Por Fernando Dantés



 

El FIT, el movimiento obrero y el estallido del Encuentro en Racing

 

El fracaso del Encuentro Obrero en Racing es casi trágico. Así lo sigue siendo aunque la mayoría de la izquierda se haya olvidado de seguir mencionándolo después de algún comunicado explicativo de compromiso. Hablar de algo ya pasado puede parecer una pérdida de tiempo. Incluso se nos puede acusar de escribir estas líneas en un afán desenfrenado de polémica faccional. Nada más fuera de la realidad.

Hay que tomar nota del fracaso del Encuentro no sólo por su propia importancia (grande en sí misma en la actual coyuntura) sino también porque dejó clarísimo los peligros latentes que entraña la actual orientación del FIT y sus componentes para la lucha contra el ajuste y la intervención de la izquierda en ella. Pues es, a todas luces, su responsabilidad el naufragio del Encuentro.

En los últimos meses hubo un brusco cambio en la situación política. No se trató de un salto en la lucha de clases sino de un cambio de gobierno que expresa un giro en la política de la clase capitalista. No repetiremos aquí lo que hemos sostenido hasta el hartazgo: la tarea que se nos impone en estas circunstancias es la más amplia unidad de acción contra el ajuste y toda la política reaccionaria de Macri. No se trata en nuestro caso de la tan conocida proclamación de la “unidad” como mantra suprahistórico que sirve casi siempre para esconder una política oportunista. La aburrida repetición de la palabra mágica “unidad” puede significar “unidad en la parálisis”, “unidad en el seguidismo al gobierno”, etc. Nuestro planteo es concreto: ante cada avanzada del gobierno hay que golpear como un solo puño para pararle la mano. No es esta la orientación del FIT. Nos adentraremos ahora en el por qué.

 

El PO: burocratismo estalinizante

 

El principal responsable del estallido del Encuentro de Racing ha sido el PO. Fueron ellos quienes abiertamente prepararon la ruptura. Por supuesto, se escudan en muchas palabras, sobre todo insultos, para ocultar dicha responsabilidad: “furgón del kirchnerismo”, “seguidismo” y su favorita, “faccional”. La realidad es que ellos mismos venían preparando la ruptura. Así quedó en evidencia en la edición de su periódico de unos días antes (Prensa Obrera del 25 de febrero). En primer lugar, nombremos la editorial firmada por Marcelo Ramal. La conclusión de dicho artículo (titulado “Tomemos la iniciativa”), hablando acerca de la línea de acción que la izquierda debería seguir, es que el día de la apertura de las sesiones del Congreso sus parlamentarios deberían retirarse de las sesiones y convocar movilizaciones en sus puertas. Por omisión, ya queda muy clara su orientación;“tomar la iniciativa” no incluía convocar con todo a Racing.

En un lugar subordinado, fuera de toda prioridad en la orientación política, anuncian la futura ruptura en la nota “Impase en el Encuentro del 5 de marzo”. Dicen los compañeros que la convocatoria “se está discutiendo para el 5 de marzo, a partir de la iniciativa de Aceiteros Capital y el cuerpo de delegados de la Línea 60” y luego “Estas divergencias en la izquierda se han metido de lleno en el armado del encuentro, donde se busca quitar protagonismo -o directamente eliminarlo- a organizaciones sindicales enteras que se están definiendo, lucha política mediante, por el encuentro. Se está priorizando un encuentro de grupos de izquierda en lugar de un centro de deliberación y organización…” La primera conclusión que se puede sacar es que alguien habría conspirado contra la participación de la Línea 60 y los Aceiteros. Pero no. La conclusión es aún más clara: “Hay todavía una posibilidad si los sindicatos convocantes en el inicio, Unión Ferroviaria de Oeste, AGD-UBA, Sutna, aceiteros y otros como ATE Sur, se reúnen a debatir y a enderezar la convocatoria.”

Respiremos hondo, tengamos paciencia y sigamos. En el artículo de explicación/autojustificación de la ruptura firmado por Néstor Pitrola afirman: “Ello planteaba colocar al frente de la convocatoria a las organizaciones obreras reales, cuyas directivas se jugaron debatiendo y aprobando mandatos.” El contenido de todo esto es uno solo: los partidos de izquierda no deberían tener arte ni parte en estos debates. Particularmente sorprendentes son las palabras de Pitrola acerca de “las organizaciones obreras reales”… ¿Los partidos revolucionarios serían organizaciones obreras “irreales”? ¿O no serían organizaciones obreras? Siempre supimos que el nombre de su partido tenía cierto grado de formalidad pero no esperábamos encontrarnos con semejante confesión.

