El 29 de abril, en el marco del acto de las CGTs y las CTAs, la burocracia del SUPeH (Sindicato Unido Petroleros e Hidrocarburíferos) Ensenada convocó a una movilización dentro de las plantas de destilería y petroquímica. Los trabajadores petroleros tomaron esa convocatoria como un canal para manifestar su bronca, fue una movilización importante, principalmente de los emprendimientos. Por supuesto, la burocracia, ni lenta, ni perezosa, utilizó esa acción para administrar la bronca y no movilizarlos a la jornada de conjunto contra el gobierno de Macri. Porque es consciente de la situación de ajuste, de la pérdida del poder adquisitivo y de los peligros que corren los puestos de trabajo, sabe que la última paritaria la cerró por un año a la baja (finalizó en marzo), que en estos cinco meses del gobierno de Macri es insostenible no hablar de un 35% por lo menos de aumento y que se lo debe pedir, no ya a Galuccio (al que la burocracia llamaba compañero) sino al nuevo directorio de YPF que asumió el 29 de abril (sin que todavía el gobierno haya elegido al nuevo CEO de la empresa, puede venir de Shell). Un aumento salarial que palie la pérdida, en un marco donde este nuevo directorio llega con un plan de despidos (se habla de 2.000 hasta 8.000) y que ha comenzado en la forma de retiros voluntarios y despidos en la administración, de jóvenes profesionales. Este caldo de cultivo está recorriendo ambas plantas, es lo que se charla por abajo y preocupa a los trabajadores. Ante esto, para seguir administrando la bronca, la Federación SUPeH nacional fue pasando de estadios formales típicos de la burocracia. Primero alerta y reflexión, luego alerta y movilización y ahora alerta y quite de colaboración (venció el lunes); un quite de colaboración que no es más que una formalidad, que ni siquiera la burocracia garantiza y que los trabajadores lo toman igual de formal. La burocracia está obligada hoy más que nunca a moverse, a recorrer los sectores como hace años no lo hacía. Tres cuestiones son por las que se mueve, una por la situación de ajuste, otra porque un sector burocrático rompió con la dirección queriendo posicionarse como oposición igual de burocrática que la conducción, ya que tampoco pelea por ningún plan de lucha ni le exige a la conducción, y la tercera, más importante, es que en los llamados emprendimientos se han ganado delegados independientes que surgieron de las grietas de la ruptura y debilidad en que ha quedado la conducción que permitió que se manifiesten estas tendencias antiburocráticas. En las recorridas por los sectores la dirección del gremio encuentra oposición a su política pasiva ante la situación insostenible, utiliza falsas asambleas para fortalecer su lista, incluso ahí, en sus propias narices le llegan los reclamos: “con este quite de colaboración dibujado no se va a conseguir nada, que es necesario convocar a una asamblea general del gremio, que debemos decidir desde abajo un plan de lucha imponiéndoselo a la Federación, que en última instancia siempre termina cerrando a espalda de los trabajadores”. Porque mientras la Federación es cómplice de los despidos junto con el gobierno nacional, que no va respetar lo firmado con algunos empresarios de no despedir por 90 días, y con la ley anti despidos empantanada, siendo este gobierno el patrón en YPF, con alertas y formalidades no alcanza, los despidos continúan.

No nos dejemos engañar, para que no se despida y se pueda pelear por un verdadero aumento salarial en paritarias no alcanza con medidas tibias, hay que imponerles un plan de lucha real, desde la organización por abajo, desde cada sector, en asambleas, con la decisión directa de las bases, ir preparando la lucha que más temprano que tarde deberemos dar, ante semejante ataque del gobierno de Macri y las patronales a nuestras condiciones de vida.           

Corresponsal

 

 

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