Habló Hugo Moyano en un acto de la Juventud Sindical: “Cuando salgamos a pelear por las reivindicaciones que les están quitando a los trabajadores, esa pelea va a ser muy dura, y ese tiempo no está lejano”. El gobierno tiembla de sólo pensar lo que puede pasar en un tiempo “no muy lejano”, cuando los muchachos de la CGT se decidan a “salir a pelear”, pero mientras tanto, Macri sigue “quitando reivindicaciones a los trabajadores”. Tómese su tiempo, don Hugo, ¿cuál es el apuro?

Hablando del idilio gobierno-burocracia sindical, el dirigente del SMATA Oscar Romero acompañó a Macri en su gira europea, quizá como forma de asegurarse la sanción de la ley de autopartes que busca aumentar la integración de componentes locales en la industria automotriz del 20 al 30%. ¡Vaya objetivo ambicioso! Se ve que aprendieron moderación con la escuela kirchnerista, que hace varios años anunció con toda pompa el objetivo de pasar en cinco años del 20 al 60% de piezas locales en la producción automotriz. Resultado: no se movió del 20% en diez años. Macri y la burocracia parecen razonar: “Bueno, capaz que si vamos despacito, bien despacito…”

Sigamos con la gira europea de Macri, la industria automotriz y la burocracia sindical. Otro de los motivos de euforia del presidente y de Oscar Romero fue el compromiso de Volkswagen de invertir 100 millones de dólares para mejoras en las fábricas. ¡Impresionante! Un momento, ¿100 millones? ¿Impresionante? Pero… eso no es mucho para una automotriz. No da la sensación de que sea una mega inversión. Hasta que Romero aclaró todo: “En Volkswagen teníamos 1.800 puestos de trabajo en riesgo, que con esta inversión quedan asegurados”. ¡Mirá vos: las “grandes inversiones” no son para expandir la producción, sino para evitar los despidos! Cuando Macri dice que “necesitamos que la inversión externa no venga sólo de China”, expresa una noble intención de diferenciarse del kirchnerismo, pero si las inversiones que no vengan de China van a ser todas así, en fin…

Ah, ya que hablamos de diferenciarse del kirchnerismo, el macrismo reflotó el plan Pro.Cre.Ar de vivienda, pero con unos pequeños cambios. Primero: no se priorizan las viviendas nuevas, sino que se apunta a dar créditos para viviendas ya existentes, con lo que e impulso a la construcción se reduce o desaparece. Segundo: como el objetivo no es construir sino mejorar el negocio de los bancos, el Estado aporta el 30% del valor de la vivienda; el comprador, el 10%, y el banco aporta el 60% restante, pero a la vez se queda con el 100% del valor real del inmueble como garantía por su préstamo. ¿Se entiende, no? El comprador tiene que sostener una cuota indexada por inflación y el banco aporta 60, pero se queda con la hipoteca por 100. La diferencia la paga el fisco, es decir, el mismo Estado que “ahorra” en cosas superfluas como subsidios al gas, la luz y el agua.

Más noticias fiscales: el gobierno aumentó por decreto el Presupuesto 2016 en 100.000 millones de pesos en obra pública para los próximos cuatro años. De esa plata, casi la mitad, 45.000 millones, se destinará al famoso soterramiento del ferrocarril Sarmiento, que lanzó el kirchnerismo hace más de diez años, sin novedad a la fecha. Pero esta vez sería peligroso que el gobierno agite la corrupción K: la adjudicataria de la obra es una Unión Transitoria de Empresas donde aparece, además de la italiana Ghella y la española Comsa, la compañía brasileña Odebrecht (gigante de la construcción cuyo dueño tiene condena de 19 años por corromper a media clase política brasileña)… y la argentina IECSA, “propiedad” de Angelo Calcaterra, alias Gran Primo de MM. Ssshhh…

La inflación anual de junio a junio está entre el 45 y el 50%; la inflación del semestre ya superó holgadamente el 25% que Prat Gay auguraba para todo 2016. Pero el ministro de Economía no escarmienta: “Sostenemos la meta anual del 25% en el marco de una inflación que va decreciendo, si no se da entre diciembre de 2015 y diciembre de este año, se dará en marzo 2016 contra marzo del año que viene”. Así resuelve las cosas el “mejor equipo de los últimos 50 años” que “aprende sobre la marcha”. Promete una cifra para el segundo semestre. ¿No se da? Bueno, quedará para el otro año. Promete una cifra para diciembre. ¿No se da? Bueno, será en marzo. O en julio. O en el 2019. Para esta gente, gobernar es jugar a la ruleta con los números hasta que la bola caiga en alguna fecha.

Vamos cerrando con el tema del momento, el tarifazo. No es por ser suspicaces, pero una reciente disposición interna de Aerolíneas Argentinas dice así: “A partir de la fecha, los ministros de la Corte Suprema [siguen cinco nombres, incluido el de Rosenkrantz, que todavía no asumió] tendrán derecho de upgrade [suba de categoría] a clase ejecutiva en los vuelos de nuestra empresa”. Uno no supone que es para influenciar, ni mucho menos para comprar, la buena voluntad de esos ilustres personajes justo cuando el gobierno más los necesita. Debe ser sobre todo un gesto de cortesía institucional, ¿no?

Frase PROtuda de la semana: entre por lo menos nueve candidatas que en cualquier otro país serían medalla de oro y tapa de los diarios, nos quedamos con ésta.

“Hubo un 25% de gente con impactos tarifarios que no habíamos calculado” (Juan José Aranguren, el hombre que pierde en pelea desigual contra las malvadas planillas de Excel). Dejemos de lado que la cifra real se acerca más al 40 o 50%. Lo increíble de esta verdadera confesión de clasismo oligarca es que en el esquema mental de este garca no entra ni siquiera la idea burguesa clásica de “gobernar para todos”. Directamente, hay una parte de la población que “no entra en sus cálculos”. Una muestra de cómo el equipo PRO vive en una nube de… gas.

M. Y.

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