Entrevista a Anita, militante del PRT La Verdad, el PST y el Nuevo MAS



Los trabajadores de los grandes frigoríficos concentraron una franja importante del movimiento obrero y fueron protagonistas de grandes huelgas desde el comienzo del siglo XX. Las condiciones durísimas dentro de las plantas forjaron un activismo que entregó jornadas heroicas a la historia de las luchas en nuestro país. Como parte de esta rica experiencia, entrevistamos a Alicia, militante sindical y política del PRT (La Verdad) primero y del PST más adelante, constructora de la Lista Gris, referente antiburocrático en las décadas del 60 y 70. Activista y militante posteriormenteen los gremios de la Alimentación y Sanidad y compañera del Nuevo MAS.

 

SoB: ¿Cómo comienza tu experiencia en el gremio de la Carne?

A: La historia que yo conozco arranca del año 45, cuando se firma el convenio de la Carne. Incluía: salarios, normas de trabajo y lo fundamental, la organización gremial de los trabajadores. Constaba de que tenías comisiones internas cada 50 compañeros. Era un delegado general y dos vocales. ¡Cada 50 compañeros! Imagináte que había secciones de 3.000 mujeres, la cantidad de delegados que había.

Eso fue lo mejor que le pasó al gremio en toda la historia. Eso se pierde en el 62, que hay una huelga por salarios, por normas de trabajo, porque querían sacarles todo. Entonces hay una huelga muy grande de 110 días. Y ahí entra el declive del movimiento obrero en general. Pero en particular en los frigoríficos habían dado una pelea muy dura. En esa época había grandes frigoríficos en varios puntos del país. Sobre todo en Buenos Aires, Entre Ríos y Rosario. En Rosario estaba la otra parte del Swift. Acá en Buenos Aires estaban el Swift, el Armour, La Negra (Avellaneda), La Blanca (Dock Sud). Había un frigorífico en Valentín Alsina, el Wilson. Eran grandes frigoríficos donde había una masa de trabajadores impresionante. Entre el Armour y el Swift superaban los 20.000 trabajadores. El Swift llegó a tener 17.000. Yo entré directamente al Swift. El Armour dejó de operar en 1969.

Fue una huelga muy creativa por parte de los trabajadores.

El burócrata del sindicato dirigía las asambleas con el revólver sobre la mesa.

Eran creativos en el sentido de que no dejaban pasar ningún carnero. Hacían piquetes en la punta de la calle y no había lugar por donde pasar para entrar al frigorífico. En esta punta de la calle, teniendo esta calle controlada no  entraba nadie. Alguna que otra entraba, sobre todo mujeres supervisoras. Entraban en autos que no se las veían. Ahora, cuando se enteraban, había piquetes de mujeres para mujeres. Los hombres decían: “no podemos tocar a las mujeres”. Y las mujeres hicieron sus propios piquetes. ¿Qué hacían? Agarraban a las carneras cuando salían, tenían preparado un tacho con brea, las desnudaban, les ponían brea y las largaban por la Montevideo, la calle principal de Berisso. Y todo el comercio les cerraba las puertas, no las dejaban entrar, pedían ayuda y nadie se las daba. Había una solidaridad impresionante en los comerciantes. Era la época de la libreta, que los almacenes se movían con la libreta y cobraban con la quincena. Todo el comercio se bancó toda la huelga sin cobrarles a los trabajadores de los frigoríficos.

Cuando levantaron la huelga, que la vendió totalmente la burocracia, ponían a la gente en fila y los hacían entrar a dedo. “Vos sí, vos no, vos estuviste en la huelga, vos no entrás”. Hubo un montón de despidos.

 

SoB: ¿Qué fue El activista de la carne?

A: Cuando yo entro, en el año 65, había una agrupación que era El activista de la carne. Yo leía los volantes, pensaba que era un solo tipo: el activista. Yo decía: “qué bueno, este habla lo que  me pasa en la sección”. Que te exigían determinada cantidad de producción por hora, la mayoría no llegaba a hacer la producción. Te exigían que hicieras 100 kg. por hora y a veces la carne no te ayudaba, era una carne de vacas viejas que no podías, te desafilaba los cuchillos, no podías hacer los kilos necesarios. Te hacían firmar una advertencia, a la tercera te suspendían y a la tercera suspensión, quedabas afuera. Y yo veía eso y no enganchaba a nadie, porque encontraba los volantes en los baños, en el comedor, afuera, pero nunca encontraba a nadie. Y un día que fuimos a comer afuera con una compañera, a la hora del relevo (nos daban media hora), viene un tipo de anteojos oscuros que yo lo había visto a la entrada charlando y manejaba un autoelevador. A veces cuando salía estaba en lo que llamaban “la paritaria”, que era el cubículo del sindicato. Y ese día me da un volante. “Ah, ¿ud. es El activista de la carne?”, le dije. Me dice: “Así se llama la agrupación, yo pertenezco a ella”.

