Luis Bermúdez


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Aplazado

 

“En definitiva, el año que termina deja sobre la mesa del gobierno cosas buenas y malas. Entre las primeras, está la convicción de que la sociedad sigue apostando y confiando mayoritariamente en la capacidad política de Macri para encaminar el rumbo del país. Entre las segundas, está la indisimulable certeza de que, sin una pronta reactivación económica, esta confianza social no sobrevivirá al clima electoral que ya comienza a imponerse entre la clase política” (La Nación, 11/1216)

Macri ha cumplido un año de gobierno. De ahí que junto con el tema de ganancias estos días hayan estado dominados por el balance de su gestión. Una economía que no se recupera; una inflación que no para; un dólar que vuelve a escalar; todo sumado al malhumor creciente entre amplios sectores de trabajadores por el proyecto oficialista sobre ganancias (que busca aumentar en vez de disminuir, y ni hablar de eliminar, el universo de los que deberán tributar dicho impuesto), hacen que, según Poliarquía, la nota otorgada a Macri por los encuestados sea un 5 (¡muy lejos del 8 que se puso a sí mismo Macri!).

Por nuestra parte, y coincidiendo con la bronca que crece desde abajo (Poliarquía muestra cómo la aprobación del gobierno encuentra sus niveles más bajos en el conurbano bonaerense), le ponemos un aplazado. Tal como acaba de declarar nuestra compañera Manuela Castañeira, no se puede aprobar a un gobierno que sólo ha tomado medidas en favor de los de arriba, y para los de abajo se ha empeñado, sistemáticamente, en reducir su nivel de vida y aumentar su explotación.

Sombras en el horizonte

Un aspecto sumamente adverso para el gobierno es que se suponía que la economía estaría disfrutando un “despegue” a estas alturas de su gestión. Luego del cuento del “crecimiento en el segundo semestre”, el gobierno volvió a la carga con la idea que, para fin de año, la economía comenzaría a “repuntar”…

Pero el grave problema es que el crecimiento no llega, cuestión que configura la base material de los crecientes problemas que enfrenta su gestión. Octubre pasado fue el peor mes del 2016 entre los sectores de la industria y la construcción, para los cuales no se ve horizonte de recuperación (ahora se habla, recién, de finales del 2017). Sólo el campo se ha recuperado, esto debido al regalo gubernamental de quitarle las retenciones; pero no hay que olvidar que el campo sólo representa el 11% del producto del país, no puede transformarse en el motor del conjunto de la economía nacional, esto más allá que dicho sector sea decisivo en la generación de divisas (cuestión en la que el gobierno puede mostrar cierta “holgura” debido a los buenos resultados que parece mostrar hasta ahora el blanqueo).

Paradoja si las hay es que al mismo tiempo que la economía no se recupera, los precios han seguido aumentando: para enero ya se anuncian aumentos de la luz y las naftas, por sólo nombrar algunos rubros. Ocurre que devaluación del peso mediante, el aumento de precios continuó como si tal cosa (¡cuestión que se viene a reforzar ahora cuando el dólar ha vuelto a aumentar a más de 16 pesos en pocos días!). Menos mal que la inflación no iba a superar este año un 25%… Un cuento de hadas del macrismo. Porque la realidad, según las propias mediciones de los organismos oficiales, es que el aumento de los precios puede llegar este año a alcanzar hasta un 44%; un aumento sideral que ni con los bonos de fin de año (muy dispares por actividad), se podrá evitar una caída del salario real.

Es evidente que los trabajadores sufren en su bolsillo esta situación: de lo que más se habla en los lugares de trabajo, es de lo cara que está la vida. De ahí que haya un dato fundamental a subrayar en las encuestas de la popularidad. Un 45% opina que la gestión del gobierno fue “peor a la esperada”, una advertencia que puede estar adelantando un deterioro en las expectativas para el año que viene.

La realidad, en todo caso, es que si las perspectivas económicas del país lucen ensombrecidas, esto ocurre por varias razones. Uno, porque el contexto internacional se ha poblado de incertidumbres, las que recién se comenzarán a despejar una vez que asuma Trump el 20 del mes que viene. Existen muchas especulaciones como las de Malcorra, que “no cree que los Estados Unidos vayan al proteccionismo”; mientras tanto, el dólar se ha fortalecido en todo el mundo, y se observa un retorno de los capitales hacia el norte del mundo, lo que ya está dificultando las condiciones del financiamiento externo (adelantémonos a señalar que Malcorra no ha pegado ni una de sus previsiones internacionales; bien puede ocurrir lo contrario a lo que ahora está afirmando respecto del nuevo presidente yanqui).

