Cumbre Mundial del Cambio Climático 

 

 

 

Comenzó en París la Cumbre Mundial del Cambio Climático. Los acontecimientos que la precedieron en esa ciudad fueron significativos. La gente que días antes salió a manifestar exigiendo medidas en serio para enfrentar el cambio climático, fue molida a palos por la policía del democrático (y “ecologista”) presidente Hollande. Es que, aprovechando los recientes ataques de ISIS, el gobierno del Partido “Socialista” hizo aprobar leyes que reprimen brutalmente cualquier protesta… como si ISIS se dedicase a hacer huelgas o manifestaciones… o a preocuparse por el clima.

 

Este prólogo de alguna manera refleja el acostumbrado “doble discurso” que las burguesías y sus gobiernos suelen tener en todos los asuntos. En este caso, por un lado, grandes peroratas sobre el dramático cambio del clima y sus peligros; y por el otro lado, la incapacidad de tomar medidas de fondo. Y al que proteste, palo y a la bolsa…

 

Una amenaza apocalíptica…

 

El cambio climático es un hecho cuyas consecuencias dramáticas ya comienzan a percibirse, aunque apenas estamos en los umbrales.

 

Las personas de edad avanzada pueden tener opiniones diferentes en cualquier materia. Pero en algo coinciden casi siempre: “en mi juventud el clima era otra cosa…” Esa “sensación”, aunque no sea “científica”, se da en todos los países, y tiene que ver con hechos mensurables (temperatura, lluvias y sequías, calidad del aire que respiramos, etc.).

 

Al momento de escribir este artículo, la población de Pekín sufre la ola de contaminación del aire por partículas de carbono más alta de su historia: ¡24 veces por encima del nivel máximo permitido![[1]] Décadas atrás, los chinos respiraban aire, no carbón. Pero eso no sucede sólo en Pekín. Aunque en menor medida, la gran mayoría de las ciudades del planeta tienen también el aire viciado.

 

Asimismo, en los últimos años, se han multiplicado las catástrofes que antes se llamaban “desastres naturales”… pero que habría que dejar de culpar a la Madre Naturaleza. Por ejemplo, tormentas sin precedentes, como el huracán Katrina de 2005 que arrasó New Orleans, o el Sandy que inundó parte de New York en 2012.

 

Al mismo tiempo, esto se expresa en otros procesos en marcha de los que se habla menos, pero que en el fondo son más catastróficos a mediano y largo plazo. Por ejemplo los hielos de Groenlandia ya se están derritiendo y lo mismo ha comenzado a suceder con la mayoría de los glaciares del planeta y en los polos.

 

Sólo el derretimiento de Groenlandia (sin contar el del resto de los hielos), elevaría el nivel de los mares en 0,68 mm por año. Y si Groenlandia se derritiese por completo, el nivel de los océanos subiría seis metros.[[2]] Otro gran problema es que estos procesos son cada vez más acelerados. Ya están desapareciendo islas. The New York Times de hoy, 2 de diciembre, informa que algunas de las Islas Marshall están amenazadas.[[3]] ¡Así podrían terminar Buenos Aires, Nueva York, Venecia, Shangai y demás ciudades costeras, si esto no se soluciona a tiempo!

 

Revolución industrial y cambios en la naturaleza

 

El eje de la cuestión son los gases, en primer lugar el dióxido de carbono, producido principalmente por la quema de combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, en la industria y los transportes. También este proceso malsano se refuerza por los cambios capitalistas en la agricultura, que han llevado a graves pérdidas de la biomasa.

 

Esto no comenzó ayer ni anteayer, sino con la Revolución Industrial iniciada a mediados del siglo XVIII en Inglaterra y Escocia. Pero, en sus primeras décadas, se redujo a una pequeña parte de Gran Bretaña. Luego, dio el salto a Europa, EEUU y Japón, y hoy se extiende también a América Latina y Asia, con China como la “fábrica del mundo”.

 

Desde el inicio de la Revolución Industrial, los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera han aumentado un 30% y los del metano un 140%. La concentración de CO2 en la atmósfera es hoy la mayor de los últimos 800.000 años.[[4]]

 

Estos gases causan un “efecto invernadero” en relación a la energía proveniente del Sol, tendiendo a la elevación de las temperaturas promedio. Esto fue insignificante hasta mediados del siglo XIX, ya comenzó a notarse a mediados del siglo XX y ahora, en lo que va del siglo XXI, se están batiendo records.

 

Los registros de temperatura desde fines del siglo XIX, indican que el promedio en la superficie de la Tierra se incrementó 0,8 grados C, en los últimos 100 años. Pero 0,6 grados C de ese calentamiento, ocurrieron en las últimas tres décadas.[[5]]

 

Asimismo, comparando las temperaturas promedio de los años del siglo XX y de los 15 primeros años del siglo XXI, se verifica que los 10 años de mayores temperaturas se han dado todos en el siglo XXI, mientras que los 10 años más fríos fueron en el siglo pasado.[[6]]

 

A largo plazo, por ejemplo, a fines del XXI, si no se toman medidas radicales que frenen o inviertan esas tendencias en aceleración, podría registrase un aumento de entre 4 ó 5 grados en las temperaturas promedio. En ese camino se producirían eventos catastróficos incalculables y seguramente irreversibles, tanto en la tierra como en los océanos. En ese cuadro, la supervivencia de la humanidad estaría en grave peligro.

