Por Ale Vinet- SoB Francia


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Las primarias de « Los Republicanos » ya eligieron candidato presidencial

 

El pasado 27 de noviembre, las primarias abiertas de la formación de derecha “Los Republicanos” consagraron como ganador a François Fillon, ex Primer Ministro de Nicolás Sarkozy, contra Alain Juppé, ex Primer Ministro de Chirac en los años 90. La primera vuelta, el 20 de noviembre, había marcado el ascenso fulgurante de François Fillon, que hasta algunas semanas antes aparecía como incapaz de competir contra Juppé y Sarkozy, y la eliminación de este último, obligándolo a retirarse (por el momento) de su carrera política.

La primaria de “Los Republicanos” tiene una importancia central por dos aspectos. Primero, como termómetro del estado de ánimo de un sector importante de la sociedad francesa: la misma vio acudir a las urnas a más de 4 millones de electores, muy por encima de la primaria del Partido Socialista en 2011. Segundo, porque todos los sondeos indican que es el candidato de LR el que va a resultar victorioso en la próxima contienda presidencial, lo cual explica en gran parte el entusiasmo que la primaria suscitó en la población: en la misma parecía elegirse, casi de manera segura, el próximo presidente del país.

Veamos entonces algunos elementos centrales de la primaria: las explicaciones y el significado de la victoria de Fillon, los rasgos principales de su programa, y las tareas que la victoria de Fillon plantea para los trabajadores y la izquierda.

 

“Derecha dura” vs “derecha blanda”

 

El duelo Fillon-Juppé expresaba dos proyectos de la derecha con diferencias estratégicas importantes. Sin duda, ambos candidatos defendían una cura de austeridad importante (reducción del número de trabajadores estatales, aumento de la jornada laboral, reducción de los presupuestos del estado). Sin embargo, diferían en cuanto a la profundidad y el ritmo de esta sangría. Además, algunas divergencias estratégicas y sobre algunos puntos nodales de la situación actual los oponían.

Alain Juppé construyó su imagen como aquella del candidato “apacible”. En efecto, se trata de un heredero político de Jacques Chirac (el diario conservador Le Figaro considera que la derrota de Juppé marca “el fin del chiraquismo”), una vertiente de la derecha tradicional más proclive al dialogo social. Luego de Mayo del 68, sectores de la derecha decidieron hacer la apuesta de una política menos dura, que tomara más en cuenta la capacidad de resistencia de los trabajadores y el pueblo francés, en vez de intentar llevar adelante una política de tierra arrasada. El mismo Juppé vivió en carne propia las dificultades de avanzar sobre conquistas históricas de los trabajadores: fue su intento de reformar el régimen de jubilaciones del sector público el que desencadenó la gran huelga de 1995, que paralizó el país durante tres semanas y obligó al gobierno a retroceder.

Por su parte, Fillon apareció como uno de los candidatos más duros de la primaria. Frente a la propuesta de Juppé de suprimir 200.000 puestos de trabajadores del estado, Fillon proponía suprimir 500.000. Frente a la idea de Juppé de permitir a las “negociaciones por empresa” decidir la duración de la semana laboral, con el límite de 39 horas, Fillon llevaba ese límite a 48 horas. Pero más allá de la diferencia de “graduación”, hay una diferencia más profunda: si Juppé era el candidato “apacible”, Fillon se presenta como el candidato que pretende “realizar una operación de corazón abierto sin anestesia”: no esconde su admiración por Thatcher, que pasó a la historia como aquella que descargó una ofensiva brutal sobre los trabajadores ingleses abriendo el largo ciclo de reacción neoliberal que caracterizó los años 80 y 90.

 

La base de apoyo de ambos candidatos

 

Esta divergencia se expresó también en el marco de alianzas que cada uno de los dos candidatos se proponía tejer, y de los apoyos que los mismos recibieron. De parte de Alain Juppé, su estrategia consistía en acercarse hacia el centro del arco político: su perspectiva era la de aliarse con los partidos centristas, y presentaba también un discurso más “suave” en torno a la cuestión de la “identidad”, con un discurso de “respeto de la diversidad”. Fillon, por su parte, representaba el ala más dura de la derecha, que coquetea con el Front National y defiende una posición más reaccionaria alrededor de la “identidad francesa”, de “asimilación” de los inmigrantes, de reconstrucción de la “historia nacional” en clave colonialista e imperialista.

Una de las bases de apoyo centrales de François Fillon durante la campaña de las primarias fue el movimiento “SensCommun” (Sentido Común), emanación política de los organizadores de las manifestaciones contra el matrimonio homosexual aprobado por el gobierno del PS en 2013. Fillon representa así a los sectores más conservadores, católicos (realizó puntajes fenomenales entre los católicos practicantes), con la promesa de impedir nuevos avances en este terreno e incluso de infligir retrocesos. En ese sentido, aunque no prevea la anulación de la ley de matrimonio homosexual (ya que “sería difícil ‘des-casar’ a gente que ya está casada”), pretende impedir la adopción plena de hijos por parte de las parejas homosexuales, impedirles el acceso a la Procreación Medicamente Asistida, entre otros temas.

