Antonio Carlos Soler



Por la importancia de la ruptura del PSTU para la izquierda revolucionaria brasileña e internacional, es fundamental acompañar sus desarrollos con el mayor cuidado posible, buscando a la vez pasos unitarios que permitan intervenciones comunes en la lucha de clases, así como abriendo la perspectiva más general y estratégica de que facilite un reagrupamiento de corrientes revolucionarias.

Ya en nuestra declaración de la semana pasada, señalábamos que esta ruptura era un “terremoto” en el seno del trotskismo que podría suponer tal confluencia entre varias corrientes; por eso merece un esfuerzo de comprensión que evite tanto la apología acrítica como abordajes sectarios.

El posicionamiento con el que queremos polemizar aquí es el presentado por el MRT, expresado en el artículo “Sobre o manifesto de ruptura de um sector de companheiros com o PSTU”, del 12 de junio. El texto parte de una constatación correcta en el sentido de que la construcción de un partido revolucionario en Brasil no puede ser obra de una sola corriente: exige un proceso de confluencia a partir del debate político, teórico y de la intervención común en la lucha de clases.

Pero el artículo del MRT se inclina por un abordaje equivocado que pierde de vista el hecho de que ningún proceso de superación es “mecánico”, rectilíneo, sin contradicciones: que todo cambio o ruptura de un cuadro político implica un proceso.

Terminan así cayendo en una posición que combina sectarismo, autoproclamación y ultimatismo, perspectiva que en nada contribuye a dar pasos concretos en un eventual proceso de confluencia que permita avanzar en la construcción de una organización revolucionaria común.

Los compañeros del manifiesto han definido correctamente el impeachment como una “maniobra parlamentaria” (que para nosotros es parte de una ofensiva reaccionaria más amplia, que cuenta con acciones en la calle y una campaña mediática) contra la que era necesario luchar sin otorgarle ningún apoyo político a Dilma; que un proceso de impeachment contra el gobierno del PT sólo hubiese sido progresivo si se basaba en un movimiento de masas de los trabajadores y la juventud contra las reformas.

Consideramos correcta la caracterización de “maniobra parlamentaria” (nosotros usamos ofensiva reaccionaria, pero de contenido parece tener el mismo sentido), pues permite un posicionamiento contra esta ofensiva burguesa y un posicionamiento equidistante tanto de la oposición burguesa como del gobierno petista. En la coyuntura actual esa caracterización permitió a los compañeros del nuevo grupo la construcción de un eje correcto que pasa por “Fuera Temer”, “elecciones generales” y la “construcción de un Frente de Izquierda Socialista” manteniéndose independientes de la política lulista, que tiene como eje luchar contra el impeachment y por el “Vuelve Dilma”.

El MRT afirma que los compañeros que rompieron con el PSTU deberían haber tomado esa posición en los momentos anteriores a la votación del impeachment, cuando según ellos “el golpe estaba siendo implementado, y exigía una intervención decidida de los revolucionarios para confluir con los sectores de masas que rechazaban la ofensiva de la derecha pero al mismo tiempo desconfiaban del PT, por ser el gobierno capitalista que implementaba los ajustes y por haber usado los mismos métodos corruptos de todos los gobiernos capitalistas. Esta lucha política sólo se reflejó ampliamente en Izquierda Diario y en la intervención del MRT en las estructuras estudiantiles y obreras donde estamos” (3).

Exigir que una corriente interna en plena lucha política todavía no saldada tenga un posicionamiento público contra la línea mayoritaria de su organización, es absurdo: es desconocer el proceso mismo de la pelea y su maduración. No es que no se pueda expresar públicamente diferencias internas en determinadas situaciones. Pero suponemos que los compañeros habrán evaluado que lo más correcto era continuar con la pelea interna, y así lo hicieron. En qué momento volver público el posicionamiento contra la línea mayoritaria, era una decisión que les cabía a ellos; es ridículo hacerles un planteo al respecto.

Señalemos de paso que, a nuestro modo de ver, la evaluación del MRT sobre el proceso pre-impeachment es equivocada. Parten de una caracterización unilateral de la ofensiva burguesa al considerarla, lisa y llanamente, como un “golpe”. Crean así una imagen distorsionada del proceso real y de las fuerzas político-sociales envueltas.

No es verdad que la lucha contra el impeachment habría contado con “sectores de masas que rechazaban la ofensiva de la derecha”; lo que se produjo fueron manifestaciones importantes, pero de vanguardia y dirigidas por el PT, y que no hicieron frente a la movilización de la derecha por el impeachment. La clase trabajadora en medio de la crisis política pre-impeachment, ante el sostenimiento de las políticas neoliberales del gobierno y el oportunismo del PT y de la CUT (que apuntaban como alternativa el puro y simple sostenimiento de Dilma), terminó por no movilizarse ni por el impeachment ni contra él.

Claro que la política de la dirección del PSTU fue desastrosa y contribuyó a que la izquierda socialista prácticamente desapareciese en medio de la crisis. Por considerar absurdamente que las masas trabajadoras querían el impeachment y llamar al “Fuera todos”, terminó capitulando vergonzosamente a la oposición de derecha al gobierno; no intervino en el proceso en el sentido de unificar a la izquierda en la lucha común contra la ofensiva reaccionaria, contra los ajustes y por una salida de clase (interviniendo con columnas independientes en las manifestaciones contra el giro reaccionario).

