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Macri redobla su ofensiva aprovechándose del bochorno de los K

 

“El gobierno expresó su sorpresa por el hallazgo y, puertas adentro, festejó la novedad porque entiende ayudará a la sociedad a interpretar el peso de la herencia recibida” (La Nación, 15/06/16).

 

Cuando cerramos esta edición sigue en cadenala bochornosa detención de José López, ex viceministro de Obras Públicas durante el kirchnerismo, agarrado in fraganti tratando de esconder nueve millones de dólares en un monasterio…

Mejor no le podían ir las cosas a Macri. Luegode la traición de Moyano negándose a convocar el paro general, el gobierno ha retomado la iniciativa en un momento en el cual, si bien crece la crisis social, no se encuentran puntos de apoyo para una lucha unificada(circunstancia a la cual contribuye una parte de la izquierda agigantando la fragmentación de las peleas[1]).

 

No se salva nadie

 

Comencemos con el bochorno de la detención de López. Mano derecha de De Vido, parece evidente que en un acto de desesperación pretendió esconder millones de dólares mal habidos en un monasterio,el que por alguna oscura razón él y De Vido frecuentaban[2].

Con ser la circunstancia de película (razón por la cual ha acaparado la atención de la opinión pública), no es lo más importante. Lo decisivo es entender cómo funciona el enriquecimiento ilícito en los gobiernos populistas, así como la campaña que de manera “pendular” encaran los gobiernos de libre mercado que los reemplazan para legitimarse (algo que le está dando amplios dividendos al oficialismo).

Simplificando las cosas, digamos que bajo el capitalismo existen dos maneras de enriquecimiento: una forma supuestamente “lícita” y otra ilícita. La “lícita” sería la explotación directa de los trabajadores. La practican los capitalistas pagándoles a los trabajadores el mínimo para reproducirse ellos y sus familias, apropiándose de todo el resto del trabajo realizado. 

La ganancia tiene que surgir de algún lado y ese lado es el trabajo que realiza pero no se le paga al trabajador. Al ser el capitalista el que pone las reglas de juego (en la medida en que es el propietario de las fábricas, máquinas, herramientas y materias primas para la producción), y siendo el trabajador dueño solamente de su capacidad de trabajo, se ve obligado a vendérsela según las condiciones del mercado: salarios y condiciones de trabajo dadas que le garantizan al empresario una jugosa ganancia.

De no ocurrir esto, no se entendería la infinita disparidad en las condiciones de vida de ambos: el capitalista maneja un BMW y el trabajador una bicicleta, amén del resto de desigualdades en materia de vivienda, viajes, educación,que trazan un abismo entre trabajadores y empresarios.  

Explotando a los trabajadores en su calidad de dueños, gerentes o lo que sea, se enriquecieron los Macri, Aranguren, Melconian y demás funcionarios del actual gobierno, lo que no será un impedimento para enriquecerse doblemente ahora al calor del poder.

Veamos entonces cómo se enriquecen los funcionarios. En la medida en que no están al frente de empresas privadas (pueden estar al frente de empresas estatales, pero no son dueños de las mismas, tienen que enriquecerse de otra manera. José López, De Vido, los esposos K y tantos otros funcionarios de la “década ganada” se enriquecieron cobrando “comisiones” (coimas) a las empresas que llevaron adelante obras para el Estado.

En las obras para el Estado el empresario se enriquece explotando a sus trabajadores. Pero también repartiéndose con el funcionario la comisión que surge del contrato. Ese es el cáncer de la obra pública capitalista en un Estado que no está sometido a ningún control popular. Tiene que ver con los sobreprecios: se coloca un precio por encima de los costos reales y esa diferencia se la reparten entre el empresario y el funcionario (desde Lázaro Báez hasta el grupo SOCMA de papá Macri, así funciona la cosa).

Cuando el Estado se “entromete” en la economía, el enriquecimiento de sus funcionarios se obtiene al calor de esta forma de “capitalismo de Estado” que desarrollamos más arriba.

Cuando el ciclo populista termina y se vuelve a un gobierno burgués más normal, este último suele cargar las tintas sobre el enriquecimiento de los funcionarios anteriores como manera de legitimar su orientación de libre mercado: de ahí las campañas “anticorrupción” que los caracterizan[3].

