Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 98, 09/03/07
 

 

 

 

 

 

Massalin Particulares

Dando pasos hacia la recomposición obrera

Por Brujo

Un trabajador de la multinacional del tabaco cuenta un apasionante proceso de reconstitución de las filas obreras a partir del ingreso de nuevas generaciones, cuyo empuje entronca con la experiencia de las camadas anteriores.

En la década del 90, el movimiento obrero sufrió duras derrotas que hicieron retroceder a nuestra clase. Así veíamos cómo al calor de las políticas neoliberales se expulsaba a miles de trabajadores a la desocupación, se aplicaba la flexibilización laboral, los contratos basura y se tercerizaban sectores. Massalin Particulares (MP) no estuvo ajena a esta realidad del país y en 1993 fue a fondo con todas estas políticas. Es común escuchar a los obreros con más antigüedad recordando a ese momento como “el de la represión”. Fueran épocas duras; no sabías a qué sector te iban a mandar o si al terminar el día te comunicaban que no tenías que volver a trabajar. Al calor de este verdadero despotismo de fábrica, la multinacional Philip Morris fue construyendo un verdadero imperio en nuestro país, que se logró extender a otras ramas de la industria, como Kraft Food. Para llevar a cabo esta tarea, este pulpo contó con los buenos oficios de la burocracia del Sindicato de Obreros del Tabaco. Estos señores, en épocas difíciles para los obreros, no tuvieron mejor idea que tomarse vacaciones. Fue así como, mientras eran despedidos cientos de obreros, la burocracia brilló por su ausencia, dejando a los trabajadores solos y a merced de la patronal.

Durante todos estos años MP no sufrió grandes cuestionamientos por parte de sus trabajadores, gracias al miedo que supo sembrar durante esos meses de 1993. Pero de a poco y progresivamente la tortilla se les empezó a dar vuelta. Es que hoy está a la vista que de los cambios los que se beneficiaron fueron sólo ellos. Con la automatización, la aplicación de los círculos de calidad y la polivalencia fueron amasando fortunas, mientras que nuestro poder adquisitivo se fue desplomando, quedando muy relegados en materia salarial.

La bronca fue en crecimiento y termina de saltar cuando antes de fin de 2006 nos pusimos de acuerdo en exigir una recomposición salarial del 40% a la patronal. Esto es algo que el sindicato y la patronal no tenían en sus planes, y les está dando más de un dolor de cabeza. Sobre todo al ver cómo se empezó a resquebrajar esa estructura montada sobre el miedo que en todos esos años habían construido.

Ante la exigencia de los trabajadores, la patronal pide un plazo y dilata la respuesta intentando ganar tiempo y llegar lo más cerca de marzo posible. Pero ya se comentaba que la patronal iba a dar menos del 10%, y que el 40% lo descartaba por completo. La indignación que generó este rumor logró como respuesta que muchos trabajadores no hagamos horas extras, sabiendo que son indispensables para la patronal a esta altura del año. Esta medida se realizó sin el consentimiento del sindicato, que claramente se puso en contra de los trabajadores, diciendo que todavía estaban negociando con la patronal, que todavía no había respuesta oficial y que había que esperar. La patronal y la burocracia no esperaban esta reacción y hacen oficial la propuesta del 10%, pero en tres cómodas cuotas (4% en abril, 4% en agosto y 2 % en diciembre). El sindicato empieza a quedar mal parado ante los trabajadores y, ante la amenaza de que se le fuera todo de las manos, rechaza la propuesta y oficializa el quite de colaboración (que de hecho ya estaba siendo aplicado en todos los turnos de la planta). No les quedó otra: sabían que los ánimos no estaban como para aceptar esa miseria y encima con el agregado de que el “aumento” lo daban en cuotas. La noticia corrió como reguero de pólvora y el conflicto se extiende al gremio de los empleados del tabaco (SUETRA) y a las plantas que MP tiene en Corrientes y Salta, que se suman al quite de colaboración.

