen a esa ruta donde las relaciones claro que son desiguales, porque el patriarcado existe, e impone que la sexualidad, los cuerpos, la vida de las mujeres y trans no sea propia sino de quien tiene el poder, el dinero para pagarlo.

Proponen la reglamentación del “trabajo sexual” para defenderse de los códigos contravencionales que habilita a la policía y fuerzas de seguridad a golpear, detener, violar a tantas compañeras. Pero el problema es que la reglamentación no es otra cosa que darle más poder a esa policía. ¿Quién va a ser garante de que no haya proxenetas, o que ya no se obligue a ninguna persona a ser explotada? ¿Que cada mujer o trans esté debidamente inscripta en la AFIP? Esos mismos policías, inspectores, jueces y fiscales que hoy amparan y muchas veces son parte de las redes de explotación.

El problema es que quienes levantan las banderas Pro Sexo niegan la existencia del Estado Proxeneta, como el gran organizador de este sistema de explotación. Al argumentar que no todas las relaciones entre prostituyentes y mujeres y trans son desiguales, niegan el carácter patriarcal de las relaciones sociales de nuestros tiempos. Niegan que haya poder de un lado, y no del otro. Niegan que el privilegio de los varones que consumen está sostenido por el Estado, ese mismo Estado a quien le piden la reglamentación.

La trata y el “trabajo sexual”

En el 2013 Aníbal Fernández (entonces senador del FpV) quiso promulgar un proyecto de ley que penalizaba a “clientes” de mujeres víctimas de trata. Se desató un intenso debate, ¿cuál era la distinción que planteaba el senador, entre una víctima de trata, y  otra mujer o trans que estuviera en el circuito de explotación sexual?

El proyecto era una trampa que quería hacer aparecer como dos cosas que nada tenían que ver a la trata y la explotación sexual: en el fondo se escondía una división entre la prostitución consentida (que podría llamarse también “trabajo sexual”) y la obligada.

Este es un debate reiterado, pero siempre vigente. La trata no es más que el traslado o la recepción de una persona para ser explotada. Es un evento más, en la cadena de sucesos que atraviesan las mujeres y trans explotadas.

El caso de Alika dejó esto muy bien planteado. Ella era trasladada por sus proxenetas desde y hacia distintas provincias y distritos para llevarla a prostíbulos de cada lugar. La trata no existe como un fin en sí mismo sino que cumple una función en el circuito de la explotación: ya sea para garantizar mujeres y trans en zonas nuevas, para garantizar seguridad a los proxenetas (mover a las mujeres para que no haya denuncias), para someterlas subjetivamente (cercenando los posibles vínculos afectivos fuera del prostíbulo). La trata no es el secuestro o el engaño. La trata es el traslado de una persona para ser explotada, aun a sabiendas de ese destino, aprovechándose de su necesidad. Otro de los puntos que dejó bien demostrados Alika: no es que ella no supiera que viajaba a Ushuaia para entrar a un prostíbulo. Es que era lo único que conocía como realidad posible. Y eso fue posible porque en Ushuaia existían los prostíbulos.

“Trabajo sexual” no es igual trata, dicen. Claro, no lo es. Pero si hay prostíbulos, si hay zonas rojas, si hay circuito de explotación, hay trata.

Como ya dijimos tantas veces y seguiremos repitiendo: a Marita Verón no la secuestraron para tenerla encerrada en un sótano, sino para explotarla en los prostíbulos. Si no existieran los circuitos de explotación, la trata no tendría razón de ser. Reglamentar el “trabajo sexual” es la garantía de que la trata seguirá teniendo un destino seguro para su negociado.

Para ganar hay que ir por todo

Desde que asumió el gobierno de Macri mostró una de sus caras más reaccionarias: el ataque directo a los derechos de las mujeres. El cierre de programas de asistencia a mujeres en situación de violencia, refugios, programa de salud sexual, intentar dar marcha atrás con el protocolo de abortos no punibles, la detención de mujeres acusadas de abortar o por defenderse de los violentos, la represión en el último ENM, son algunas de las muestras del carácter misógino y patriarcal de este gobierno. Aunque quiso lavarse la cara poniendo a la “feminista nacional y popular” Fabiana Túñez al frente del Consejo Nacional de las Mujeres, se ha dedicado a querer revertir las conquistas que conseguimos luchando en las calles.

Ese contexto de avanzada, no sólo contra las mujeres sino contra los sectores oprimidos en general, impone un contexto donde el movimiento tiene que dar una pelea furiosa para derrotar este gobierno. La pelea es mucho más dura y las posibilidades de conseguir proyectos de ley que mejoren las condiciones de mujeres es más acotado.

Si el problema de la explotación sexual no da lugar a matices, si cuando los proxenetas utilizan los argumentos Pro-Sexo para defenderse, si sólo se puede estar del lado de las mujeres y trans explotadas o del lado de los proxenetas, esto se recrudece en las condiciones actuales, donde el gobierno de Macri vino por todo.

Está planteada una nueva situación para el movimiento de mujeres: hay que dar una batalla de fondo no sólo por mejorar algunas condiciones de vida, sino para transformar el conjunto de la sociedad. Un gobierno tan reaccionario como éste supone un movimiento de mujeres que salga a enfrentarlo hasta el final, que se plantee una transformación radical que dé vuelta la sociedad: esa transformación es la perspectiva del Abolicionismo.

Con esto no queremos decir que nada hay por hacer hasta se de vuelta de raíz el conjunto de las relaciones de opresión y explotación. Hay peleas para dar, y para ganar, pero sólo lo vamos a conseguir en la perspectiva de un cambio radical, global, que sólo lo podemos llevar adelante en alianza con lxs trabajadores y trabajadoras y de la juventud.

Seguir luchando por una sociedad donde no haya más explotación ni opresión; donde las relaciones se basen en el afecto, el respeto y el cuidado, y no en la necesidad material. Y en el camino batallando por arrancarle todas las conquistas que podamos a este gobierno misógino, que nos permitan estar cada vez un poco mejor.

Desmantelamiento de las redes de trata y explotación sexual.

Prisión efectiva a los proxenetas y a todo el que lucre con la explotación sexual. Destitución de los funcionarios cómplices.

Trabajo digno y asistencia integral para las mujeres y trans víctimas de trata y explotación sexual.

Integración del trabajo doméstico a la producción social.

Subsidios para capacitación con miras a la independencia económica.

Prioridad a las mujeres y trans en los planes de vivienda, y vivienda inmediata para las víctimas de explotación sexual y violencia familiar.

Refugios e Instituciones convivenciales de alojamiento.

Programas de atención con formación en la problemática y perspectiva de género.

Educación sexual pública, laica, científica y feminista.

Aborto legal, seguro y gratuito en el hospital público. Programas reales de anticoncepción. Protocolos de Aborto no Punibles.

Separación de la Iglesia del Estado. Fin de los subsidios a la educación religiosa.

Cárcel a golpeadores, abusadores y femicidas.

Unidad del movimiento de mujeres con el movimiento obrero y popular para destruir el capitalismo patriarcal y construir una sociedad sin explotación ni opresión.

Marina Hidalgo Robles 

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