Dos, está el hecho que la situación en Brasil no logra estabilizarse. Temer se acaba de levantar con el triunfo de la aprobación en el Congreso brasilero del congelamiento del gasto estatal por 20 años; pero las acusaciones por enriquecimiento en el poder le están pegando tan cerca, que se estaría especulando en reemplazarlo antes que termine el año…

Tres, la propia circunstancia que como todos los analistas económicos reconocen (entre ellos, Néstor Scibona), las famosas inversiones no han llegado, ni se espera que lleguen en un futuro cercano. Frigerio acaba de retornar desde China, adonde voló días atrás para ver si podía cerrar algún negocio con la burocracia del PCCH (algo similar a lo que intentaron en su momento los K), pero ya se sabe que las promesas chinas muchas veces no son más que buenas intenciones.

De ahí que estos días se haya visto la disputa de los petroleros con Aranguren, que exigen una suerte de “precio sostén” del petróleo (por encima del internacional), para concretar sus inversiones.

El hecho es que el 2017 arrancará peor de lo que se esperaba cuando se aseguraba que la economía estaría, a estas alturas, en franca recuperación; ahora se duda si ocurrirá alguna recuperación el año entrante y cómo incidirá esta realidad en la dinámica del conflicto social y las elecciones del año que viene.

Todos unidos para que paguen los trabajadores

Es en este contexto donde hay que insertar los dimes y diretes alrededor de ganancias. El gobierno tuvo la billetera fácil cuando se trató de quitarles retenciones al campo y la minería, de pagarle 15.000 millones de dólares a los buitres, cuando desgravó las exportaciones industriales, etcétera. Pero cuando se trata de los trabajadores, no se le sonroja la cara para desentenderse redondamente de su promesa de campaña de que eliminaría ganancias a la cuarta categoría.

De ahí que haya enviado al Congreso un proyecto de ley escandaloso que no solamente no la eliminaba, que siquiera elevaba los topes, sino que aumentaba torpemente el universo de los trabadores que tienen que pagar dicho impuesto, negándose, por lo demás, a cualquier negociación con la oposición patronal.

La resultante fue que Massa y los K vieron la brecha, y se lanzaron a la pileta con un proyecto que, si bien no eliminaba este aberrante impuesto, apuntaba a elevar considerablemente los pisos a partir de los cuales pagar el tributo. Hicieron esta jugada, como se dice, más bien pour le gallerie, para la tribuna, mediáticamente, sin tomar ninguna medida práctica para garantizarla. Parte del show fue lo actuado por la a estas alturas no sólo traidora, sino siniestra CGT, que en un tema del más amplio y directo interés de los trabajadores, ¡se mantuvo prácticamente callada incluso cuando el gobierno amenazó con vetar esta ley si era aprobada en el Senado!

Sin embargo, durante el fin de semana Macri y el empresariado en general, se movieron rápido, asustados por este desborde del oficialismo y las consecuencias tributarias y fiscales que podría tener la nueva ley. Pichetto, jefe de la bancada del Frente para la Victoria en Senadores, y uno de los portaestandartes de la gobernabilidad de Cambiemos, fue sensible a los reclamos de la flor y nata de la patronal, y en el Senado paró toda la “embestida” opositora por una semana, “exigiendo” un acuerdo entre gobierno, CGT y legisladores opositores.

¿La razón de este posible avance hacia un acuerdo? El retorno a la unidad entre los de arriba para defender sus intereses comunes. Cómo iban a facilitar que menos trabajadores paguen ganancias cuando la presión de la patronal es que el gobierno deje de “dar vueltas” y, sin esperar al 2018, dé, en el plazo más breve posible, una “vuelta de rosca” en el ajuste reduciendo el gasto del Estado y el déficit fiscal, y facilitando una mejor competitividad para los empresarios (que significa, lisa y llanamente, seguir bajando los salarios y aumentar los despidos).

De ahí que las cosas hayan quedado por una semana en suspenso, a la espera de una negociación que, quizás, “mejore” en algo el proyecto original del gobierno, pero que seguramente será más “cosmético” y tramposo que otra cosa.

Argentinazo

Para justificarse de que las cosas no están saliendo como lo prometido, el nuevo caballito de batalla de Macri no sólo es la “herencia”, sino que su gobierno habría “evitado una crisis general” como las que han sido características en otras transiciones.

