Este año, el reino de Arabia Saudita trascendió en varias ocasiones en las noticias por una razón nada agradable: las reiteradas condenas a muerte o a castigos medievales a diversos opositores al régimen.

Uno de ellos es el del poeta y refugiado palestino AshrafFayad. Con el cargo de “apostasía” (negación de la religión musulmana), se lo había castigado inicialmente a sufrir mil latigazos y varios años de cárcel, pero tras revisión de sentencia se lo condenó a muerte.Los motivos atrás de la acusación son las denuncias que el artista había realizado a la policía saudí por torturas, y su rol en el movimiento de artistas que se viene desarrollando en el país árabe.

Fayad fue detenido en 2013 por el “Comité para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio”, organismo de policía moral-religiosa de rasgos orwellianos. Su objetivo es la vigilancia de la “Sharía” o ley islámica tal como la entiende el régimen saudí, que sostiene una visión extremadamente conservadora del Islam conocida como “wahabismo”.

Cualquier similitud con el “Estado Islámico”/I.S.I.S. NO es pura coincidencia:veamos otros tres casos más de condenas que los pintan como dos gotas de agua.

Dos de estos condenados fueron detenidos en 2012, siendo menores de edad, en las protestas organizadas por la minoría chiita en las provincias orientales del país (protestas que eran parte del ciclo regional de la Primavera Árabe). Uno de ellos, Ali al Nimr, fue condenando a crucifixiónpor el régimen saudí. El otro, Dawoud al Marhoon, fue condenado a decapitación por espada, luego de haber sido obligado a confesar crímenes bajo tortura. El primero de ellos, al Nimr, es sobrino de uno de los principales líderes religiosos de la minoría chiita, por lo cual su condena tiene además el carácter de un “apriete” a toda esa comunidad.

El cuarto de estos casos es el de RaifBadawi, bloguero saudí que defiende el laicismo y los derechos de las mujeres. En su caso fue condenado también a mil latigazos y a diez años de cárcel. A él también se lo acusa de “insultar al Islam”.Su caso se hizo bastante conocido en los medios internacionales, llegando a recibir muestras de apoyo de amplios sectores de todo el mundo.

Solo en este año, Arabia Saudita ya ejecutó a más de 150 personas, por motivos de todo tipo: entre ellas, 135 fueron por decapitación. Además de ellos hay otras 50 personas que tienen condena a muerte esperando a ser aplicada.

 

Un régimen ultra-reaccionario aliado del imperialismo

 

No puede estar más claro, entonces, que el régimen saudí es absolutamente barbárico, opuesto por el vértice a cualquier concepción moderna de cualquier tipo. Pero lo paradójico es que no se trata de uno los países del supuesto “eje del mal” al que hacían referencia los presidentes de EEUU. Por el contrario, Arabia Saudí es un aliado incondicional y socio comercialde Occidente de hace muchas décadas.

No se trata solamente de que los imperialismos occidentales le compran millones y millones de dólares en barriles de petróleo. Hay una alianza políticaque convierte a Arabia Saudita en una especie de “país no reconocido” de la OTAN- un rol similar, por ejemplo, al del Estado de Israel.

Esta alianza cobró una fama especial en la década de los ochenta, cuando Estados Unidos a través de la CIA y los servicios pakistaníes financió y armó a los “muyahidín” o “guerreros santos” musulmanes que fueron a combatir contra los soviéticos a Afganistán. Arabia Saudita jugó un rol de primer orden en esa campaña proveyendo combatientes, entre ellos, nada más ni nada menos que Osama Bin Laden, el fundador de Al Qaeda y autor intelectual de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Esto muestra a las claras la terrible hipocresía del imperialismo yanki. Al mismo tiempo que critica a las dictaduras reales o ficticias a lo largo del mundo –incluidas las de Medio Oriente-, no dice una sola palabra del régimen saudí, una de las pocas monarquías absolutas que quedan todavía en el mundo.

La hipocresía es todavía mayor en el campo del “combate contra el terrorismo”. Arabia Saudita es uno de los puntales de la estrategia del imperialismo para contener al “terrorismo islámico” en la región. Sobre esto no se de pueden dejar de plantear varias cuestiones: 1) ¿Qué distingue al régimen saudí y su brutal opresión política y religiosa, de lo que Occidente llama “terrorismo”? 2) Arabia Saudita es uno de los principales impulsores del terrorismo internacional: no solo por sus relaciones pasadas con Bin Laden, sino por las relaciones actuales con toda clase de grupos armados jihadistas a lo largo del globo (por ejemplo, los grupos islamistas que financia en Siria). 3) Arabia Saudita se encarga además de exportar su ideología medieval wahabita a todo el globo, gastando millones de petrodólares en financiar organizaciones religiosas de visión extremista en muchos países. Muchos de los “jihadistas” internacionales que afluyen a Medio Oriente desde otras partes del planeta, lo hacen influenciados por esos clérigos y reclutados por sus redes.Se entiende entonces porqué todos los “esfuerzos” anti-terroristas de EEUU fracasan estrepitosamente.

Los sectores de Occidente que impulsan la “islamofobia” (odio a los musulmanes), ponen como eje de sus ataques a los inmigrantes o a sus descendientes –muchos de ellos pobres y/u trabajadores-  que se encuentran viviendo en EEUU o Europa, y que nada tienen que ver con el terrorismo o con estas visiones barbáricas del Islam. Sin embargo, esos mismos sectores islamofóbicos no dicen nada del verdadero “sponsor n°1” del terrorismo y la barbarie, la monarquía saudita y las otras monarquías ultrarreaccionarias de la región. La hipocresía es todavía mayor cuando esos sectores critican a Irán, que posee un régimen igualmente retrógrado pero que se encuentra enfrentado (hasta cierto punto) a EEUU, a Arabia Saudita y a Israel.

Es decir: la derecha imperialista encuentra la barbarie en los explotados y oprimidos, o en sus adversarios geopolíticos, pero jamás en los multimillonarios aliados de Occidente, que son sus principales responsables.

El barbárico régimen saudita merece el más firme repudio internacional.  Su caída a manos de la movilización revolucionaria de las masas es la tarea número 1 para la liberación de todos los pueblos de Medio Oriente.

 

Ale Kur

 

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