Campaña hipócrita porque su objetivo es simplemente legitimar el ajuste, el enriquecimiento capitalista “normal”. Una hipocresía que se multiplica doblemente bajo Macri, siendo el caso que se está frente a un gobierno de fugadores seriales de capitales: empresarios que amasaron fortunas explotando a sus trabajadores, pero también haciendo negocios al amparo del Estado, y para colmo fugaron sus dineros al exterior para no pagar impuestos[4].

¿Cómo es posible que Carlos Melconian, actual presidente del Banco Nación, tenga en el exterior el 85% de su capital declarado? ¡Seguramente que el no declarado está en un 100% afuera! A partir de datos como este se entiende la ley de blanqueo, que con las excusa del “pago a los jubilados” está haciendo votar a estas horas el gobierno en el Congreso[5].

En síntesis: estamos frente a un juego hipócrita, donde los K caídos en desgracia sirven a la legitimación un gobierno empresarial que está aplicando un durísimo ajuste bajo la excusa de los desaguisados del gobierno anterior.

 

Macri retoma la ofensiva

 

Pasemos ahora a una somera evaluación de los seis primeros meses de Macri. Se puede decir que se han vivido tres coyunturas distintas. La primera marcada por la devaluación, la quita de retenciones, los aumentos de tarifas, los despidos en el Estado (habilitando los privados también), y otra serie de medidas de ajuste. Una segunda, de crecimiento de la bronca entre los trabajadores, con la discusión por la ley antidespidos y el exitoso acto sindical del 29/04, que apuntaba a poner contra las cuerdas al nuevo gobierno. Pero luego vino la traición de la burocracia, que terminó abriendo una tercera coyuntura (la actual), donde el gobierno retoma con todo su ofensiva.

Es importante detenernos un poco en esto. La traición la encabezó Moyano, pero fue pareja entre la CGT y la CTA. El caso de Moyano es especial por el rol que ocupa como principal burócrata del país. Hay un conjunto de comportamientos que han llevado a esta escandalosa traición, pero la principal es una habitual en él: desactivar medidas de conjunto y hacer como que lucha garantizando los intereses “corporativos” de los camioneros.

Moyano hace casi ritualmente este show todos los años; el show de las paritarias: tiene a su gremio organizando y siempre logra conseguir algún punto más, lo cual agiganta su pose de “combativo”. Al mismo tiempo, deja en banda al resto de los trabajadores siendo el secretario general de la principal CGT.

La excusa ahora: “defender la democracia”. Lo de siempre, la gobernabilidad,no poner contra las cuerdas un gobierno recientemente electo. Ya hemos explicado en estas páginas esta división de tareas: son los políticos los que gobiernan, lo sindicalistas sólo encabezan reclamos; Macri fue electo y tiene que gobernar. Fin del asunto.

Por su parte, si bien la CTA hizo un acto denunciando a la CGT que se borró del paro general, en su ámbito de actuación también ha traicionado: dejó aisladas luchas docentes inmensas como la de Santiago del Estero y los compañeros de Tierra del Fuego a pesar de que sufrieron una brutal represión, ni hablar de los despidos a nivel estatal. 

Dentro de la ofensiva del gobierno hay un segundo elemento –en realidad es el primero– que explica su fortaleza relativa a pesar de estar institucionalmente en minoría: la unidad burguesa e imperialista que existe en torno a él. Internacional y regionalmente asistimos a una coyuntura reaccionaria: una vuelta de tuerca sobre los trabajadores para hacerles pagar la crisis. El gobierno de Macri se inscribe en este marco internacional y regional para llevar adelante su ofensiva.

Que el gobierno esté a la ofensiva no quiere decir, de todas maneras, que no existan factores dinámicos que podrían ir en un sentido contrario. Es verdad que a nivel de la conciencia subsiste la enorme confusión de “la herencia recibida”, que “es poco tiempo, que hay que ver qué hace Macri” y cuestiones por el estilo. También es cierto que en torno a la jornada del 29 de abril la bronca parecía comenzar a focalizarse en Macri, pero que eso luego se diluyó.