 

SoB: ¿Cómo funcionaba la agrupación?

A: La agrupación era conocida, pero totalmente clandestina. En ese momento eran dos militantes y simpatizantes o acercados en total diez, que era muchísimo para el trabajo clandestino de ese momento. Y solamente se hablaba del problema gremial, poco del problema político. Pasaron varios meses hasta que me pasaron un periódico (yo me imaginaba que eso no salía solo de los que estaban ahí, a mí se me ocurría porque lo oía nombrar al Partido Comunista). Me lo tuvieron que pasar porque empecé a averiguar, a preguntar: ¿quién hacía los volantes? Porque yo veía, nos pedían plata, pero con el aporte que uno hacía no podía bancarse tanto volante y a veces, boletines.

Entonces me invitan a una reunión donde van compañeros del partido. Ahí entré al partido.

 

SoB: ¿Y la Lista Gris cómo surge y se forma?

A: La Lista Gris ya había existido cuando estuvo Hugo Blanco (*).La historia del movimiento obrero y la participación del partido dentro del movimiento obrero, ahí en Berisso, saltaba que Hugo Blanco había sido el creador de una lista de la oposición, que era la Lista Gris. Cuando se dio la oportunidad de participar de las elecciones, para elegir un color de lista, teníamos que elegir. Yo me acordé de eso, y dije: “Bueno, habría que reflotar la Lista Gris de Hugo Blanco.” Poco antes de que yo entrara al partido, se había formado la Lista Rosa Unidad para sacarlo al burócrata que estaba en el sindicato, integrada por varias agrupaciones. Estaba una agrupación que era de “los santiagueños”, los radicales, el PC  y el partido. Guana era radical, era el secretario general. Ahí hay elecciones a comisión directiva del sindicato en La Plata. Y Juan va como secretario de Organización. Era un punto clave porque tenía que ver con lo intersindical, de ligarse a conflictos. La utilización de ese lugar para el partido era clave porque permitía que fuera a distintos frigoríficos, a otros gremios. Hay elecciones y gana la Rosa Unidad en contra del peronismo. Fuimos con los radicales, conservando la independencia política de la agrupación. Si ellos querían sacar un volante a favor del gobierno, por ejemplo, lo sacaban como agrupación, no como sindicato. Eso era en el 64, 65, 66. Esta ubicación nos permitió estar muy cerca de otros conflictos. Juan iba como secretario de Organización, imagináte, chapeaba de lo lindo, abría muchas puertas. Organizaron una lista de oposición a nivel nacional con Smithfield de Zárate que era un frigorífico grande que dirigía un compañero que, sin ser de izquierda, tenía posiciones bastante cercanas. Pudimos formar una lista a nivel nacional con él como secretario general porque había llevado adelante una lucha muy importante por la nacionalización del frigorífico, que era inglés.

A Guana ya le empieza a hacer prurito nuestras intervenciones. Porque cada vez que se firmaba el convenio, todos los años, había pelotera en las asambleas. Había miles de trabajadores en las asambleas y el que tomaba la palabra para estar en contra de todo lo que decía Guana era Juan. Iban alrededor de 1.000 trabajadores. Ahí se empieza a “pudrir” todo con nosotros. Después se elegía un delegado cada 100 compañeros (mirá qué diferencia con el convenio del 45).

Guana se tragó a todas las otras agrupaciones (el PC, “los santiagueños”). Terminó renunciando nuestro compañero porque era incompatible con las posiciones de la comisión directiva. Así que quedamos fuera. Estábamos más holgados para hacer actividades propias. Ahí entran varios compañeros, algunos a trabajar y otros entran al partido.

Empezamos a tener delegados de sección.

Cuando nos fuimos de la Rosa Unidad, a los 4 años había que elegir una nueva comisión directiva. Y ahí nos presentamos solos. En ese plenario juntamos entre 20 y 30 compañeros.

SoB: ¿Cómo nos fue en esa primera elección nacional?