La recomposición en marcha

Hoy, el motor de este reclamo son los sectores que entraron a trabajar después de los despidos masivos y de los cambios en la organización laboral que se inició en 1993.[1] Este sector no tiene la pesada carga de haber sufrido en carne propia “la época de la represión”, y eso se traduce en que esta generación, en unidad con el contingente más joven, es la que está a la cabeza de este conflicto y arrastra tras de sí a los otros contingentes de trabajadores. En las últimas semanas la patronal ha intentado romper esta unidad hostigando a los más jóvenes para que “hagan horas extras porque estamos al límite con el stock y podemos perder el mercado”. La apretada a los más nuevos fracasa y la patronal decide armar charlas grupales para hacer entrar en “razón” a los trabajadores, donde hablan de lo mal que se sienten por esta situación de conflicto y de lo mal que están económicamente.[2] Después de derramar lágrimas, la patronal invita a los trabajadores a que hablen y dejen sus opiniones; cosa a la que no se accede y se responde con el silencio, avivados de que la patronal usa esas charlas para marcar a los que hablan.

Pero si en las reuniones que arma la patronal no vuela una mosca, no pasa lo mismo en los puestos de trabajo; en toda la fábrica no se habla de otro tema. Es importante que este estado deliberativo que se da espontáneamente entre todos los compañeros se traduzca en asambleas informativas por turno para poder dar los pasos necesarios. Esto es algo que la burocracia no va a realizar, y van a seguir con las reuniones “secretos de estado” con la patronal. Para romper la falta de información, es necesario que las asambleas se hagan pasando por arriba a los delegados de la interna y de la directiva. Es ahí donde tenemos que apuntar nuestros esfuerzos. Es que las asambleas en estas situaciones son mortales para la patronal, ya que de la mano de éstas vienen los paros que afectan directamente la producción. Esa es la herramienta por excelencia con la que contamos hoy.

El sindicato y la patronal tienen un acuerdo con el gobierno K que puso un techo a los reclamos salariales para este año y no pueden superar el 20%. Nuestro reclamo es totalmente genuino, y más allá de lo que consigamos en las paritarias del 2007, también tenemos que alcanzar el 40% de recomposición salarial por todo lo que hemos perdido en estos años. Para lograrlo, tenemos que redoblar la lucha, con el quite de colaboración solo podemos conseguir que mejoren su propuesta, pero tenemos que imponerle la nuestra y no bajarnos del 40%. Hay que aprovechar la desesperación de la patronal; ellos saben que la solución está a su alcance y pueden dar el aumento. Pero esa solución es su último recurso, hay que pegarle donde más les duele, y eso se logra parándole la producción.

Hay que ver cómo se sigue desarrollando el conflicto, pero sin perder de vista que este es sólo un primer paso de otros tantos que tenemos que dar hacia adelante. La patronal, lo que da con una mano, mañana te lo saca con la otra, y eso los trabajadores lo tenemos que tener presente. Por eso es necesario que sigamos organizándonos para ayudar a madurar cada pelea de esta nueva generación obrera y aprender las lecciones que de ella se desprenden. Es que de sus luchas y de sus esfuerzos denodados por superar las condiciones cada vez más bárbaras a las que nos empuja el capitalismo depende nuestro éxito.


Notas:

1. Hubo tres renovaciones en los planteles en estos últimos años: en el 95, el 2000 y el 2005. El segmento generacional con más predisposición a la lucha es el primer contingente, el del 95. Vienen de tener una convivencia con la burocracia y la patronal de 12 años y eso es algo que en estas circunstancias tiene su peso.

2. Cosas muy distintas nos decía el director general del balance del 2006, hace sólo unos días: “Fue un año de trabajo en equipo con muy buenos resultados: récord en volumen y récord en participación de mercado, entre otros logros. Esto es motivo de orgullo para todos nosotros, ya que encuentra a MP experimentando un récord de participación y mercado que son históricos”.

Para tener una idea de las dimensiones de las ganancias que representó el año 2006 tenemos la cantidad de tabaco que se vendió en el año: 34.660 toneladas, que a razón de $ 12 el kilo nos da la friolera de casi $ 416.000.000. En realidad estos datos son aproximados, debido a que no sabemos qué porcentaje total de la producción se está exportando. Pero si se parte del 8% que se exporta sólo a Uruguay y Colombia podemos decir que esos 416.000.000 se quedan cortos, ya que de 12 pesos por kilo de tabaco pasamos a 12 dólares.