Intervención de Claudio Katz en el panel “Nuevo ciclo histórico, revolución y socialismo” – Jornada del Pensamiento Socialista 2016 – 

Buenas tardes, muchas gracias por la invitación, los felicito por la organización de una jornada explícitamente socialista, yo creo que en la izquierda tenemos que discutir con esa denominación, con orgullo de nuestra identidad.

Voy a poner tres temas. El primero es la etapa actual. Desde hace varias décadas atravesamos la etapa neoliberal del capitalismo, que empezó en los años 80, se afianzó con la caída de la URSS y es un capitalismo muy distinto al de posguerra, a la época keynesiana. Es un modelo de agresión permanente contra los trabajadores, de deterioro del salario mediante la precarización, de desplazamiento de la industria a oriente para lucrar con la baratura de la fuerza de trabajo, de ampliación estructural del desempleo, utilizan la informática para aumentar la rentabilidad y no es culpa de las computadoras que sustituyen mano de obra sino de los capitalistas que se enriquecen con ese reemplazo.

Es un modelo de explosión de desigualdades porque la brecha de ingresos aumenta desde el momento que los ricos ya no tributan en sus estados nacionales sino que esconden sus fortunas en los paraísos fiscales. El capitalismo neoliberal es un capitalismo de baja del salario, de desempleo, de desigualdad, al servicio de empresas trasnacionales que destruyen la vieja cohesión nacional de muchas economías con la internacionalización de los procesos de fabricación, con la extensión de tratados de libre comercio que garantizan la demolición de las industrias nacionales competitivas.

Estas empresas trasnacionales que están dominando la economía global no son solo petroleras, automotrices, ahora incluyen a Google, a Facebook, a Twitter, a los señores de las nubes, los que dominan el ciberespacio, que no generan ninguna democratización, porque ese espacio virtual no es público, está manejado por pocas empresas además muy conectadas con el Pentágono.

Empresas trasnacionales, tratados de libre comercio, muy asociados a bancos globales que saltan de una actividad especulativa a otra, y todo eso que habíamos escuchado de que iban a reducir las comisiones, que iban a regular el mundo financiero, quedó en la nada. Por lo tanto tenemos un modelo neoliberal de agresión, al servicio de empresas trasnacionales que operan con libre comercio, que desarrollan bancos globales. Y que además de generar sufrimientos populares, en cada quinquenio o cada decenio nos someten a grandes crisis, porque el capitalismo neoliberal contrae el poder de compra y genera una dificultad, una retracción del poder adquisitivo, genera competencia global acentuando procesos de sobreinversión, genera burbujas financieras especulativas constantes.

La última gran crisis que tuvimos en el 2008-2009 desembocó en la actual recesión, larga recesión que perdura hasta estos momentos. Han pasado siete años y seguimos con una gran liquidez mundial pasando de una actividad especulativa a otra, una reactivación económica muy anémica, aunque han cambiado algunos elementos. EEUU ya no es como años atrás el epicentro de la crisis, ha salido mejor parado exportando parte de su crisis a sus competidores, manejando el dólar, rehabilitando el FMI.

El epicentro de la crisis sigue estando en Europa, donde se están destruyendo conquistas sociales nunca alcanzadas en otra parte del mundo, con un mecanismo de cirugía deflacionaria a través del euro. Ya no queda nada de la idea de una unidad continental para hacer una Europa social: es una Europa del capital, de nítida agresión a las viejas conquistas populares. Y Japón continúa con su largo estancamiento.

Yo creo que la novedad en relación al 2008-2009 es China. La novedad es que China se afianza como taller del mundo, se afianza con una capacidad financiera para salir a rescatar a los bancos en crisis, pero China permitió en el 2008 que la recesión no se transformara en una depresión global como la de los años 30. Y en estos momentos China, en vez de continuar creciendo a las tasas de la década pasada, ha entrado en un proceso de reducción del crecimiento y esto está afectando a toda la economía global.

Este es el dato novedoso de los últimos años: el motor chino, sin apagarse, se está debilitando, y eso golpea a las economías intermedias, que habían ampliado el consumo de sectores medios. Especialmente acentúa la pérdida de gravitación de los BRIC: desde algo deslumbrante que teníamos hace pocos años, ahora más bien se habla de sus dificultades en un escenario muy complicado para la periferia y para América Latina porque están cayendo los precios de las materias primas y está aumentando la volatilidad, salida e ingreso de capitales, que eran los elementos que permitieron a ciertos países, entre ellos la Argentina, aguantar el fuerte golpe de la crisis del 2008-2009.

