Es hora de que te sumes a la izquierda –

Desde mi partido –el nuevo MAS– queremos dirigirnos a ustedes para reflexionar sobre los sucesos de las últimas semanas. La detención de José López, ex secretario de Obras Públicas, por un escandaloso hecho de corrupción generó un gran impacto político y abrió profundos interrogantes en amplios sectores de la sociedad. Sabemos que en este momento hay decenas de miles de personas, simpatizantes progresistas del kirchnerismo, que se están replanteando muchas cuestiones en relación al proyecto político que venían apoyando.

No podía ser de otra manera, porque el enriquecimiento de López en base a la corrupción arroja un manto de sospecha sobre el conjunto de la dirección kirchnerista. Al contrario de lo que afirman Cristina y los principales dirigentes K, no parece convincente el argumento de que se trataría de un “caso individual”, de una “manzana podrida”. A nuestro modo de ver es, lamentablemente, algo mucho más profundo: un síntoma de una estructura que está corrompida desde sus cimientos.

No es cuestión de hacerse aquí eco del conjunto de denuncias (más o menos incomprobables) que destapan ciertos periodistas y medios de comunicación, el macrismo y Cambiemos u otros sectores netamente gorilas. Se trata de una evidencia muy concreta de que la dirección kirchnerista utilizó su poder sobre el aparato estatal para llevarse millones y millones. Y eso significa que estafó políticamente, en primer lugar, a los propios simpatizantes kirchneristas, que creían honestamente en esa corriente política como el camino para mejorar la situación del país y de los más desfavorecidos.

Para comprender mejor el caso López, basta con mirar cómo viven varios de los más connotados representantes del kirchnerismo. Casas en Puerto Madero, en Nordelta o en otros barrios de millonarios. Mansiones en el sur del país. Cadenas de grandes empresas. Salta a la vista que referentes de primera línea como Scioli o Boudou se parecen muchísimo más a “la oligarquía” que al pueblo trabajador. La misma familia Kirchner es una familia de empresarios con poderosas inversiones. El crecimiento patrimonial de todos los funcionarios K tras su paso por el Estado es un hecho indiscutible.

Esto entra en contradicción directa con el discurso “nacional y popular” de todos estos dirigentes. No se puede afirmar “estar del lado de los de abajo” y vivir como los grandes patrones, con semejantes privilegios. En este sentido, no queda otra que concluir que los dirigentes kirchneristas han sido profundamente hipócritas; sólo se los podría justificar desde argumentos cínicos (del tipo “robo pero hago”) que sabemos que no son los de la abrumadora mayoría de aquellos que confiaron en “el proyecto”.

El problema de la corrupción está íntimamente ligado al de las perspectivas políticas y sociales de los dirigentes kirchneristas. Su objetivo, el núcleo de su proyecto, no fue ni es transformar la sociedad de raíz acabando con las grandes desigualdades de la sociedad capitalista, sino adaptarse a lo existente en función de conseguir “lo posible”… Pero adecuarse a lo existente significa adaptarse a esa misma desigualdad y reproducirla.

El kirchnerismo no “combatió al capital” sino que hizo de árbitro para que los capitalistas pudieran enriquecerse (¡y más que nunca!), pero intentando evitar que eso llevara a grandes choques sociales como los de 2001. Esto no impidió, de todas formas, que se llevaran adelante o dejaran correr graves acciones represivas, como el asesinato de Carlos Fuentealba y Mariano Ferreyra, o la dura represión a luchas obreras de importancia como Gestamp y Lear, entre otras.

Es en ese rol de “árbitro” entre los grandes empresarios y sus intereses (y las necesidades de conjunto del sistema capitalista para su reproducción), que el kirchnerismo montó un mecanismo de corrupción estructural, ligado entre otras cosas a las contrataciones del Estado (teniendo como protagonistas a personajes como López y De Vido). Ese mecanismo estructural de corrupción sirvió para financiar el aparato político K, al mismo tiempo que les permitió a sus dirigentes vivir como grandes magnates.

Es verdad que estos hechos innegables fueron instrumentalizados por la derecha a través de personajes como Lanata y de medios como el grupo Clarín, que intentaron aprovecharlos para llevar agua a su propio molino. Denunciaban la corrupción K (sea con hechos reales o ficticios, demostrables o indemostrables), con el objetivo de deshacerse de ese “arbitraje” que se volvió molesto para los capitalistas en momentos en los que la crisis económica empezó a apretar más.