Cuando hablan de “las directivas” y las “organizaciones obreras reales”, cierran la organización del Encuentro a los sindicatos… y punto. Si perteneces a una seccional, a un sindicato, el PO decreta que merecés protagonismo. En el caso contrario hay que cerrar la boca. Pero teniendo en cuenta que los sindicatos recuperados de manos de la burocracia son muy pocos, que la mayoría de las organizaciones de trabajadores independientes son delegados o cuerpos de delegados, que no hay hegemonías claras en ese terreno, que casi siempre la dirección está en manos de acuerdos entre diferentes tendencias… ¿En qué burocrática cabeza entra excluir de esa forma a la mayoría de las expresiones de un nuevo movimiento obrero? Aún más, casi no hay casos de expresiones de un nuevo movimiento obrero que no estén vinculadas a alguna/s organización/es de izquierda. La única consecuencia que puede tener esta orientación es despolitizar, hacer “sindicalismo” en el mal sentido de la palabra: aportar a los prejuicios anti partido y apartar a la clase trabajadora de la lucha política independiente. De fondo, su intención era evitar el debate acerca del nuevo Gobierno. Su política no es poner eje en enfrentar el giro reaccionario de Macri e impulsar la unidad de acción en ese sentido. Por eso el “sindicalismo”, por eso el burocratismo, por eso el rupturismo.

Pero si hacemos un poco de historia, uno se puede quedar estupefacto ante los embrollos mentales que tienen que afrontar los militantes del PO frente a cada giro de su dirección. Les enviamos por esta vía nuestra solidaridad. Justificar todo lo hecho contradiciendo lo dicho el día anterior no debe ser tarea fácil. ¿No era que había que boicotear el Encuentro de Atlanta porque intentaba formar un bloque político contra el FIT? ¿No fue el “Congreso del movimiento obrero y la izquierda” (“CMOI”) convocado… por el PO? En circunstancias diferentes nos encontramos siempre frente al mismo fenómeno: los compañeros inventan una nueva justificación siempre para cada giro que nunca, bajo ningún punto de vista, está dictado por la necesidad y las circunstancias.

En la misma línea argumental estaba el veto a la participación en la Mesa del Encuentro de nuestro compañero, reconocido referente de FATE y delegado de base, Jorge Ayala. Es un reconocido luchador, referente de sus compañeros, votado varias veces por la base como su representante con mandato de asamblea (sería desgastante nombrar todos los casos: como paritario, como candidato de la CTA, etc.). Pero como la Seccional San Fernando (es decir, la Lista Negra) habría designado su represente, nuestro compañero no tendría derecho a voz como parte de la Mesa. Semejante pretensión burocratizante es sencillamente un despropósito. La Lista Marrón y nuestro compañero es indiscutiblemente parte del proceso de lucha y organización de FATE, le guste o no al PO. Dicho sea de paso, es parte de un proceso de organización por abajo al que el PO llegó bastante tarde (y pretende monopolizar por decreto). Pongamos un dato: en las últimas elecciones a delegados la Lista Marrón y la Lista Negra conquistaron la misma cantidad de delegados. ¿Con qué prerrogativa pretenden borrar esa realidad?

Pitrola nos acusa de armar una “lista divisionista” para las elecciones del SUTNA. ¿Niegan los compañeros que quienes han rechazado un acuerdo a nivel seccional y a delegados de base son ellos mismos? Nos niegan todo acuerdo de acción común… pero somos divisionistas a la vez que proscriben a nuestro compañero. No podría ser más evidente que se trata todo de una maniobra excluyente, del intento de imponer burocráticamente lo que no pueden imponer (en alianza con el conjunto de la Lista Negra) por la persuasión: ser la única expresión de la organización de los obreros del Neumático. Viniendo de un partido que vio “por TV” las luchas de 2007 y 2008 es una evidente impostura. Una impostura burocrática digna del estalinismo. Finalmente, hablan de “mandato” del SUTNA. ¿Mandato de quién? ¿De la base? ¿De una asamblea? Sería absurdo esperar eso del PO (¿Democracia obrera?). La proscripción de Jorge Ayala, las mentiras acerca de nuestro “divisionismo” son parte de la misma maniobra: romper el Encuentro para evitar todo debate acerca del SUTNA y la necesidad de una lista unitaria. Esta discusión era inevitable, siendo el Neumático una de las experiencias más importantes de la vanguardia obrera. Y el PO logró evitarla.