Entonces, primer elemento: seguimos en el capitalismo global, en el capitalismo neoliberal de las últimas décadas, estamos en la fase de la crisis del 2008, pero estamos ingresando en un momento novedoso, en esa fase donde los actores centrales están cambiando y los ojos tenemos que ponerlos en China porque lo que ocurre en China hace que todo ese escenario pueda trastabillar de una manera impensable en los próximos años.

Segundo elemento: el capitalismo neoliberal funciona trasmitiendo fantasías de sabiduría de los mercados, de derrame del beneficio, de ventajas del individualismo, pero sobre todo funciona generando miedo, miedo entre los pueblos. Miedo al desempleo, angustia de la flexibilización laboral, la desgracia de la pobreza, la desmoralización de la fractura social. El neoliberalismo opera generando esa angustia entre la masa de la población.

Pero al mismo tiempo que genera esa sensación dramática en los pueblos, debilita y deteriora los regímenes políticos. Hay una pérdida de legitimidad de los sistemas políticos en todo el mundo como nunca antes; hay una pérdida de sostén ciudadano para las instituciones políticas; hay una inédita erosión de los partidos políticos. Y en esa situación política tan, tan mutable, yo creo que se genera un gran descontento entre las masas populares.

Y el punto crítico está acá. Si ese descontento no es canalizado por la izquierda, es rápidamente capitalizado por la derecha. Y me parece que en los últimos años estamos viendo ese proceso, estamos viendo esa tendencia como el elemento dominante de la política mundial.

En EEUU, un país de desigualdad racial abismal, con un sistema medieval de prisiones, también hay una rebelión contra el sistema electoral de la plutocracia. Esa rebelión hizo que, por ejemplo, aparezca Sanders con un programa muy avanzado, pero no fue suficiente y aparece Trump con más fuerza, con una campaña contra los inmigrantes para oponer a los trabajadores blancos contra las minorías. No avanza un proceso progresista, entonces aparece con más fuerza una alternativa por la derecha.

Y más aun en Europa. En Europa se vota cada dos, tres años, en contra. Cada vez que la gente puede votar qué opina sobre la Unión Europea vota en contra, y a veces esas votaciones tienen un nítido cariz de izquierda, por ejemplo la que hubo en Grecia en el 2015 cuando se votó contra la troika. Pero si la izquierda no encuentra la forma de canalizar ese rechazo, el descontento, más aun en Europa, lo canalizan los nacionalistas de derecha. Lo acabamos de ver recién en el caso del brexit, donde frente a una alternativa terrible, quedarse en la Unión europea para seguir soportando el ajuste, apareció otra alternativa terrible, que es descargar el ajuste sobre las minorías y los inmigrantes.

En Francia hubo una batalla muy importante del movimiento de La Noche de Pie contra una ley antiobrera, pero no lograron una victoria y la derecha, aprovechando el terreno generado por los atentados de los jihadistas, vuelve a ganar fuerza entre la población.

El país que pudo dar vuelta esta balanza era España, donde se podía modificar el escenario porque allí una nueva generación, la generación del 15M se ha politizado, logró romper el bipartidismo, pero apareció Podemos, y Podemos no fue suficiente. Podemos con sus vaivenes, con sus virajes socialdemócratas, con sus mensajes contradictorios, terminó retrocediendo.

Y en Europa, en la izquierda europea, yo creo que sigue pesando fuerte lo que fue la gran oportunidad de la izquierda que fue Syriza en Grecia dos años atrás; ese fue el momento donde no se jugaba Grecia, se jugaba toda Europa. Se jugaba la posibilidad de que una actitud digna, fuerte, nítida, de Grecia, de Syriza, de enfrentar a la Unión Europea, lograra una derrota de la Unión Europea, y eso modificara el escenario, el clima europeo, e hiciera que no solo la derecha, los xenófobos, capten el descontento popular.

Hay que observar todos los matices de un escenario terrible para las mayorías populares, un escenario de agresión permanente al nivel de vida, al nivel de existencia de toda la población, donde la gente lo que quiere es buscar una salida, que la saquen de esa situación. En esa búsqueda de salida, mira a la izquierda, y si la izquierda no le da una alternativa, su desesperación es canalizada por los populistas de derecha, que hacen discursos terribles, que oponen una mayoría contra una minoría y que intentan renovar los prejuicios más nefastos de la tradición política europea.