El “arbitraje” K había cumplido su ciclo: logró su objetivo de recuperar la “normalidad” y la “gobernabilidad” luego de la crisis de 2001. El lockout del campo en 2008, los cacerolazos gorilas de 2012 y las campañas furibundas de ciertos medios contra el kirchnerismo tuvieron precisamente esa motivación: volver a la plena libertad de mercado para enriquecerse sin árbitros (que además se llevaban también su parte con las “propinas” de los funcionarios corruptos).

Sin embargo, la utilización por parte de la derecha de la corrupción K no debe hacernos perder de vista que esa corrupción es un hecho real y muy profundo. ¡Utilización más cínica aún cuando connotados funcionarios de Macri son fugadores seriales de capitales! Para todas las personas que se consideran progresistas, la corrupción (el enriquecimiento al amparo del poder) es, debe ser, sencillamente inadmisible, injustificable. Por eso el escándalo de López abrió una profunda crisis moral en las filas del kirchnerismo, una crisis que pone en tela de juicio la confianza hacia sus referentes. Desde el nuevo MAS creemos que esto puede ser progresivo, revolucionario, si se sacan las conclusiones correctas de lo ocurrido.

Creemos que la única salida positiva a la crisis del kirchnerismo es por la izquierda: de ahí que en la calles, en los barrios, en los lugares de trabajo, en las escuelas, muchos dicen que se acerca “la hora de la izquierda”, la única que no está enchastrada en casos de corrupción y que no está constituida por ricos y millonarios como el PRO.

Por esto mismo, sería lamentable que los trabajadores y los jóvenes que confiaron en el proyecto político K queden simplemente desmoralizados o que tomen como propias las “conclusiones” que intenta imponer la derecha. Para eso nos parece muy importante comprender, resumir, qué es exactamente lo que está en crisis y cuáles son sus motivos.

Nosotros sostenemos que lo que fracasó es un proyecto basado en hacer algunas concesiones a los sectores populares pero sin grandes cambios estructurales en el capitalismo que domina nuestro país. El kirchnerismo, como los otros gobiernos latinoamericanos llamados “progresistas” o “nacionales y populares” de esta época (el chavismo en Venezuela, el lulismo en Brasil, Evo Morales en Bolivia, etc.), centraron toda su política en conservar las grandes instituciones políticas y económicas existentes. No se tocó la propiedad privada de las grandes fuentes de riqueza y poder. Al mismo tiempo, se realizó un arbitraje puramente por arriba, desde el Estado estructuralmente corrupto de nuestros países capitalistas, atrasados y dependientes.

Esta política de ir por “lo posible” sin tocar los núcleos fundamentales del régimen existente es la que fracasó y llevó a la crisis de todos estos gobiernos. Fracaso que es en todos los terrenos: grandes crisis económicas, escándalos masivos de corrupción, enorme desprestigio político y pérdida de apoyo de grandes sectores. Esa fue la base material para el avance de la derecha en todo el continente, avance que ha sido producto de la responsabilidad de estos gobiernos, que se desgastaron al no llevar adelante ninguna modificación estructural en nuestros países.    

Por todo esto, insistimos, la salida a la crisis del “progresismo” debe ser por la izquierda. Las corrientes de izquierda y socialistas como el Nuevo MAS planteamos que la transformación de la sociedad debe ser profunda, y que debe tener como protagonistas a millones de trabajadores, de jóvenes, de mujeres, y a todos los que sufren bajo este sistema. Una transformación que debe ser desde abajo, desde las fábricas y los barrios, desde las facultades y colegios, desde las escuelas y los hospitales. Todo lo contrario a los proyectos que intentan reformar lo existente desde arriba, desde un Estado estructuralmente corrupto, arbitrando entre las grandes corporaciones.

Y desde abajo también, es como debemos unirnos y salir juntos a las calles para derrotar al reaccionario gobierno de Macri. En esto también está en bancarrota el kirchnerismo: llamar a esperar al 2017 en vez de salir unidos a la calle aquí y ahora sólo puede hacerle el juego a Cambiemos para que haga pasar lo sustancial de su plan de ajuste.

Por todas estas razones, invitamos a los simpatizantes kirchneristas que vienen cuestionando a sus dirigentes y empezando a ver los límites del “proyecto”, a que se unan a la izquierda. Debemos pelear juntos para pararle la mano al brutal ajuste macrista y para poner en pie una alternativa de los de abajo. Una alternativa que supere todas las limitaciones del “progresismo” reformista y de sus referentes corruptos en un sentido que vaya más allá del capitalismo, que sea socialista.

¡Salgamos todos juntos a las calles para pararle la mano al reaccionario gobierno de Macri!

¡La salida es por la izquierda: sumate al nuevo MAS!

 

Manuela Castañeira – Nuevo MAS

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