Socialismo o Barbarie, periódico Nº 165, 04/12/09
 

 

 

 

 

 

Hay que avanzar desde las luchas

Reforma Política: una nueva trampa

Por Oscar Alba

El miércoles 18 de noviembre el gobierno pudo avanzar en la implementación de su Reforma Política al lograr media sanción de la Cámara de Diputados y al cierre de esta edición los senadores se disponían a hacer ley la Reforma. El oficialismo kirchnerista tiene como objetivo la concreción del proyecto, antes de que el Congreso cerrara el período anual y de que se establezca una nueva relación de fuerzas en el ámbito parlamentario.

Como dimos cuenta en ediciones anteriores, más allá de los avatares, maniobras y compras de votos en esa cueva de bandidos que es el Parlamento Nacional, la reforma está centralmente destinada a avanzar en la “normalización” institucional y a cerrarle el paso a un eventual ascenso de la influencia de la izquierda en el terreno político electoral.

En el 2001, el régimen democrático burgués hizo crisis ante el embate de las masas en la calle echando al gobierno de De la Rúa y cuestionando a todas las instituciones burguesas, fundamentalmente a los partidos tradicionales. La consigna “que se vayan todos” y las asambleas barriales y los movimientos sociales, aún con importantes limitaciones políticas y de clase, fueron la expresión concreta del repudio de amplios sectores de masas a la estantería capitalista. El período presidencial kirchnerista iniciado en el 2003 logró imponer nuevamente la figura presidencial y un funcionamiento más “normal” del Congreso. No obstante, la división del peronismo y el estallido del radicalismo por la crisis, dejaron el campo político patronal fragmentado en diversos agrupamientos y alianzas que mostraban la debilidad de implementar un recambio alternativo burgués.

La proyectada reforma política aspira, en este sentido, retomar la senda del bipartidismo que fortalezca el régimen actual para enchalecar mejor a los trabajadores y los sectores populares. La oposición política burguesa, desde Macri hasta Pino Solanas, a pesar de que el gobierno K realizó muchas modificaciones al proyecto inicial, se opone. “Pese a que el kirchnerismo introdujo más de medio centenar de modificaciones al proyecto oficial, buena parte del arco opositor lo rechazó, al advertir que sólo se limita a una reforma electoral y que no avanza en cuestiones de fondo, como la introducción de la boleta única en reemplazo de la lista sábana o la limitación de la publicidad oficial” (La Nación, 19/11/09). Claro que los radicales han sido más cuidadosos y han tratado de no hacer mucho ruido ya que la reforma los beneficia porque son el partido llamado a jugar en el mecanismo del bipartidismo. La reorganización de las filas radicales está en curso y aspira a volver a ser la segunda fuerza para disputarle periódicamente el gobierno al peronismo.

La oposición burguesa tiene diferencias aún en el terreno de oponerse a la reforma política. Es significativo el planteo de Ignacio Fidanza, quien dice: “La oposición parece encerrada en un espiral de bronca hacia el gobierno que acaso no le permite ver las oportunidades del momento. El rechazo frontal a la reforma política podría llevarlos a desperdiciar un camino para ordenar el sistema y hasta sacar a Kirchner de la próxima presidencial” (La política on line, 25/11/09).

En el punto opuesto, el periodista Joaquín Morales Solá, columnista de La Nación, fustiga al  gobierno: “Los Kirchner no quieren, definitivamente, que el próximo Congreso resuelva sobre la reforma política. En una vertiginosa escalada sobre las instituciones, el perdidoso kirchnerismo está modificando con profundidad cuestiones cruciales del sistema democrático. El régimen electoral, la relación del Estado con los medios periodísticos, el destrato al Congreso y la propia independencia de la Justicia se encuentran en una zona riesgosa e incierta.” (La Nación, 25/11/09)

Unidad de acción contra la reforma

El otro objetivo de la reforma, como dijimos, está dirigido a echar del circuito político electoral a las fuerzas de izquierda. En primer lugar, es importante reconocer que el terreno electoral no es nuestro terreno, sino que es un instrumento político patronal para embaucar a los trabajadores. Por otro lado, la representatividad que  la izquierda gana en las luchas directas que los trabajadores dan a la patronal no se traduce mecánicamente en un apoyo explícito en el campo de las urnas. Pero, en el último período importantes conflictos obreros encontraron al frente de los mismos a direcciones sindicales de la izquierda. Subterráneos, Kraft, Neumático y otros mostraron una incipiente pero significativa influencia de la “izquierda roja”. Sin dudar, la burguesía y el gobierno tomaron nota de este hecho y alertaron sobre las consecuencias que eso traería si el fenómeno político se continuaba desarrollando, ya que si irrumpiera un proceso de radicalización en las filas obreras podría ampliar y alimentar el espacio de la izquierda también en la representación electoral. Las últimas elecciones a diputados nacionales mostraron que el conjunto de la izquierda había logrado un avance. El Frente de Izquierda (Nuevo MAS, PTS, IS), por ejemplo, se convirtió en la quinta fuerza en el distrito electoral más importante y de mayor concentración obrera como es la Provincia de Buenos Aires. En este sentido la reforma kirchnerista apunta a no dejar resquicio electoral a los partidos obreros de la izquierda.

El reordenamiento del país es una necesidad de la clase dominante desde el 2001. La dependencia económica del país, las apetencias capitalistas, la degradación política de los partidos patronales y las urgencias electorales del gobierno K provocan chisporroteos en las alturas.

Los trabajadores no pueden esperar nada bueno de esta reforma, pero no puede quedar ajenos a este problema. Es importante pelear contra ella en defensa de la libertad para expresarse políticamente a través de los partidos de la izquierda como parte de una lucha global contra el régimen capitalista.  Y hay que actuar en la más amplia unidad de acción con todas las fuerzas que se opongan al proyecto kirchnerista, sin renunciar a la independencia política de clase. Esta lucha política reafirma más que nunca la tarea central de la izquierda, que es intervenir prioritariamente en las luchas que cotidianamente dan los trabajadores en todo el país. En este terreno desde donde los obreros deben forjar su propia herramienta para poder proyectar a los demás sectores explotados y oprimidos una alternativa de clase que termine con la encerrona electoralista y restrictiva que los capitalistas nos quieren vender.