Socialismo o Barbarie, periódico Nº 165, 04/12/09
 

 

 

 

 

 

V Congreso del nuevo MAS

La tarea del momento es empujar por
un nuevo movimiento obrero:
Independiente, Clasista y Revolucionario

Durante el tercer fin de semana de diciembre el nuevo MAS realizará su V Congreso. Llevaremos adelante esta tarea en un momento muy particular. Desde el punto de vista objetivo, cuando la coyuntura del país sigue marcada –entre otros elementos- por una circunstancia privilegiada que muestra cómo la acumulación de experiencias en el proceso de reorganización de la vanguardia obrera está pegando un salto que puede ser de calidad. Subjetivamente, cuando nuestro partido se viene afirmando como una de las tendencias de la izquierda que va a “tallar” en la experiencia de la vanguardia obrera y estudiantil de los próximos años. Esto como parte de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie que se va transformando en una realidad y que tiene el orgullo de haber sido parte fundamental del retiro de la candidatura independiente de Carlos H. Reyes de las fraudulentas elecciones en Honduras. En este marco, presentamos a continuación un extracto de un capítulo de nuestro documento nacional para el Congreso.

Para algunas corrientes, por ejemplo la CTA y los intelectuales y abogados que a ella adscriben (y también parte de la vanguardia no partidaria), “no hay una recomposición”... En todo caso, “hay una nueva vanguardia que pelea y se organiza al margen de las direcciones tradicionales porque éstas no dan ninguna respuesta a los reclamos inmediatos y más concretos”. En todo caso “se recuperan algunas tradiciones y/o métodos de lucha que habían quedado en el olvido”

Para otros (aquí sí entra parte de la izquierda “trotskista” más tradicional y reduccionista) solamente se trataría de pelear “por una nueva dirección” en los sindicatos o más en general en el movimiento obrero y punto. Todas esas visiones tienen elementos de verdad pero son esencialmente falsas porque no ven la totalidad: que lo que se está peleando (e incluye con todo el problema decisivo de la dirección) es por un nuevo movimiento obrero independiente, clasista y revolucionario.

Para el partido está totalmente claro que existe un profundo proceso de recomposición que es general, orgánico y que más allá de las idas y venidas se está profundizando y extendiendo (otra cosa son sus ritmos).

Atañe a todos los elementos constitutivos del movimiento obrero. En primer lugar, hay que destacar que las bases materiales que dieron origen al viejo movimiento obrero no existen más. No existe más el pleno empleo, está en parte cuestionado el trabajo estable. No existe más el 50% de la renta nacional repartida entre los trabajadores. No existen más aquellas condiciones de trabajo, el sábado inglés y las categorías rígidas. No existe más el Estado benefactor, no existe más la jubilación masiva y digna, etcétera. También es un hecho que las viejas generaciones obreras forjadas bajo el peronismo y el sindicalismo peronista están cada vez más retiradas de los lugares de trabajo y que ha entrado a trabajar una nueva generación obrera que está forjando sus primeras armas y experiencias en otras condiciones totalmente distintas.

Y desde el punto de vista político más general, tampoco existe más la Guerra Fría, no existe más la Unión Soviética y el Muro de Berlín (a pesar de los dichos del dinosaurio Juan Belén de la CGT y la UOM). No existen más los aparatos mundiales que encuadraban a las masas. En gran medida tampoco existe más el viejo nacionalismo burgués y el peronismo como encarnación de eso.

Es decir, todas las coordenadas sociales, sindicales, económicas y políticas son radical (o parcialmente) nuevas y es nuevo el contexto general: la caída del estalinismo, la crisis económica mundial del capitalismo, el ciclo de rebeliones populares latinoamericano.

Es verdad que en los 70 había clasismo, y que existieron tomas efectivas de plantas y que ahora son muy parciales e incipientes. También es verdad que en los 80 hubo otras vanguardias y que también se recuperaron sindicatos y que hubo nuevas direcciones. Pero lo realmente nuevo es que es otra totalidad. Es otra clase obrera en otro mundo que se está recomponiendo en nuevas condiciones y bajo nuevas bases. Esto es lo que está puesto en discusión y es un proceso estratégico.

Porque la recomposición es en clave de conciliación de clases, en clave economisista y reformista (como se expresa desde la CTA hasta los sectores “autonomistas” y/o “antipartidos” en diverso grado) o se va a un movimiento obrero clasista y revolucionario como defiende el partido.

Porque en última instancia no hay otra, aunque se trate de un proceso que en ningún caso va a ser “puro”, que va a seguir mediado por experiencias desde abajo pero también por contradictorios puntos de apoyo “superestructurales” (como los fallos de la Corte), que en ausencia –por ahora– de un ascenso de conjunto, va a tener “alzas y bajas”, que va a tener momentos de ir con todo para adelante y también “rodeos”, etcétera.

Pero al mismo tiempo, salvo que medie una gran derrota y se perpetúe la burocracia tal cual la conocemos hoy, este es un proceso abierto que, de conjunto, ha venido yendo para adelante sin que pudiera –hasta ahora– ser “suprimido” por el gobierno, la patronal y la burocracia aunque lo que hagan y dejen de hacer sus experiencias “estrella” (como el Subte, Kraft, Fate y el Neumático, etcétera) no dejará de tener inmensa importancia.

En síntesis: ya está instalado este debate y ya están actuando las distintas fuerzas políticas para llevarlo a un rumbo u a otro en un proceso que seguramente va a tomar su tiempo de maduración pero que apunta a ser histórico.