Por Claudio Testa


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Como era previsible, con un 80% de participación y más de un 90% de voto por el “sí”, el referéndum del domingo pasado aprobó la unión de Crimea con Rusia.

Esto no sorprendió a nadie. Ya desde el primer momento, incluso antes de plantearse formalmente el referéndum, hasta los noticieros y la prensa occidentales –especialistas en falsificaciones– alertaban que la gran mayoría de la población de Crimea no quería saber nada con el nuevo gobierno de Kiev, una coalición de oligarcas pro-Unión Europea y de fascistas confesos de Svoboda.

Para agravar las cosas, las primeras medidas de ese gobierno fueron sencillamente una provocación, y no sólo hacia la población de Crimea sino a la de todo el Este de Ucrania, donde la mayoría es ruso-parlante y/o de etnia rusa. Efectivamente, desde Kiev decretaron la proscripción del idioma ruso como una de las lenguas oficiales en esas regiones y también del Partido Comunista, que tiene presencia minoritaria pero de cierta importancia en el Este.

Eso motivó que, no sólo en Crimea, sino también en casi todo el Este, desde Jarkov y el Donetz a Odessa, se fueran sucediendo manifestaciones y protestas. No en defensa del caído y repudiado gobierno de Yanukovich sino contra las nuevas autoridades y sus medidas de persecución étnica y política. Un aspecto significativo de esas movilizaciones fue la organización de brigadas para defender los monumentos a Lenin y a la lucha contra el nazi-fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Es que hoy, en Kiev, están en el gobierno sectores de la extrema derecha que se reivindican continuadores de los líderes del nacionalismo ucraniano que colaboró con Hitler. Y sus seguidores están dedicados a destruir esos monumentos.

Este cuadro facilitó a Putin apoderarse de Crimea. Casi podríamos decir que no tuvo más trabajo que recoger del suelo una fruta madura. Y con otros dos factores adicionales a su favor: 1) que históricamente Crimea nunca fue parte de Ucrania hasta 1954, en que el burócrata de turno en el Kremlin, Nikita Jrushchov, se le ocurrió transferirla. 2) Que haciendo un referéndum le daba a la anexión una cuota de legitimidad democrática; una legitimidad que hoy no tiene, por ejemplo, el gobierno de Kiev.

Además, si hacía falta algo para ganarse a la población, Putin prometió el oro y moro, como aumentar las jubilaciones, por ejemplo.

Pero, al mismo tiempo que hace eso, Putin se cuida muy bien –tanto en Crimea como en resto del Este ucraniano– de alentar algún proceso de movilización ni de autoorganización obrera y popular, aunque las condiciones para eso posiblemente estén creciendo, tanto por las provocaciones xenófobas y fascistas como por los planes de ajuste que comienza a aplicar Kiev, entre ellos el fin de los subsidios a la electricidad.

 

Otro debate en la izquierda

 

El referéndum fue ocasión de otro debate en la izquierda. Todo un sector, en especial los que compraron el buzón de la gran “revolución democrática” que había “triunfado” en Kiev, salieron a condenar el referéndum e invocar el peligro de la secesión de Ucrania… un peligro que recién advierten. Ahora, además, para ellos, el diablo se llama Putin. En cambio, Estados Unidos y la Unión Europea, primeros actores (y libretistas) del drama de Ucrania, serían apenas actores de reparto…

Recordemos que, al iniciarse los acontecimientos de Ucrania y luego en febrero pasado, alertamos que estaba en juego la unidad nacional de Ucrania. Mientras otros festejaban el “triunfo de la revolución democrática”, advertíamos que “el ‘tira y afloja’ entre las dos facciones –pro-occidentales y pro-rusos– amenazaba con dividir nuevamente a Ucrania”.[[1]]

Ahora, al fin, con lo de Crimea y las protestas masivas en los oblasts del Este, se han dado cuenta de eso. Pero su posición es peor todavía que cuando ignoraban la bomba de tiempo.

Esta posición consiste, frente al referéndum de Crimea, en negar a la población el derecho democrático a decidir. Corren cien argumentos: que es una maniobra del dictador Putin, que va contra la maravillosa “revolución democrática” de Kiev, etc., etc.

Insistimos: el problema de la unidad nacional en peligro, se resolvería negando a un sector de la población de un país multiétnico y multilingüístico el derecho a decidir si sigue siendo parte de él, o no. Comprendemos que esto lo sostengan en el Estado español el PP, el PSOE y don Juan Carlos, en relación a Catalunya y Euzkadi. Pero es un escándalo que para Ucrania lo sostenga gente que se dice trotskista y leninista.

Entre los trotskistas fabuladores sobre la “revolución democrática” de Kiev, es la LIT quien explica las cosas con más claridad. Admite que “es un hecho innegable que la población rusa o de origen ruso es mayoritaria en Crimea y, al mismo tiempo, es evidente que este sector desea separarse de Ucrania y ser parte de Rusia”.[[2]]

Se pregunta entonces, si “¿no será que los marxistas deberíamos defender el ‘derecho a la autodeterminación nacional’ de este sector étnico y cultural (el ruso) dentro de Ucrania? ¿Aunque no concordemos con su separación, no será el caso de apoyar su ‘derecho’ a decidir sobre tal cuestión?”(cit.),

Y la LIT –a coro con Obama y la UE– contesta con un rotundo NO! El gran argumento es que “la población rusa o de origen ruso en la península no constituye una nacionalidad oprimida”(cit.). Desde San Pablo, la LIT ha decidido que los rusos de Crimea se quejan de gusto: son unos niños malcriados que no tienen derecho a votar.

No por casualidad, lo de Crimea y Ucrania ha agudizado en Europa y España un debate muy parecido: el del referéndum de Catalunya, programado para noviembre. Y los argumentos de Madrid para no permitir que se vote, son similares a los de LIT en relación a Ucrania: los catalanes no tienen derecho a decidir.

En resumen: como venimos diciendo desde hace meses, está en juego la unidad nacional de Ucrania. Pero para los socialistas revolucionarios, la unidad nacional de ese país o de cualquier otro debe ser libre y voluntaria. No se puede sostener poniendo una pistola en la cabeza de un sector de la población, y negándole su derecho a decidir si se separa o no, como hace el régimen postfranquista con los catalanes en el Estado español… y como proponen la LIT y otros “revolucionarios” para los rusos de Crimea.

Además, con esto, tarde o temprano todo volará por los aires, Generalmente, la unidad nacional o es voluntaria… o termina en gran estallido. Salvo que, en Ucrania, los chicos de Svoboba y del Pravy Sektor preparen una “solución final” al “problema ruso” en Crimea y el resto del país. Y esto no es broma… esos sectores ya hicieron su primer ensayo en la Segunda Guerra Mundial… y lo reivindican abiertamente…



[1].- Ver “La caída del gobierno pro-Moscú y el peligro de división del país” y “Ni Berlín, ni Moscú: por la plena independencia de una nueva Ucrania de los trabajadores y la juventud”, en SoB, periódico, 27/02/2014; y “Enfrentamientos en Ucrania – ¿Salir de la sartén para caer en el fuego?”, en SoB, periódico, 19/12/2013.

[2].- R. León, “Los revolucionarios ante el referéndum en Crimea”, sitio LIT, 14/03/2014.

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