Pero de todas maneras existen factores dinámicos de importancia. El primero, la marcha de la economía, donde se está llegando a un nuevo cuello de botella. No podemos extendernos demasiado aquí, sólo señalar que se están creando condiciones para un cóctel explosivo: inflación demasiado alta, recesión en puerta, caída del empleo, retraso nuevamente del dólar, falta de perspectivas inversoras reales (mediocridad de las commodities, falta de la suficiente confianza para hacer verdaderas inversiones en infraestructura, que son de muy largo plazo), economía mundial estancada, Brasil sumido en una recesión histórica.

¿Cuál es el plan estratégico para superar estos escollos? ¿Cuál será el factor dinamizador de la economía? Interrogantes que no tienen respuesta, mientras que la meta del segundo semestre para recuperar la economía ha sido postergada para el año próximo…

 

Unidad en la lucha para pararle la mano a Macri

 

Junto con lo anterior está el incipiente retorno de la pobreza entre vastos sectores. El aumento de los precios, la recesión económica, el parate en la creación de empleo y los despidos, el sideral aumento de los servicios, el encarecimiento del transporte, son todos elementos que abonan un posible estallido de la crisis social.

Vidal y compañía ya se están atajando frente a la eventualidad de saqueos, y eso que estamos lejos de Navidad. Les atribuyen a los K esa eventualidad, pero las teorías conspirativas siempre han sido falsas: cuando hubo estallidos sociales fue por razones reales, independientemente de que los “conspiradores” hayan tratado de utilizar los hechos.

Es verdad que el gobierno ha retomado la iniciativa. Pero también es cierto que en su ofensiva parece desentenderse alegremente de las consecuencias profundas que sus actos están teniendo en lo más profundo de la sociedad (agreguemos de paso que todas las supuestas medidas de “contención social” del gobierno no dejan de ser puramente epidérmicas o ficticias[6]; es imposible que un gobierno cuyo contenido es retirar concesiones vaya a dar otras nuevas).

La suma del deterioro económico y la crisis social, en las condiciones de fragmentación en las luchas, puede ser que hoy no encuentre un cauce para expresarse. Pero van haciendo su labor de topo: mañana podrían expresarse en una durísima explosión de cólera contra el gobierno macrista.  

Al servicio de las luchas en curso y de organizar el descontento es que debe colocarse la izquierda. Denunciando la traición de la burocracia (no simplemente una “tregua” como confusamente define el PTS). Pero tambiénexplotando las oportunidades de unidad de acción para intentar pararle la mano a Macri.

Esto en la perspectiva de una Jornada Nacional de Lucha con piquetes en todo el país y de una Asamblea Nacional de Trabajadores que reúna a todos los sectores que estén dispuestos a dar la pelea contra el gobierno alrededor de un pliego de reivindicaciones en camino a una salida de los trabajadores.

 

 

[1]Nos referimos al FIT, al cual nos dedicaremos más abajo.

[2]Al parecer ambos eran amigos del fallecido Monseñor Di Monte, de orientación conservadora, que luego de su retiro se alojaría en dicho lugar.

[3]Un caso extremo de estas campañas fue la llevada a cabo por los EE.UU. contra el presidente de Brasil, Getulio Vargas, en 1954, el que terminó suicidándose desmoralizado. Sin embargo, atención: ¡este tipo de enriquecimiento al calor del Estado es orgánico en el populismo, pero esto no significa que no suceda también bajo gobiernos liberales como el de Macri!

[4]Quizás sea útil recordar esta doble fuente de enriquecimiento en el caso de Franco Macri, cuyo grupo empresarial, SOCMA, se hizo fuerte bajo la última dictadura militar precisamente al amparo de contratos con el Estado.

[5]Desde ya que la ley tiene un objetivo específicamente económico que va más allá de legalizar a los blanqueadores: aumentar la recaudación en divisas del Estado incluso en el caso de aquellos capitales que no retornen al país.

[6]Ver ahora la marcha atrás con la promesa de no descontar el impuesto a las ganancias en el medio aguinaldo de julio. Resulta ser que sería descontado y luego eventualmente “devuelto” para aquellos que “estén al día” en el pago de sus impuestos…un galimatías incomprensible porque el gobierno de Macri es orgánicamente incapaz de hacer una sola verdadera concesión económica y social.

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