Entonces, tenemos el capitalismo neoliberal en su etapa de crisis, tenemos un escenario político que a medida que el capitalismo neoliberal agrede genera más deterioro y más inconsistencia en los regímenes políticos, y tenemos esta turbulencia en el escenario político norteamericano, europeo, donde las poblaciones buscan una salida a la angustia que les genera la agresión permanente que están sufriendo.

El tercer tema: el capitalismo neoliberal, sin legitimidad política, se sostiene a escala global con la acción militar del imperialismo. El capitalismo no existe sin guerra, no existe sin imperio, no existe sin una acción bélica permanente. Hay pérdida de legitimidad pero hay una estructura militar que sostiene todo eso a escala planetaria.

Y es un imperialismo que, en la época actual, actúa a nivel colectivo: no es uno contra otro, es una asociación de imperios, es EEUU comandando una acción de orden global, es el sherif del planeta, y como sherif del planeta asegurando el funcionamiento del capitalismo global. Ha sido así con los últimos presidentes y ha sido así con Obama, que incrementó la presencia de tropas y operaciones especiales en todos los países del mundo, que se arroga el derecho extraterritorial de secuestrar a cualquier individuo en el mundo.

Pero este imperialismo manejado por EEUU actúa en asociación directa y forzando la subordinación directa de Europa y Japón en torno a la OTAN. Es un dispositivo general donde Francia tiene tantos ataques jihadistas porque Francia está involucrada en cinco frentes de agresión en el mundo árabe. Entonces cuando se sorprenden, ¿por qué nosotros?, es porque están mandando tropas a todos los países de Medio Oriente donde se genera esa reacción contra las tropas que mandan.

Este imperialismo norteamericano y europeo, operando a escala global, intenta poner un dique de contención, intenta actuar también con subimperios que le aseguran la estabilidad, la custodia de sus socios en cada una de esas regiones, y tratando de limitar la expansión de los que son sus dos rivales estratégicos: China y Rusia.

Por esta razón, el escenario del capitalismo neoliberal es un escenario también de guerra, es un escenario bélico, sangriento. Es un escenario de guerras regionales sangrientas que ya no son las viejas guerras mundiales, son guerras acotadas pero que tienen una intensidad muy alta.

Termino con dos observaciones. La primera: la región del mundo donde estos efectos se traducen en tragedia es el mundo árabe. El mundo árabe está desangrado por cinco estados que quedaron pulverizados en los últimos años por la política imperial de destrucción de Medio Oriente, y cada uno de los subimperios opera ahí, de la mano de los jihadistas, Turquía, Irán los sauditas, Israel, para lograr una tajada de esa tragedia general.

Conclusiones: yo creo que el capitalismo neoliberal, con su crisis política y con su imperialismo de nuestra época, por el momento da lugar a una coyuntura negativa porque las principales luchas sociales del mundo no han logrado victorias. Aunque en varios países como China y Sudáfrica se lograron triunfos importantes. Es un escenario difícil pero provisorio, porque está irrumpiendo una nueva generación que impulsa el retorno a la lucha. Son los jóvenes indignados que inundan las calles y que en forma recurrente y sorpresiva, cada año en un país, el más inesperado, vuelven a colocar el mundo al revés demostrando que las masas populares actúan.

Segunda conclusión: esta nueva generación que actúa, parte de un nivel de radicalización política muy reducido. Tiene en general grandes expectativas en crear otro capitalismo, más humanitario, redistributivo, inclusivo, pero la experiencia le va demostrando que para conquistar derechos, democracia e igualdad se necesita otro sistema, que el capitalismo es opresión, explotación y egoísmo.

Y concluyo con esto: los jóvenes de hoy no le tienen miedo a la palabra socialismo; no le tienen miedo. Lo demostró Sanders en EEUU, nada menos que en EEUU, el país antisocialista por naturaleza. La nueva generación ya ha dejado atrás lo sucedido con la Unión Soviética.

Entonces, en este escenario complicado en que nos toca actuar, nuestro ideal tiene grandes oportunidades, grandes posibilidades, un gran camino a recorrer con las banderas, los estandartes y las ideas del socialismo. Muchas gracias.

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