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Ayer, miércoles 19 de octubre de 2016, quedará marcado como una jornada histórica en el movimiento de mujeres y de todos los oprimidos y explotados del país. “El miércoles negro” y el Paro de mujeres volvieron a poner en primer plano la tragedia cotidiana que sufre más de la mitad de la población. Y así fue como, en medio de un intenso vendaval que azotó a la Ciudad de Buenos Aires durante todo el día, la bronca pudo mucho más que el frío y la lluvia, y más de 100.000 mujeres, con pancartas, banderas, carteles y también paraguas, desplazaron el agua e inundaron ellas las calles y la Plaza de Mayo para gritarle en la puerta de la Casa Rosada a Macri que él es el principal responsable de la opresión que sufren las mujeres. Esta enérgica inundación se replicó sumando otra centena de miles de manifestantes en decenas de ciudades del país, y contó con manifestaciones de apoyo en innumerables puntos de todo el continente americano y de Europa.

Las mujeres, en el marco de esta sociedad capitalista y patriarcal, son objeto de la violencia cotidiana que alcanza niveles dramáticos cuando se manifiesta como una continua cadena de femicidios monstruosos, como el que tuvo como víctima a Lucía en la ciudad de Mar del Plata. 19 femicidios en 17 días, esta abrumadora acumulación de muerte fungió como detonante. Gélidos números que incendiaron la indignación de la inmensa mayoría de la población que está cansada de presenciar cómo esta barbarie se repite diariamente ante la cómplice pasividad del Estado en todos sus poderes. Y estos hechos no ocurrieron en un páramo infértil para la respuesta popular. Todo lo contrario. El movimiento de mujeres viene de protagonizar en Rosario su Encuentro Nacional, en donde más de 70.000 mujeres pusieron sobre la mesa la verdadera situación de opresión y explotación que padecen, y en donde dieron muestra de la enorme vitalidad y energía para luchar que contiene el movimiento.

Una verdadera jornada histórica, en donde las mujeres optaron por tomar como propia una metodología de lucha propia de la clase obrera: la huelga. No es esta la primera vez que un sector social adopta la huelga como medio de expresión y de lucha por conseguir sus reclamos; estudiantes, inquilinos o campesinos en diversas oportunidades han optado por esta forma de lucha, reconociendo de este modo el carácter central e innegable de la clase obrera en el centro de la sociedad capitalista.

Y así fue como, de 13 a 14, durante esa hora, fueron miles las que paralizaron sus funciones, incluso muchas de ellas aprovecharon para salir a las calles y manifestar por medio de cortes de calles, de ruidazos, de aplausazos y de las más variadas formas de expresión, su hartazgo frente a los femicidios. Eran manifestaciones de bronca e indignación, pero estaban cargadas de alegría, esa alegría que genera el salir a luchar, el reconocerse unas y otras como partes de un colectivo que se está poniendo en pie y está tratando de cambiar una realidad inhumana. Fue una extraordinaria jornada de lucha del movimiento de mujeres, ellas tomaron la iniciativa y pararon para ponerse en movimiento, y junto con ellas se manifestó la solidaridad generalizada de ellos, sus compañeros de trabajo, sus compañeros de estudio. Atrás quedaron estériles discusiones sobre si los hombres debían o no sumarse a la lucha de las mujeres, como si el responsable de la opresión fuese un cromosoma, y no el sistema capitalista patriarcal. Así fue como, sin detenerse en falsas ideologías, en la calle se soldaron lazos solidarios que son un paso en la necesaria unidad del movimiento de mujeres y la clase obrera en su conjunto para terminar con el capitalismo, el patriarcado y con toda forma de explotación y opresión.

 

“Libertad implica desmontar definitivamente el patriarcado”

 

El “Paro de Mujeres”, por ser éste una medida característica del movimiento obrero, ha puesto sobre el escenario nacional no solamente la tragedia de los femicidios y de la violencia, de las redes de trata y la desaparición de mujeres, de las muertes por abortos clandestinos y la lucha por la legalización del mismo; junto con todos esos problemas también puso en evidencia la doble explotación que sufre la mujer trabajadora debido a su rol subordinado dentro del sistema de producción social. Ella, al igual que todo trabajador, se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a algún patrón para ganar los medios necesarios para mantenerse a sí misma y a su familia, y como si esto fuese poco, una vez terminada la jornada laboral debe volver a su casa para continuar trabajando. Porque es sobre ella sobre quien recae la carga de la reproducción y cuidado de la familia; tarea que debe hacer a título gratuito los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año. Así es como primero la explota el patrón en beneficio propio en el trabajo, y después la burguesía en su conjunto en pos de la acumulación capitalista, en su propia casa.

El documento (no consensuado) en su inicio declara que “la libertad implica desmontar definitivamente el patriarcado”. Esta es una definición cien por ciento correcta en la medida que se entienda al patriarcado como una institución social que está contenida e históricamente imbricada en el seno del sistema capitalista. Y por lo tanto, es condición para “desmontar” el patriarcado, el superar al capitalismo derrotando la dominación de la burguesía, su Estado y toda forma de explotación. Esta definición, bien entendida, es la base que explica la necesaria e imprescindible alianza del movimiento de mujeres con la clase obrera para así juntos, con la derrota del capitalismo, “desmontar el patriarcado y conquistar la libertad”. Eso es lo que explica también la fuerte simpatía y manifestaciones de solidaridad que espontáneamente expresaron por abajo importantes capas de trabajadores con la lucha del #NiUnaMenos y la movilización de este miércoles.

