Al calor de la movilización contra el COT (Código de Operación de Traslado), el reflejo que empieza a abrirse camino sobre la necesidad de la disolución del mismo, también empieza a extenderse y a cuestionar la legitimidad del monopolio del uso de la violencia en otras fuerzas represivas. Si bien de forma incipiente y fragmentaria, esa legitimidad se empieza a cuestionar en la medida en que no se ven a las fuerzas represivas como solución a los grandes flagelos que azotan los barrios, sino como factor que los acentúa y de los cuales se nutre. Por eso nos parece importante empezar a hacer algunos aportes al debate sobre las fuerzas represivas.

Desde el marxismo revolucionario, podemos ir más allá de las apariencias en las cuales bañan a las instituciones policiales y verlas como el brazo armado de un Estado que garantiza que las relaciones de explotación de una clase (capitalista) sobre otra (trabajadora) persistan, siendo guardianes de la propiedad privada de los patrones y reprimiendo a quienes salen a luchar cuestionando estos principios. Ejemplos sobran: al momento de escribir estas líneas, Vidal y Macri se sirven de las fuerzas de “seguridad” para reprimir a los trabajadores de la línea de colectivo Este 520, luego de una semana de paro contra los despidos que sufrieron. Este es el rol reaccionario que cumplen estas instituciones. ¿Seguridad? Sólo de patrones. ¿Protección? Sólo a patrones. Están para garantizar que los patrones sigan explotando y oprimiendo a las grandes masas de trabajadores. Y si nos plantamos y cuestionamos esto, represión. Esta es su función social. Garantizar el orden de cosas de las relaciones capitalistas de producción.

En la actual coyuntura, tenemos al gobierno reaccionario de Macri (y a toda la burguesía  detrás) aplicando un ajuste antiobrero y alentando a mayores ritmos de explotación, para normalizar “a la burguesa” el país. Esto significa sacarnos todas las conquistas que arrancamos en los últimos años al calor de las relaciones de fuerza abiertas por el Argentinazo. En este marco, las fuerzas represivas juegan para ellos un rol clave: se especializan en reprimir las luchas que pongan en cuestión este ajuste y en disciplinar a la sociedad de conjunto, apostando a desarticular y fragmentar a los sectores sociales que estamos movilizados. Una sociedad que aprendió que las conquistas se ganan en las calles luchando y arrancándoselas a los patrones y sus administradores en el gobierno. Y esta experiencia, esta herencia, es también lo que desde el gobierno se quiere desterrar y para eso ponen a sus guardianes policíacos. Y en esto se especializan: disciplinar al conjunto de la sociedad, normalizándola para el buen orden de cosas burguesas.

Las medidas neoliberales del gobierno golpean duramente en la cotidianeidad de los trabajadores, y sectores populares en general, recrudeciendo la explotación, expulsando trabajadores de la producción, atacando y precarizando las condiciones de trabajo, agudizando los problemas sociales que azotan los barrios. Y así nos encontramos las mujeres, víctimas de mayores y crueles actos de violencia; los pibes, expuestos a la mentirosa salida de la droga; las vidas, vulnerables al flagelo de la violencia en situaciones de robo. Y nos quieren hacer creer que la policía está ahí para protegernos de todo eso cuando, en realidad, son la institución privilegiada para garantizar que esas condiciones que nos impone la vida en el capitalismo se afiancen. Es la misma policía la que maneja el circuito de la droga y el robo, la que se lleva su tajada, la que protege violadores, la que amedrenta a los pibes en los barrios. Es una de las instituciones de la que se sirve el Estado para garantizar las relaciones de poder y opresión capitalistas.

Por eso la salida no pasa por la destitución de uno u otro funcionario. Es importante sí, y más porque sabemos que un gobierno de derecha envalentona a fascistas dentro de todas las instituciones, que se sienten con la legitimidad que les atribuye su gobierno para reprimir brutal e impunemente. Pero no se puede reformar el aparato represivo, hacerlo más humano. La salida pasa por su desmantelamiento y apostar a un proceso de lucha y organización por abajo que, dirigido por los trabajadores, con las organizaciones (independientes de cualquier sector patronal y burocrático, y combativas) y los métodos de lucha y de democracia obrera, propios de nuestra clase, tome en sus manos los problemas del conjunto de la sociedad. Así se terminan las redes de droga y de trata de mujeres y las guerras de pobres contra pobres que nos imponen desde arriba, en la medida que tomamos conciencia de que los verdaderos responsables de la violencia que sufrimos son los patrones y sus agentes en el gobierno. En la medida en que los trabajadores podamos transformar la lucha por nuestras necesidades, no en una pelea entre pobres como nos quieren imponer desde el Estado (incluso cuando vemos a Macri alentando y avalando la matanza que hizo el carnicero en Zárate), sino en una lucha de clases contra los verdaderos causantes de nuestra miseria y de la violencia que sufrimos: la patronal y sus gobiernos.

Desde el Nuevo MAS, confiamos en que se empieza a abrir una experiencia que puede ser muy progresiva estratégicamente para esclarecer el rol de las fuerzas represivas y por eso tratamos de aportar en ese sentido, por más de que por ahora esa experiencia sea muy incipiente. Confiamos en que la propia experiencia que hagan los trabajadores, mujeres y jóvenes que se suman a esta lucha abonará en sumar mayores elementos de politización que permitan tomar conciencia de la realidad en que vivimos para apostar a su transformación desde una perspectiva de clase y socialista.

Natalia de Norte

 

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