Finalmente, tomemos nota de las siguientes palabras: “se siguió el camino contrario: colocar al Encuentro como un campo de disputas, donde el faccionalismo es la expresión de una política de seguidismo a la burocracia y sus agentes políticos. Hay que tomar nota que, en las reuniones de diciembre, el MAS y el PTS reivindicaron una supuesta “resistencia” del sindicalismo kirchnerista, en referencia a los Iadarola, Baradel, Yasky o Wasejko.” Pasemos por alto la supuesta reivindicación de la “resistencia” del sindicalismo K. Se trata de una injuria, un invento. Nuevamente, el PO se parece al estalinismo. “Como no puedo debatir con las posiciones de mi adversario… las invento”. Otra cosa muy distinta es reivindicar la necesidad de la unidad de acción. Si esas directivas sindicales convocan a paros y movilizaciones contra el ajuste… ¿No habría que participar? ¿No fuimos parte acaso de la movilización estatal del 24 de febrero con la kirchnerista Verde y Blanca de ATE? Los compañeros parecen tener muy afinado el método de tapar debates con pilas de injurias. Luego, leamos con atención. “Campo de disputas” es sinónimo de “faccionalismo”. ¿No hay acaso varias orientaciones, a veces opuestas, al interior de la clase trabajadora? ¿No es eso parte de la democracia obrera? El terror pánico al debate entre diferentes tendencias vuelve a acercar al burocratismo (y estalinismo) a los compañeros. Romper el Encuentro era más fácil, más sano. Eso no era faccionalismo ¡No! Sólo lo era permitir que se debata algo entre los participantes.

Uno podría preguntarse el por qué de semejante despropósito, el por qué de un Partido de izquierda que nunca, en ninguna circunstancia, hace otra cosa que equivocarse. Su concepción de fondo es el ridículo “catastrofismo” que tanto los ha caracterizado. Internet puede tener cosas interesantes. Elaborando esta nota se nos ocurrió buscar las palabras “crisis política” en el buscador de la página de los compañeros. El resultado es más que elocuente. Parece que estamos en la misma coyuntura de “crisis política” desde el surgimiento de Argentina, del capitalismo, de la sociedad de clases o la humanidad en general. La fecha de origen la dejamos a elección de nuestros lectores. La conclusión es siempre la misma. El peronismo, el Gobierno, los partidos del régimen siempre están en crisis, “desfalco”, “derrumbe”. Y la canalización de esa crisis siempre es el PO y el FIT (o más bien, el PO con el nombre del FIT). Esa es la caracterización (así lo dice, por ejemplo,  literalmente Pitrola en un discurso del 11 de Junio de 2015 y el PO en la convocatoria a su “CMOI”)… ¡Siempre! La lógica conclusión es que todo lo que salga de dicho esquema preestablecido debe ser eliminado. Sin embargo, raras veces las cosas se dan así. Cuando la lucha de los trabajadores y oprimidos tienen otros canales de expresión, la tarea de los revolucionarios es dialogar con ellos, buscar un acuerdo, intentar llegar a una experiencia común de lucha para poder influenciarlos. La tarea para el PO aparece como más simple: hay que borrarlos de la faz de la tierra. Estamos, a todas luces, frente a una secta.

 

El PTS: barriendo la mugre bajo la alfombra

 

Si bien el PTS no fue el impulsor dinamitero del Encuentro de Racing, su responsabilidad no es menor. Su respuesta ante la división fue “el Encuentro fracasó”. Ni se les pasó por la cabeza dar pelea para realizar el Encuentro con o sin el PO. La realidad es que aparecen muy cómodos con el estallido del Encuentro. De hecho, el mismísimo día en que debía realizarse apareció una nota en su diario digital (“El FIT ante el Gobierno de Macri”)… en el que no hay mención alguna de los debates sobre el Encuentro en Racing. ¿Cómo puede hablarse del rol del FIT en esta coyuntura sin hacer mención de su responsabilidad frente a un evento de semejante importancia?

Las únicas acciones “unitarias” de las que pueden hacer gala los compañeros son las campañas electorales. Hay algo en todo esto que es indiscutiblemente cierto: el FIT es un acuerdo de independencia de clase en el terreno electoral y, por lo tanto, un hecho progresivo en sí mismo por sus conquistas. Este hecho es el que impulsa nuestro partido a desarrollar y por eso es que exigimos que se abra el debate con nosotros, con el Nuevo MAS, para ser integrados. Pero ver los árboles no puede ser motivo suficiente para tapar el bosque. Frente a la lucha de clases, la organización del movimiento obrero, el FIT en tanto tal no ha cumplido ningún rol. Para ser más precisos, su rol ha sido el de impedir, impedir y seguir impidiendo. Los compañeros hacen oídos sordos a esta realidad. La izquierda puede y debe ser un canal de expresión, de organización contra el ajuste. El FIT está muy lejos de haber cumplido ese rol. Eso no significa que todo esté perdido. Simplemente hay que abandonar el electoralismo pueril y decir las cosas como son. La izquierda revolucionaria está lejos de ser el canal de expresión de los trabajadores en sus luchas, políticas y sindicales. Pero todavía hay tiempo. Hay que dejar de lado la autoproclamación febril e impulsar una política que aporte a convertir a nuestros partidos en el canal de expresión efectivo s las luchas de los trabajadores. Pero para eso no hay que proclamarlo sino hacerlo efectivo en la política.

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