Reapareció Cristina. Después de casitres meses, la vuelta a Capital Federal de la expresidenta, fue motivo de expectativas e inquietudes. No podía ser de otra manera dado que la crisis abierta al interior del kirchnerismo por el caso López, dejó catatónico a la mayoría de ese espacio político. Encontrar a un alto funcionario de la administración K tirando fajos de dólares por encima delportón de un convento en un calle deshabitada, con todos los detalles “hollywoodescos” del caso, fue un sacudón inmenso para un sector de la militancia, simpatizantes y votantes que no logran hacer concordar tan pintoresco hecho con las aspiraciones y motivos que creían que el “proyecto” encarnaba.

Como relatamos en este semanario, no se trata solamente de una crisis política (de las cuales el kirchnerismo ha pasado varias y en muchos casos ha logrado sobreponerse), sino de algo más profundo: una “crisis moral”, que afecta hasta la raíz la credibilidad del “relato K”. Ante esto, la primera respuesta de la ex mandataria fue una carta en Facebook dirigida a contener a  su espacio, donde atina a sacarse la culpa de encima y a trasladársela a “la parte privada”, e invoca a los distintos poderes a no hacerse “los distraídos”, poniendo el dedo en la llaga de algo que desde la izquierda denunciamos cotidianamente: la corrupción es connatural al capitalismo, el dinero sucio es la grasa de una trama donde, tras bambalinas, están enchastrados todos: políticos, empresarios, jueces, sindicalistas, periodistas, etc.

Sin embargo, pasados 20 días y a raíz de una citación judicial, Cristina debía volver al centro del país. Muchos esperaban sus palabras para intentar ordenar las ideas.

 

Contrastes y similitudes

 

Pero este regreso de Cristina, tiene algunos puntos de coincidencia y varios más de contraste con el ocurrido el 13 de abril. Arranquemos por las coincidencias: Cristina vuelve porque es citada por la Justicia por la controvertida causa de la venta de dólar futuro sobre el final de su mandato. ¿Qué queremos decir con esto? Que ni el 13 de abril, ni estos días, Cristina vino por motus propio a ponerse al frente de ninguna batalla. O sea, la vuelta del ostracismo no es una jugada deliberada que se plantea enfrentar las calamidades del macrismo, sino una obligación que le imponen y de la cual no pudo zafar.

Pero en todo caso, lo más sustancial está en las diferencias ocurridas en el contexto durante estos casi tres meses. Si la coyuntura en aquel momento estaba marcada por los crecientes elementos de bronca que acumulaba el gobierno de Macri, y que tuvieron su punto máximoen el acto de las CGT y las CTA el 29 de abril; en esta oportunidad, la situación se muestra más adversa para los trabajadores luego de la negativa traidora de esas burocracias a convocar a un paro general; con un gobierno que se muestra a la ofensiva manejando las variables políticas, y con el kirchnerismo hundido en una profunda crisis que le ha deparados rupturas, “traiciones” ysaltos de tranquera “por arriba”; pero sobretodo un profundo desconcierto “por abajo”.

El 13 de abril Cristina aprovechó la citación de Bonadío como una tribuna política. Sobre la base de una situación desventajosa, intentó hacerse fuerte con un acto en la puerta de los tribunales de ComodoroPy que convocó a decenas de miles, mostrando vitalidad y convocatoria, y ubicándose nuevamente en el centro de la escena política. En este caso, el contraste es evidente: su llegada fue intempestiva y las convocatorias fueron mínimas. Incluso la presentación en Tribunales fue una “no-convocatoria”: apenas unos cientos de simpatizantes se hicieron presentes, en un acto que se intentó presentar como espontáneo. Esto es un síntoma de debilidad inmenso, por dos motivos fundamentales: por un lado por la seguridad de que cualquier convocatoria sería menor a la de hace tres meses; por el otro, por la incapacidad de Cristina de ofrecer una orientación coherente a su propio espacio que les diera un norte para seguir.