Le convendría no apresurarse. Ya hemos escrito en estas páginas que Macri se cebó; se puso objetivos inalcanzables: llegó con el objetivo de ajustar la economía, pero en el medio se le coló la veleidad de “demostrar cómo se puede gobernar la Argentina sin el peronismo”, haciendo, de paso, declaraciones demasiado prematuras acerca de que le “gustaría permanecer ocho años en el gobierno”…

En todo caso, no podía ser más oportuna la circunstancia que la semana que viene se cumple el 15° aniversario del Argentinazo, una crisis general del país que se procesó por la izquierda, y que si no tuvo un salida obrera, desde abajo, de todas maneras impuso concesiones a los de arriba, así como unas relaciones de fuerzas que siguen presentes, que no han podido ser cuestionadas de manera fundamental en todos estos años.

No creemos que sean de esperar saqueos o manifestaciones similares de descontento durante este fin de año. La situación social no es tan dramática como en otras oportunidades. El desempleo ha crecido, pero no de manera cualitativa todavía. Además, el gobierno ha tenido puentes, dado paliativos, firmado “treguas sociales” con determinados movimientos, etcétera, y, sobre todo, por abajo se está pensando más en las fiestas que en otra cosa; volveremos enseguida sobre esto.

Sin embargo, y como acabamos de señalar, las perspectivas para el 2017 son de pronóstico muy reservado. Ya nadie espera un típico “año electoral”: casi inevitablemente estará cruzado por luchas sociales, y esto a pesar de cómo la CGT se viene encargando de traicionar y desestimar toda convocatoria a un paro general.

Si la situación se sigue deteriorando, quizás no le sea tan fácil a la CGT no realizar alguna medida de fuerza el año que viene. Sobre todo el interrogante es qué pasará con el proceso de bronca y de luchas por abajo. Los movimientos sociales agrupados en la CTEP han puesto su firma en un vergonzoso acuerdo de “paz social” por 3 años.

Pero la clave en esta Argentina de hoy no está entre los desocupados: está en la clase obrera ocupada, la que viene durante la última década fortalecida en sus planteles (la creación de empleo se frenó desde el 2011, pero los despidos no fueron masivos todavía).

Si el gobierno no se anima a tirarse a la pileta y largar un ajuste en regla, el “desaguisado” puede venir por una nueva crisis de la deuda externa que ponga en cuestión todo su andamiaje. Si, por el contario, se lanza este mismo verano por el camino de un “súper-ajuste” (algo que podría hacerse cada vez más probable dependiendo de cómo evolucione la coyuntura), deberá vérselas con un descontento social y político que subirá de manera sideral en pleno año electoral.

Una y otra situación podría evitarse si la economía se recuperara; si el contexto internacional en vez de ser desfavorable, se diera vuelta. Pero esta es la perspectiva menos probable.

A 15 años del Argentinazo, a pesar de los “exorcismos” de Macri de que ha “evitado una crisis general”, una nueva crisis podría estar como un fantasma a la vuelta de cualquier esquina, llegando en el momento menos pensado.

El 20/12 de Congreso a Plaza de Mayo con la Izquierda al Frente

Mientras que por abajo crece la bronca, aunque todavía muchos sectores mantienen sus expectativas en Macri, de todos modos la discusión de ganancias podría estar “removiendo el avispero”, por así decirlo.

Esto es lo que ayuda a que la jornada del 20 de Diciembre, 15° aniversario del Argentinazo, pueda transformarse eventualmente, en una movilización del Congreso a la Plaza de Mayo mucho más multitudinaria que en los últimos años.

En todo caso, eso es a lo que apostamos desde nuestro partido y la Izquierda al Frente por el socialismo. Frente del que tenemos el orgullo de anunciar que hará su “presentación en sociedad” no en cualquier evento sino, precisamente, en un nuevo aniversario de la rebelión popular que ha marcado a fuego la última década y media de historia política de nuestro país.

De ahí que la gran tarea de toda la militancia, de los simpatizantes de nuestro partido y del nuevo frente electoral que hemos constituido con el MST, sea salir con todo estos días que faltan hasta la marcha a “peinar” todo el padrón de conocidos, de trabajadores y jóvenes, para que el Nuevo MAS y la Izquierda al Frente pongamos en pie una enorme columna el 20/12. Están todos convocados en el Congreso para concentrar a partir de las 16 horas el próximo martes.

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