Chile no sólo vive estas protestas masivas que indican además que es unilateral decir que en América Latina todo va hacia la derecha.

Lo importante y de fondo es que no sólo hay una crisis política del gobierno saliente y su coalición Nueva Mayoría. Asimismo, está cuestionado y deslegitimado el régimen político post-Pinochet y también, aunque desigualmente, sus partidos, sean de derecha o “izquierda”.

Este año, en noviembre, habrá elecciones presidenciales. Inicialmente, el desastre y la decepción con Bachelet y su “Nueva Mayoría”, han llevado agua (y votos) al molino de la derecha. Gracias a ellos, pintan otra vez personajes como Sebastián Piñera, el billonario que en el 2014 salió repudiado del Palacio de La Moneda. Por su parte, la Nueva Mayoría, para competir, comienza a desempolvar otras momias aún más antiguas, entre ellas, José Miguel Insulza, ex Secretario general de la OEA, o Ricardo Lagos, ex presidente en el 2000.

Pero estas elecciones presidenciales probablemente no se van a dar en un cuadro “normal”, sino también de deslegitimación del régimen político.

Hay que tener en cuenta que, en Chile, a diferencia de lo que sucedió en Argentina, no hubo un derrumbe de la dictadura militar. En 1990, Pinochet no sólo se fue tranquilamente a su casa, donde nunca jamás fue molestado. Más grave aún, ha sido que el régimen “democrático” que lo sucedió ese año fue, por un lado, un cambio, pero por el otro, una continuidad de su dictadura. No hubo un derrocamiento de la dictadura, sino un régimen pactado con Pinochet y los amplios sectores de la burguesía que lo habían sostenido.

De allí, por ejemplo, que fueran necesarias movilizaciones estudiantiles y populares enormes para horadar en algo el escándalo de la educación universitaria sólo para ricos, dispuesta por el pinochetismo. Y más aún, para acabar con otro engendro neoliberal-pinochetista el robo de las AFP, lo que todavía no se ha logrado.

Tanto las fuerzas de derecha (agrupadas en la coalición “Chile Vamos”), como las de la supuesta “izquierda” que hoy gobierna con Bachelet (agrupadas en la coalición “Nueva Mayoría”) coinciden en el continuismo del régimen heredero de Pinochet.

Esto ha ido generando un profundo (y justificado) descontento y descreimiento político en los sectores populares y de trabajadores. Reflejo de eso fue la enorme abstención en las elecciones municipales del año pasado. ¡Dos tercios de los electores no fueron a votar! La abstención masiva golpeó principalmente a las listas de la “Nueva Mayoría” y favoreció a las de derecha de “Chile Vamos”.

Pero hubo una excepción importante. En Valparaíso, la segunda ciudad del país, de tradicional peso político, surgió una alternativa de izquierda contra el “bi-frentismo” del régimen. Por el 54% de los votos, ganó la alcaidía Jorge Sharp, un ex dirigente estudiantil secundario y universitario de larga trayectoria. Sharp pertenecía a la organización Movimiento Autonomista, que es independiente de la “izquierda” gubernamental del PS, el PC & Cia., agrupados en “Nueva Mayoría”.

¿De dónde salen estos dirigentes y su corriente? Recordamos que, apoyándose en las grandes movilizaciones que tuvieron su pico en el 2011, esa corriente autonomista encabezada por Gabriel Boric, Sharp y otros líderes estudiantiles desconocidos, logró desbancar a los tradicionales dirigentes del PC en las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh). Entre ellos estaba la mundialmente famosa y “mediática” Camila Vallejo.

Años después, en 2016, rectificando las tradicionales (y equivocadas) posiciones autonomistas de no intervenir en las elecciones “burguesas”, lograron en Valparaíso ganar las elecciones a Alcalde, una victoria que resonó en todo Chile1.

Ahora, junto con otras corrientes similares “posmodernas”, autonomistas y anarquistas han lanzado un tercer agrupamiento –el Frente Amplio– para enfrentar a las dos coaliciones tradicionales, “Chile Vamos” y “Nueva Mayoría” en las presidenciales de noviembre. Habría mucha presencia juvenil, proveniente en gran medida de los movimientos estudiantiles y sociales.

Esto es algo que, si se desarrolla, podría romper desde la izquierda el escenario político “bi-frentista” instalado en el Chile post-Pinochet.

El proyecto del Frente Amplio, alcances y límites

Con motivo de la sorprendente victoria de Jorge Sharp en Valparaíso el año pasado, nos preguntábamos si había surgido un “Podemos” chileno. Desde ya, ese fenómeno, y más ahora el Frente Amplio, se parecen mucho al Podemos español, sobre todo en sus inicios.

Sin embargo, la situación de España no es la de Chile. Es una realidad que presenta confrontaciones más ríspidas, más “latinoamericanas” y menos “parlamentarias”, agravadas además por las herencias y continuidades de Pinochet en el actual régimen político y social. Por ejemplo, lo de las AFPs, un “incendio” como no existe en España.

El eje político con que el Frente Amplio va a las presidenciales es el de imponer una Asamblea Constituyente que liquide la actual Constitución y otras “herencias de Pinochet”, que “garantice los derechos sociales” como las pensiones, que “diversifique la economía poniendo por delante la soberanía nacional”, que “recupere nuestros recursos naturales y financieros. La sola recuperación del cobre y los fondos previsionales de los trabajadores, permitiría garantizar el derecho y acceso a la salud, educación y pensiones dignas”, etc.

Desde ya que el programa no es marxista revolucionario, y en muchos aspectos es gaseoso. Pero sostiene un enfrentamiento progresivo y por la izquierda con las dos “coaliciones” tradicionales, “Chile Vamos” y “Nueva Mayoría”, que han continuado en Chile el “pinochetismo después de Pinochet”. Su consigna central de una Constituyente para un cambio radical político y económico-social es igualmente progresiva. Pero hay que advertir que sólo la movilización revolucionaria de la clase trabajadora y sectores populares podrían imponer una trasformación de esas dimensiones.

A partir de allí, hay que observar también que todo esto tiene sus límites. Nos parece bien que un conjunto de organizaciones de origen autonomista y/o anarquista hayan superado el estéril “abstencionismo” en las elecciones del Estado burgués, y se unan para presentar una alternativa por la izquierda. Pero verificamos en sus documentos y actividades que todo ahora se enfoca en el terreno electoral… y electoralista.

Las luchas del movimiento obrero no aparecen, por ejemplo, en la agenda del flamante Frente Amplio. Es verdad que, en Chile, con la dictadura de Pinochet, la clase obrera y trabajadora sufrió su más terrible derrota y que le cuesta remontar. Ya no encabeza las luchas sociales y políticas. Esto se agrava por la burocracia corrupta de la CUT (Central Única de Trabajadores), en gran medida ligada al PC, que es parte del entramado de colaboración.

Sin embargo, en las últimas semanas, se desarrolló la huelga de los 2.500 mineros de La Escondida, la mayor productora de cobre del mundo, que tuvo amplia repercusión latinoamericana e internacional. Simultáneamente, tuvo lugar la “presentación en sociedad” del Frente Amplio. Pero fue como si ambos acontecimientos sucediesen en dos planetas distintos.

1.- Ver Rafael Salinas, “¿Surge un ‘Podemos’ chileno?”, SoB, nº 403, 27/10/2016 http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=8812

 Rafael Salinas

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