 

El capitalismo neoliberal y sus gobiernos han sido incapaces de hacer frente a esta amenaza

 

En verdad, los hechos que marcan las investigaciones sobre las tendencias al calentamiento global, no dicen nada substancialmente nuevo, más allá de que las tendencias se confirman y las cosas se van agravando.

 

Pero el capitalismo neoliberal y sus gobiernos han sido incapaces de hacer frente a esta amenaza. Tirando cada uno por su lado, según sus intereses, no se han puesto de acuerdo hasta ahora en medidas radicales y de fondo, que comiencen a revertir esta marcha al apocalipsis.

 

Cada tantos años, organizan “cumbres”, como ahora la de París, que terminan en fracasos (como la de Copenhagen en el 2009) y/o en la firma de “acuerdos” inocuos, que nadie estaba realmente obligado a cumplir, como el Protocolo de Kyoto de 1997. Mientras tanto, los años pasan, el cambio climático se agrava… pero los bolsillos de las corporaciones se van inflando con las ganancias que logran destruyendo el planeta.

 

Es que en el capitalismo neoliberal que hoy reina en todo el mundo, hay dos factores que han hecho imposible hasta ahora tomar medidas serias contra el cambio climático.

 

El primero, es que contaminar da ganancias, ¡grandes ganancias! Lo que vaya a suceder con la humanidad en un futuro más o menos lejano, no le interesa a ninguna corporación. Lo que decide todo en el capitalismo son las ganancias o las pérdidas. Desde la VolksWagen que falsifica los datos de contaminación de sus automóviles, hasta las petroleras que ahora se dedican al fracking (destruyendo no sólo la atmósfera sino además el subsuelo), confirman que la ley de hierro del capitalismo sigue siendo la ganancia, aunque así envenenen el planeta y sus habitantes humanos o de otras especies.

 

Pero el segundo factor no es menos importante. No existe un poder mundial que organice y controle la producción y los transportes –hoy también son mundiales– para que no sean contaminantes, y que obligue a cumplir esas normas a todos. Incluso los acuerdos que se firman en las “cumbres” y conferencias internacionales –como el Protocolo de Kyoto de 1997– nadie está obligado a acatarlo. Y eso es lo que hizo EEUU, que junto con China está entre los mayores envenenadores del planeta.

 

El debate en esta Cumbre recién comienza. Hay unos diez días de negociaciones por delante. Pero ya se presentan las primeras dificultades. Obama, por ejemplo, ha manifestado que tampoco esta vez EEUU va a comprometerse a nada. Ahora, su justificativo es que los republicanos dominan ambas cámaras del Congreso, y en su mayoría sostienen que el cambio climático es “un mito”. Por eso, el Congreso de EEUU no ratificará ningún tratado.

 

El borrador de acuerdo que está en debate, tiene otros problemas no menores. Se proponen diversas medidas para lograr que la temperatura no aumente más de 2 grados C en el siglo XXI. Otros, incluso, hablan de algo más. Pero ese objetivo y las medidas son criticados por insuficientes. Es que con sólo el aumento de 1 grado C desde 1850, ya hay cambios acelerados y graves, como el deshielo de los polos y glaciares, sequías, inundaciones y otras calamidades. ¿Quién garantiza que con 2 grados C será mejor?

 

Sin embargo, el problema de los problemas no es de “detalles”. Si, a diferencia de otras cumbres, aquí se acuerdan medidas efectivas, ¿quién las va a imponer mundialmente? Obama ahora da discursos “ecologistas”… después de haber generalizado el fracking en su país… Pero simultáneamente advierte que EEUU no se va a obligar a nada.

 

China, con Xi Jinping, se ha vuelto “ecologista”… pero hasta ahora sólo en los discursos. Es el primer contaminador del planeta, superando a EEUU que va segundo en la competencia del ecocidio… El abandono del carbón y el giro a las energías limpias que debería hacer China, no es gratuito ni barato. Por eso plantea el problema de su financiación… Otros grandes contaminadores, como la India, también ponen peros y más peros…

 

Así, la cuestión de cómo se financiaría una reconversión mundial en serio, es un punto vital y nada fácil de resolver… Y no hablemos de las medidas a nivel político que eso también exigiría.

 

Es muy difícil, por no decir imposible, que el capitalismo –más aún en su fase neoliberal– pueda resolver este problema que amenaza ser, a la larga, de vida o muerte para la humanidad.

 

La alternativa del socialismo en sus dos aspectos –es decir, de un sistema económico mundial que no tenga como objetivo la ganancia sino producir para las necesidades de los seres humanos, y de un sistema político mundial que administre el planeta– se presenta como la única garantía de evitar un apocalipsis.

[1].- “Contaminación del aire en Pekín marca nuevo récord”, AFP, 01/12/2015.

[2].- Miguel Ángel Criado, “El hielo de Groenlandia se desvanece, El País, 15/12/2015.

[3].- “As world leader discuss climate change, Pacific islanders watch their nation vanishing into the sea, New York Times, December 2, 2015

[4].- Matt McGrath, “What is the ‘greenhouse effect’?”, BBC, November 29, 2015.

[5].- “Global land-ocean temperature index”, Nasa GISS (cit. BBC, What is climate change?, October 22, 2015).

[6].- “How years compare with the 20th Century average”, BBC, November 29, 2015.

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