En el campo de la política internacional, el MRT exige una “autocrítica” por su pasado al sector que rompió con el PSTU… Dicen que los firmantes del manifiesto “Arrancar alegría al futuro” deberían autocriticarse por la posición (¡vergonzosa, ni que se diga!) que tuvo la LIT al defender el golpe militar de Al Sisi, golpe que prácticamente liquidó la rebelión popular en aquel país. Para el MRT “los compañeros no se autocritican de las posiciones que compartieron con el PSTU (…) no extienden a Egipto las mismas conclusiones que llegaron para Brasil, siendo que en Egipto las consecuencias fueron incomparablemente más graves. Eso es consecuencia de la decisión de romper con el PSTU en el ámbito nacional, pero mantenerse en los marcos de la LIT en el plano internacional”.

Una vez más aparece el ultimatismo en el texto de los compañeros. Claro que desde hace décadas viene arrastrándose una orientación ultra objetivista en las posiciones de la LIT, que hace que esa corriente identifique “revoluciones” donde hay rebeliones populares, que afirme el “ascenso de la clase trabajadora y acciones de masas progresivas” cuando en verdad estamos delante de movilizaciones abiertamente de derecha y golpes militares, poniendo a la LIT del lado equivocado de la pelea por todas partes del planeta. En Ucrania apoyó la ofensiva reaccionaria comandada desde Kiev (¡que contaba en sus filas con fuerzas abiertamente fascistas!), en Venezuela defienden la consigna “Fuera Maduro” poniéndose del lado de los escuálidos (derecha venezolana) y, como ya vimos, en Egipto defendieron el golpe militar contra el gobierno de la Hermandad Musulmana, que liquidó prácticamente la rebelión popular en aquel país.

El MRT se pone irónico con los compañeros de la ruptura, porque llegaron tardíamente a la conclusión de que la restauración capitalista terminó significando una derrota para los trabajadores; dicen que por eso el “documento suena un poco anacrónico”… La LIT tomó de forma totalmente unilateral la caída de la burocracia, pues con su ceguera objetivista habitual descartó que la destrucción de los Estados burocráticos tuviera como perspectiva la vuelta al capitalismo en lugar de instaurar el poder de la clase obrera. Es evidente que mantener esa posición tanto tiempo denota una incapacidad de evaluación concreta de la realidad por parte de esa corriente. ¡Pero hay que ser una secta para no tomar nota de que el sector que está rompiendo con el PSTU está haciendo una crítica al objetivismo, lo que abre el camino para una amplia discusión política, histórica y teórica necesaria para la confluencia entre revolucionarios!

Para el MRT, no hacer autocrítica de las posiciones internacionales es resultado de “la permanencia como simpatizante de la LIT”. Otra vez el ultimatismo. No creemos que tenga que ver mecánicamente con eso, sino con su proceso de evolución política. Además es muy probable que, para mantener la lógica de sus posiciones, este que sector deba terminar rompiendo con la LIT, lo que desde ya opinamos que sería enormemente progresivo, porque sólo así se podría abrir de manera consecuente la perspectiva de un reagrupamiento no solo nacional sino internacional.

El MRT continúa afirmando que el manifiesto, a pesar de ser progresista en relación a las críticas sector del PSOL que quiere reeditar el reformismo petista, no hace esa crítica al MES por estar construyendo un frente con la Rede en Porto Alegre. Opinamos que esa omisión en un manifiesto político nacional que busca hacer un primer ajuste de cuentas con el pasado y propone la construcción de una nueva organización, es totalmente insignificante; sólo sirve para denotar el sectarismo del MRT.

En su texto, el MRT presenta al FIT (Frente de Izquierda y de los Trabajadores de Argentina) como ejemplo de clasismo y democracia pues “levanta un programa que pone en el centro a la clase trabajadora y la lucha de clases”… La verdad es que el FIT, con ser progresivo en el aspecto de la independencia de clase, no es ejemplo ni de democracia ni de intervención común en la lucha de clases. En su composición fueron excluidas olímpicamente importantes organizaciones de la izquierda argentina como el Nuevo MAS; en su funcionamiento, está totalmente guiado por la disputa interna de quién es la figura principal, sin intervenir conjuntamente en ningún evento en la lucha de clases; lamentablemente, el FIT se configura apenas como un “paraguas electoral” y está lejos de ser un auténtico Frente de Izquierda para la lucha de clases.

En el límite, el abordaje del MRT de exigir que hagan “autocrítica” de los equívocos políticos del pasado (nacionales e internacionales) por estar en el interior de una corriente de corte teórico y político objetivista, que cometió un sinnúmero de errores relativizando la potencialidades que puede tener el nacimiento de la nueva organización, parece ser sólo una táctica para desmoralizar a quienes han emprendido ese proceso de ruptura e intentar, quien sabe, captar uno que otro militante, en vez de apostar a un proceso de confluencia real que la nueva organización podría estar planteando.

Nosotros, al contrario del MRT, identificamos como muy progresiva la dinámica política de los compañeros; desde ya que tendrán el desafío de no cerrarse sobre sí mismos y seguir madurando. De ser así, quedará planteado un proceso de auténtica confluencia al que apostaremos con todo, no sólo en Brasil sino desde nuestra corriente internacional. Esperamos que a la brevedad podamos entablar fraternales relaciones con los compañeros.

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