Lo que llamó la atención es que toda esa solidaridad y unidad que se manifestó por abajo, no haya tenido su correlato “por arriba”. Fue un hecho lamentable que desde el palco, en una jornada histórica como la que vivimos, no se haya realizado ningún llamado a la clase obrera para que ésta, de conjunto, se sume con todas sus fuerzas a la lucha del movimiento de mujeres. Los trabajadores mostraron su solidaridad y simpatía con las luchas de sus compañeras mujeres en la medida que les fue posible. Fue la burocracia sindical que dirige las organizaciones obreras quien hizo oídos sordos al reclamo, no los trabajadores. La actitud sectaria de negarse a convocar a todos los trabajadores (hombres y mujeres) a salir mancomunados a la lucha, les hace un enorme favor a estos burócratas, quienes de este modo encuentran más sencillo mirar para otro lado. Es imprescindible tender lazos entre ambos movimientos; sólo mediante la unidad del movimiento de mujeres y la clase obrera se puede terminar con la opresión de género.

 

Una doble traición de la burocracia

 

La infame cúpula de la CGT ya se está acostumbrando a pactar con Macri la entrega de los derechos de los trabajadores, al mismo tiempo que cientos de miles de manifestantes copan Plaza de Mayo. Lo hicieron el 2 de septiembre en oportunidad de la Marcha Federal, y lo volvieron a hacer ayer: mientras las mujeres copaban la plaza, ellos a pocos metros sellaban la entrega del salario a cambio de la promesa de unas migajas.

Es que ayer mismo, en el Museo del Bicentenario, a cincuenta metros de la Plaza de Mayo, se realizó la “mesa de Diálogo para la Producción y el Trabajo” en donde el gobierno nacional, los representantes de las grandes patronales y la burocracia sindical (con la venia explícita del Vaticano y la Iglesia argentina) se reunieron con el objetivo central de evitar el paro nacional y cristalizar la rebaja salarial que se consumó este año. El instrumento utilizado para consumar la traición fue la promesa de un bono de fin de año “como forma de compensar la inflación”.

Esto es una verdadera estafa por donde se lo mire, lo único cierto es la declaración de la cúpula de la CGT de que el paro quedaba definitivamente desactivado. En concreto, lo que se firmó es una declaración política no vinculante, no resolutiva y no obligatoria, para que los empresarios estudien la posibilidad de otorgar un “bono de fin de año” no remunerativo (es decir, en negro) por un monto de 2.000 pesos sólo para el sector privado (estatales y docentes quedan excluidos).

Las trampas son tantas que vamos a tratar de explicarlas de modo que se entiendan.

Primero hay que destacar que este acuerdo no obliga a los empresarios a pagar este bono, sólo es una declaración de intenciones, una referencia, una propuesta que éstos podrán tomar o no. Lo escandaloso del acuerdo se puso de manifiesto apenas terminada la reunión. Mientras que la burocracia de la GCT festejaba el acuerdo y levantaba definitivamente el paro que nunca había llamado, los representantes de varias de las cámaras empresariales aclaraban que ellos no tenían intención de pagar ningún bono. Por ejemplo José Urtubey, de Celulosa, afirmó que “quedó claro que se trata de un documento político, no legal y tampoco imperativo”; por su parte, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) no tardó dos horas en sacar un comunicado con el sugestivo título: “El comercio no pagará bonos de 2.000 pesos”, y en el mismo sentido se ubicaron los representantes de la industria de la construcción, la alimentación, los textiles y los representantes del campo. En definitiva, la CGT entregó el paro a cambio de promesas firmadas en el agua.

Pero el paro no es lo único que entregó la CGT. No olvidemos que la reivindicación central que estaba detrás del llamado al paro era la exigencia de reapertura de las paritarias para recomponer el salario que había sido deglutido por la inflación. Lo cierto es que el gobierno cambió el ángulo del debate y, en vez de la reapertura de paritarias, lo que puso sobre la mesa es la discusión del pago de un bono que recomponga lo perdido debido al aumento de precios. La intención del gobierno de Macri es crear la idea de que el bono compensó la inflación, que de este modo los salarios estarían actualizados y que por lo tanto en las paritarias de 2017 no habría que discutir aumentos de salario tomando en cuenta la inflación acumulada, sino la proyectada por ellos para ese año; es decir, que pretende fijar las paritarias de 2017 alrededor del 15%. Esto constituye una trampa a dos puntas. Por un lado, porque el monto que perdió este año en promedio cada trabajador es de $19.000, y el bono es de apenas $2.000, es decir poco más del 10%; pero por otro lado porque, aunque el bono fuese igual a lo perdido, el salario monto del salario igual estaría desactualizado. El cambiar la reapertura de las paritarias por un pago único en negro, constituye la cristalización de la rebaja salarial consumada este año. Con este acuerdo Macri le garantiza a la burguesía un incremento en su rentabilidad mediante el saqueo del salario obrero.

 

Las CTA y los sectores disidentes de la CGT deben convocar a una Jornada Nacional de lucha

 

La terrible agachada de la novísima cúpula de la CGT produjo cimbronazos internos y dejó algunos disconformes con semejante traición. Al cierre de esta edición se estaba barajando la posibilidad de que las CTA, Palazzo de la Bancaria y Moyano de Camioneros impulsen alguna acción conjunta. No obstante esto, y sin depositar ninguna confianza en los dirigentes de ninguno de los sectores de la burocracia, se impone la necesidad de que las CTA y los sectores de la CGT que se han pronunciado en contra del pacto firmado por los triunviros de la CGT pasen de las palabras a los hechos y convoquen de inmediato a una Jornada Nacional de lucha contra la traición de la cúpula de la CGT y por la reapertura de las paritarias. La vanguardia debe impulsar con todas sus fuerzas esta perspectiva y organizarse para participar unificadamente ante la eventualidad de la misma.

 

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