En la edición anterior saludábamos la novedad macrista de los “actos express” de dos minutos de duración. Pero este gobierno se supera a sí mismo todo el tiempo: ahora tenemos los “actos blindados”. En la ceremonia por el Día de la Bandera en Rosario, no sólo se prohibió la llegada de público a menos de 300 metros (los que lo intentaron recibieron palos), sino que, según el instructivo oficial, “sólo podrán ingresar los alumnos que realizarán su promesa a la bandera acompañados por un familiar. A todos se les entregará una pulsera identificatoria”. A este procedimiento se le agrega que “el Presidente no podrá ser saludado por los vecinos que se le acerquen ni recibir cartas o misivas”, y que el propio Macri alentó a la concurrencia infantil a corear el slogan PRO “sí se puede”. Del “contacto con los vecinos” que veíamos en los spots de campaña a la pulsera estilo policial y el cordón sanitario contra esos mismos vecinos. No sabemos qué es más peligroso, si la manipulación grosera de niños de 10 años o la paranoia galopante del protocolo presidencial.

 

Mientras en el Parlamento el blanqueo avanza viento en popa (ya están compr… negociados los votos de los legisladores que responden a los gobernadores y otros), el gobierno descubrió que hay un pequeño detalle que se le había escapado. El éxito del blanqueo depende, entre otros, de un factor clave: la presión que sientan esos “muchos argentinos con plata en el exterior” para declarar esos bienes. Esa presión, como señalamos otras veces, va a estar dada por un acuerdo internacional de intercanbio de información patrocinado por la OCDE (club de 34 países desarrollados), que entrará en vigencia en 2017. ¿El detalle? Estados Unidos, el lugar donde mayoritariamente la burguesía argentina tiene sus activos fugados y no declarados, no es firmante de ese acuerdo, con el argumento de que limita su soberanía. En cambio, promueve acuerdos bilaterales entre la IRS (la AFIP yanqui) y su par de otro país. Es así que la AFIP está desesperada por negociar con la IRS yanqui el acceso a datos de los contribuyentes argentinos al sistema fiscal de EE.UU. Si eso no ocurre, se volverá dudoso que los prudentes capitalistas argentinos se molesten en blanquear sus dinerillos, lo que comprometerá el “éxito del blanqueo”. Continuará.

 

En nota aparte se trata la magnífica confesión de Héctor Méndez, titular de la Unión Industrial Argentina durante años y ahora de nuevo, de que a la obra pública la llamaban “movicom”, porque “va con un 15 adelante” (es decir, una coima del 15%), y reconoció la complicidad de la clase capitalista y la suya propia. Aquí agregaremos al respecto que parece cierto el dicho inglés de que hay honor entre ladrones, porque, según Méndez, cuando un empresario se enteraba de estas coimas, había “un pacto de silencio respetuoso, porque nadie quiere ser botón ni meterse en el negocio del otro”. Conmovedor, ¿verdad? Aunque no tanto como la profunda reflexión de que “se puede” ser empresario sin coimear, aunque “quizá sea más difícil, quizá se gane menos”. ¡“Quizá”! ¡Se ve que no lo sabe porque nunca hizo la prueba! Y sigue: “Pero se puede, y hay muchos que lo han hecho”. El uso de la tercera persona es memorable: ¡otros “lo han hecho”, él no! Si ésta es la moral de quien fuera tres veces jefe de los industriales argentinos, imagínense la de los empresarios como Macri, que hicieron su fortuna como contratistas directos del Estado…

 

Mientras sigue la saga José López en los medios, la economía sigue su curso triunfal. Veamos un indicador: el fin de semana (extra) largo, que en los años K de impulso al consumo era oportunidad para un éxodo turístico y filas interminables de autos en la ruta. Pues bien, ahora también hubo filas interminables de autos. Pero no en las autovías hacia destinos turísticos, sino en las entradas a los países limítrofes, para hacer compras a precios menos exorbitantes que los locales. En Posadas hubo hasta 6 kilómetros de cola de automóviles para ingresar al Paraguay. Del viaje de turismo a la excursión de compras familiares, sin escalas.

 

Dejemos las bromas y pasemos a la evaluación que hace de la economía argentina gente más seria, como la calificadora de riesgo Moody’s, una de las tres más importantes del mundo. Como neoliberales pro mercado insufribles que son, es de esperar que estén chochos con Macri. Bueno, antes sí, pero parece que ya no. Se quejan de que el macrismo no sólo no baja el gasto público sino que lo aumenta, de que la inflación no baja ni va a llegar a un dígito en 2019, de que el tarifazo fue insuficiente y de que el “pago a los jubilados” no se sabe cómo se financiará. Justamente respecto de este tema, la consultora Macroview advirtió que se convertirá en “una pesada mochila estructural”, porque, tal como habíamos señalado en su momento, el blanqueo aporta un ingreso por única vez, pero el flujo adicional anual de más de 100.000 millones de pesos es insostenible en el tiempo. Y más todavía si en vez de agregarse nuevos ingresos a la ANSeS, se le quitan fondos que irán a parar a los gobernadores provinciales a cambio de sus votos para el blanqueo, que es lo que le importa al macrismo.

 

Frase PROtuda de la semana: hablando de los aportes impositivos de nuestros empresarios, el titular de la AFIP, Alberto Abad, nos saca sin aviso de la atmósfera macrista de Papá Noel, los Reyes Magos y Argentina Año Verde. En este caso, la PROtudez es decir la verdad de manera acaso demasiado imprudente:

“Los argentinos tienen declarados bienes en el exterior por 30.500 millones de dólares, y las estimaciones son que habría hasta 400.000 millones de dólares de argentinos en el exterior. Si no tenemos una adecuada armonía entre el pacto social y el pacto fiscal, es muy probable que el conjunto de derechos quede en el mundo de las promesas”.

 

 

 

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