Así fue que en aquella oportunidad, planteó un conjunto de iniciativaspolíticas, una lista de orientaciones para armar a la militancia mientras se retiraba a proseguir su refugio en la Patagonia. De allí surgió un llamado a una “jornada de introspección” al mejor estilo oriental, para poner en la balanza “lo conquistado” durante el kirchnerismo y “lo perdido” durante el macrismo, y la propuesta del “Frente Ciudadano”, un engendro electoral con la vista puesta en las elecciones del 2017. O sea:sufrí ahora y votá correctamente en el 2017. Ahora, por el contrario, salta a la vista la indefinición alrededor de algunamedida que ordene a su espacio político.

 

Un profundo hilo de continuidad: oposición burguesa y responsable

 

Sin embargo, hay una cosa que se mantiene inalterable a pesar de los cambios de coyuntura, de las circunstancias políticas, de los malhumores sociales, y del sufrimiento de millones de personas que se hunden en la pobreza, pierden sus trabajos o su poder adquisitivo: la voluntad burguesa de Cristina de no transgredir ningún interés de clase que pueda cuestionar efectivamente la política de ajuste del gobierno de Macri.

Para el domingo a la noche se anunció que Cristina iba a hablar en la TV, con el periodista Navarro en C5N. Las expectativas que se podrían haber puesto en las palabras de Cristina, comenzaronaplacarse apenas se vio que ni siquiera iba a estar sentada en el canal, sino que sería una entrevista telefónica. Comenzó haciendo una cerrada defensa de su gestión y atacó el “modelo neoliberal” de Macri. Sin embargo, este ímpetu le duro solo cinco minutos. Ante la segunda pregunta del periodista sobre si iba a ponerse a la cabeza de la oposición para enfrentar lo que ella misma denunciaba, deliberadamente tiró la pelota afuera: “creo que hay un rol que tiene que cumplir la oposición en el Parlamento. Me parece que estamos en democracia. Me parece que es un gobierno que tiene que durar cuatro años”, y sentenció: “No quiero que le vaya mal al gobierno”.

El propio Navarro se mostró sorprendido por la extrema “tibieza” de la ex presidenta, y batalló durante gran parte de la entrevista para arrancarle alguna declaración rutilante, alguna señal de batalla. Nada de eso ocurrió: hasta tal punto fue así, que el periodista cerró diciendo que era un poco “desesperanzador” el panorama, generando un momento de tensión que la propia Cristina cerró con la consigna “no more” y “la esperanza es lo último que se pierde”.

En fin, en una situaciónaúnmásdifícil que la de hace unos meses, Cristina muestra la hilacha hasta el final: es una respetuosa jugadora de la institucionalidad burguesa. Dentro de este juego, el rol central lo tendría la oposición, de la cual parece no ser parte, puesto que el kirchnerismo ha votado con las dos manos leyes a la medida del PRO: el nombramiento de los jueces de la Corte Suprema y el blanqueo de capitales, entre otras.

De todo esto, podemos decir que en algo concordamos con Cristina: cuando afirma que “no hay Mesías ni salvadores”. En su caso es una forma de mirar para otro lado, y de paso, despejarle el terreno a Macri para que gobierne tranquilamente; en el nuestro, en cambio, pretendemos darle todo el contenido que las mismas merecen: los trabajadores y los sectores populares no deben confiar en los políticosburgueses sean del espacio que sean, no deben esperar que la solución a sus problemas provengan de algún lugar; por el contrario, deben confiar en sus fuerzas, en su capacidad de auto organización como vehículo para derrotar el ajuste el curso.

 

Hay que girar a la izquierda

 

Una cosa es segura: la vuelta de Cristina no logra apaciguar el estado de consternación en el que se encuentra el kirchnerismo. Por el contrario, no se divisa un eslabón claro por el cual se pueda tirar para reconstruirsu base social. Nos hemos encontrado en estos días con honestos simpatizantes que nos comentaron que “Cristina estuvo floja”, que “esperaba más” o que “tuvo gusto a poco”. A todos ellos los invitamos a leer la carta de nuestra compañera Manuela Castañeira, a sacar las conclusiones del caso, y a enfrentar el ajuste de Macri en las calles para hacer una experiencia común que permita divisar que sí hay una salida para las calamidades del capitalismo: una sociedad sin explotados y oprimidos, el socialismo.

 

Maxi Tasan

 

 

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