A: Perdimos. Pero quedamos muy bien parados, pudimos hacer una muy buena cosecha. Si bien no ganamos mucho para el partido, sí se fortalecieron los compañeros que ya estaban. Se empezaron a hacer cursos: básico, desigual y combinado, economía. Esa fue la experiencia política más grossa después del golpe (de Onganía) que tuvimos.

 

SoB: ¿Cómo definirías su trascendencia?

A: Fue una lista independiente que tuvo una presencia fuerte en el movimiento obrero de la zona. Era un punto de referencia antiburocrático.Cuando se hacían las asambleas, la gente se daba cuenta de las maniobras de la burocracia, había gente que simpatizaba con nosotros por las actitudes de la burocracia. Levantábamos la mano y cerraban el punto y no te dejaban hablar. Se armaban unos candombes. Había una compañera reperonista y no le gustaban esas cosas.

Estaba apoyada en un fuerte trabajo del partido en fábrica. Se vendían regularmente periódicos en la puerta, entre 20 ó 30. Los compañeros de la Universidad trataban de entrar en el frigorífico, algunos para estructurarse y quedarse y otros en el período de vacaciones de la Universidad. Era una “escuela de formación obrera” para la generación juvenil.

 

(*) Hugo Blanco: dirigente campesino peruano que inició su actividad política en el PRT (La Verdad) en la Universidad de La Plata.

 

 

Recuadro

Una asamblea memorable que se ganó a medias

 

SoB: ¿Alguna vez le ganamos una asamblea de punta a punta?

A: Sí, fue por el cierre del Armour. Ya nos habían echado a varios compañeros.

En esta del Armour se armó candombe porque hicieron un tinglado chiquito donde cabían ellos solos. Y los hombres se trepaban por los palos para hablar. En un momento, ya no quedaba nadie, varios compañeros nuestros estaban afuera. Sólo quedaba H. Barros, que estaba “tapado”, lo queríamos conservar.

Informan que en la asamblea se iba a discutir el cierre del Armour. Ya sabíamos que Guana iba a informar, era una asamblea informativa. Ya sabíamos que Guana iba a decir que se cerraba el Armour y todos los compañeros pasaban al Swift reconociéndoles la mitad de la antigüedad. A algunos, a otros los iban a indemnizar. Entonces les dije a los compañeros: si se animan, yo me animo, pero me dicen bien qué tengo que decir. El N.R. me ayuda a preparar la intervención. La asamblea estaba de bote en bote, era al aire libre. La mayoría eran del Armour, había gente del Swift porque Guana se imaginaba que nosotros íbamos a intervenir y estaba en pleno la sección Rectores, donde éramos fuertes. Eran todos hombres pero yo me había hecho amiga de los compañeros. Levanto la mano y digo: quiero hacer una  moción, que esta asamblea sea resolutiva. “No, es informativa, porque no tenemos…”. Digo: “No, hago una moción y que se vote”. Y se armó una… Había un delegado de la Picada que me conocía de antes que era un h. de p. Dice: “Ya empieza a hacer quilombo esta mina”. Y me dicen: “Bueno, suba acá compañera, suba acá arriba”. Le digo: “Deme ese bicho que yo hablo de acá” (el micrófono). “Bueno, está bien, ¿pero la verán desde ahí?” Le contesto: “Con que me oigan, es suficiente”. Entonces, empiezo a hablar y éste me dice: “Andá a lavar los platos”. Estaba atrás la gente de Rectores, ni cuenta se había dado, estaban todos atrás mío. Entonces me doy vuelta y le digo: “Compañero, si eso me lo dice acá, delante mío, es otra cosa diferente. Pero no me mande a lavar los platos porque yo tengo 3 niños con los cuales vengo todas las mañanas a trabajar a la Conserva y tengo tanto derecho como usted o cualquiera de los compañeros que quiera tomar la palabra. Entonces, fue una cosa generalizada, una ovación y aplausos.

 

SoB: Y ahí pudiste hablar.

A: Ahora voy a hablar lo que yo opino. Y doy la posición. Y se agarraban la cabeza. Pasó bien. Ganamos la votación de que fuera resolutiva.

Perdimos la votación de que se luchara para que no se cierre el Armour, que era una fuente de trabajo. Que estaba bien que pasaran los compañeros, pero una cantidad ínfima pasó al Swift.

Perdimos por bastante. Imagináte que eran toda la gente, los que pasaban al Swift, supongo que para no perder el laburo, votaban por esa propuesta.

Pero fue muy linda, una experiencia riquísima y muchas cosas que quedaron.

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