A su vez, Fillon se apoyó sobre el desprestigio creciente de Nicolás Sarkozy. Logró presentarse como un candidato serio de la derecha dura, que no estaba manchado por todos los escándalos judiciales y de corrupción que vienen empañando la carrera política de Sarkozy desde que dejó la presidencia en 2012. Fillon no sólo logró aprovechar el desprestigio de Sarkozy (“Quién se imaginaría al General De Gaulle siendo juzgado?” declaró durante la primaria), sino que el propio Sarkozy declaró su apoyo inmediatamente a François Fillon luego de ser eliminado en la primera ronda de las primarias.

 

Una vuelta de tuerca más en la coyuntura reaccionaria

 

La victoria de François Fillon expresa que el electorado de derecha se ha inclinado finalmente por la alternativa más a la derecha, masultraliberal, mas ultraconservadora, mas “sanguinaria” contra los derechos de los trabajadores posibles. Se trata del “Thatcher francés”, que pretende infligir una derrota histórica a los trabajadores, atacando conquistas que datan de la salida de la segunda guerra mundial, como la Seguridad Social, además de lanzar una ofensiva reaccionaria contra las mujeres, las minorías sexuales, los inmigrantes; en fin, todo aquel que no sea un francés, blanco, de clase media, católico, heterosexual.

La burguesía francesa se prepara para ir a la guerra y ya está constituyendo su Estado Mayor: una serie de consejeros de Fillon sacados de las entrañas mismas del gran capital, encargados de poner en marcha esta carnicería contra los derechos sociales. A la guerra interior, entonces, contra los trabajadores y los sectores populares. Pero también a la guerra exterior: Fillon reivindica una visión profundamente imperialista de la política exterior francesa, y defiende la idea de un acercamiento con Rusia e incluso el apoyo al criminal de guerra Bashar Al-Assad (con la excusa de “combatir al Estado Islámico”) que en estos instantes está masacrando centenas de civiles para retomar el control de Alepo.

En el marco del refuerzo de la derecha a nivel mundial, con la victoria de Trump en los Estados Unidos, Rajoy en España, Macri en Argentina, la burguesía francesa se juega a lanzar una ofensiva en toda la línea contra los trabajadores franceses, que vienen de sufrir una derrota de la movilización contra la reforma laboral anti-obrera impulsada por el PS. El mismo Partido Socialista que, aún en crisis y descomposición profunda, parece aprovechar sus últimos meses de gobierno para seguir desplegándole una alfombra roja a la derecha: viene de aprobar la prolongación del “Estado de Emergencia” hasta julio de 2017, transformando ese supuesto “estado de emergencia” en el régimen político-represivo normal de la democracia burguesa francesa.

 

Preparar la resistencia social y política

 

Pero como los jóvenes que tomaron las calles en Estados Unidos (y en Paris!) para protestar contra la elección del reaccionario Trump, como los miles que gritaron “Fuera Temer!” en Brasil, en Francia también podemos preparar desde ahora la resistencia a la nueva ofensiva que prepara la burguesía. Nada nos condena a aceptar pasivamente el futuro de explotación y de opresión que nos depara este sistema: los meses de movilización contra la reforma laboral expresan la combatividad y la capacidad de organización de una nueva generación militante que no se va a dejar pisotear sin luchar y que sin dudas volverá a las calles ante los nuevos zarpazos de Fillon.

En el plano político, ante la debilidad de la extrema izquierda, esta indignación se traduce ya sea en el voto por el Front National que propone falsas soluciones y que intenta dividir a los trabajadores con su discurso racista e islamófobo; ya sea en el voto a un Melenchón que se sueña como un “hombre providencial” que salvaría al pueblo francés y que tiñe cada vez más su discurso de un chauvinismo reaccionario; ya sea en una abstención que engendra la ilusión de que se podría combatir al podrido régimen de la democracia burguesa haciendo de cuenta que no existe, aunque millones de trabajadores y de jóvenes vayan de hecho a acudir a las urnas en 2017.

Un elemento clave de la situación actual es, entonces, lograr desarrollar un canal de expresión de la bronca obrera y popular que sea verdaderamente anticapitalista y revolucionario. Una campaña del NPA claramente de ruptura con el sistema actual, con una delimitación estratégica (y no sólo coyuntural o parcial) con los reformistas, que reivindique el derecho de los trabajadores a hacer escuchar su voz en el terreno electoral defendiendo una política revolucionaria, anticapitalista y socialista, podría contribuir significativamente a orientar la crisis de legitimidad que atraviesa a los partidos tradicionales hacia una alternativa independiente. Es el sentido de la candidatura de nuestro compañero PhilippePoutou a las elecciones presidenciales de 2017, que se propone darle expresión a todos aquellos que tomaron las calles en 2016 contra la reforma laboral del PS, a todos aquellos que combatirán los nuevos ataques del gobierno que vendrá, a todos aquellos que quieren luchar por una sociedad sin explotación ni opresión.

 

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