Por Ale Kur


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El viernes 14/8 fue aprobado por el parlamento griego el tercer paquete de “rescate” financiero, con su correspondiente lista de nuevas medidas de austeridad.

Grecia aprobó que la Unión Europea le realice un nuevo préstamo por un valor de 86 mil millones de euros (a ser desembolsados a lo largo de los próximos tres años), que centralmente van a ser utilizados para recapitalizar la banca (50 por ciento de la “ayuda”), para sostener el pago de los intereses de deuda (25 por ciento) y sólo el 25 por ciento restante para “estímulos al crecimiento”… que van a “estimular” los bolsillos de unos pocos, como sucedió con los dos anteriores Memorandums.[1]

Este “tercer rescate” se suma a los dos anteriores (que totalizaban 240.000 millones de euros), concedidos por la UE y el FMI a los anteriores gobiernos griegos. Ya en ocasión de la aprobación de dichos “rescates” la contrapartida explícita era la aplicación de brutales ajustes contra las condiciones de vida de los trabajadores y las masas en general. Este tercer “rescate” no es la excepción.

Algunas de las medidas implicadas ya trascendieron previamente. Entre ellas, la más escandalosa es sin duda alguna la creación de un “fondo de privatizaciones” por valor de 50 mil millones de euros. Es decir, Grecia se compromete a entregar todo el patrimonio estatal a sus acreedores (en primer lugar, a Alemania, que ya se está quedando con los aeropuertos [2]).

Otras de las condiciones establecen el aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA), la reducción de pensiones, el aumento de la edad jubilatoria, etc. (que ya habían sido aprobadas en sesiones anteriores del parlamento). El tercer “rescate” establece también el objetivo del levar el superávit fiscal primario (es decir, previo pago de intereses de deuda) al 3,5 % para el año 2018. Esto significa la necesidad de recortar brutalmente el gasto público para poder pagar la deuda.

El acuerdo establece también, de manera explícita, que los bancos no van a expropiar a los grandes depositarios para recapitalizarse (a diferencia de lo que ocurrió en Chipre en 2013, donde se confiscaron los depósitos superiores a los 100 mil euros). El gran capital queda así “blindado” frente a la crisis, que va a ser pagada exclusivamente por los trabajadores y el pueblo más pobre.

El acuerdo fue aprobado también por el Eurogrupo (los ministros de finanzas de 19 países europeos) y por el parlamento alemán, lo que significa que ya tiene luz verde para ser implementado. Aún quedan, sin embargo, algunos puntos que no están del todo claros, como la participación del FMI en el nuevo rescate: este organismo plantea abiertamente que la deuda griega es insostenible.

Con la aprobación del acuerdo queda cerrado todo un capítulo en la historia de la crisis económica y política griega: en un sentido más inmediato, el de la gran crisis bancaria iniciada en el mes del julio (con el anuncio del “referéndum” sobre el acuerdo con la UE), y en un sentido más profundo, el del gobierno “de izquierda radical” (significado en castellano de la sigla SYRIZA).

Mientras lo primero significa que el gobierno y los capitalistas griegos ganaron un respiro, lo segundo preanuncia futuras crisis en la medida en que las expectativas de las masas choquen con su gobierno reconvertido en agente directo del neoliberalismo.

Crisis política y rebelión en Syriza

El tercer “rescate” fue aprobado sobre la base de una enorme crisis en el partido de gobierno. De sus 149 parlamentarios, 47 votaron en contra, se abstuvieron o no participaron de la votación, lo que significa que el gobierno quedó sólo con 2/3 de su bloque legislativo, y 1/3 del parlamento en su conjunto. Es decir, se convirtió en un gobierno minoritario.

El “rescate”, por lo tanto, sólo pudo ser aprobado gracias a los votos de los partidos tradicionales del régimen: Nueva Democracia y PASOK. Se trata del viejo bipartidismo que fue derrotado en las últimas dos elecciones generales (a parlamentarios europeos y al parlamento griego), y en el referéndum del 5 de julio que rechazó las exigencias del acuerdo con la UE.

Es decir, son partidos odiados por las masas, desgastados por décadas de gobierno en las que reventaron a los trabajadores y los sectores populares. Partidos que a comienzos del 2000 reunían la enorme mayoría de los votos, y que hoy están reducidos a su mínima expresión luego de sufrir tres grandes derrotas electorales consecutivas.

A estos partidos se les suma también un (relativamente) nuevo partido de recambio del régimen, llamado To Potami (El Río), y ANEL (Griegos Independientes), el partido de derecha que forma parte de la coalición de gobierno desde el inicio.

Esto significa que el gobierno de Syriza pende de un hilo: no es nada descartable que caiga el ejecutivo de Tsipras y se realicen elecciones anticipadas (en septiembre u octubre) para resolver el destino del país.

Sin embargo, el dato más significativo e importante en la situación política es el proceso de rebelión al interior de Syriza, que es a la vez el reflejo del descontento de amplios sectores obreros y populares contra el giro neoliberal del gobierno.

Esta rebelión está encabezada por la llamada “Plataforma de Izquierda”, cuyo principal referente es el ex-ministro de Energía Panagiotis Lafazanis. La Plataforma plantea la salida de la zona euro y la anulación de las medidas de austeridad, a través de medidas de confrontación con el gran capital europeo.

Pero la rebelión va mucho más allá. Entre los miembros de Syriza que rechazaron el tercer “rescate” se encuentran el ex-ministro de Economía Yannis Varoufakis, la presidenta del parlamento Zoe Konstantopoulou, y todo un sector de diputados pertenecientes al bloque “oficialista” del partido gobernante.

Fuera del parlamento, el rechazo se extiende a toda la Juventud de Syriza, a muchas de sus regionales, a una parte muy importante de su militancia de base, y a todo un sector de la opinión pública griega (aunque todavía aparentemente minoritario en la sociedad).

Notas:

1.- “El Eurogrupo aprueba un tercer rescate griego de 86.000 millones”, diario El País (España), 14/08/2015.

2.- “Alemania se queda con 14 aeropuertos griegos privatizados”, diario El País (España), 18/08/2015.

 

Llaman a un frente único contra la austeridad

La Plataforma de Izquierda realizó un llamado para la conformación de un “movimiento político-social amplio” de frente único contra la austeridad y el tercer “rescate”. Esto es enormemente progresivo, ya que significa enfrentar abiertamente al gobierno de Tsipras y comenzar una dinámica de ruptura con el mismo. Significa también el llamado a la movilización en las calles (rompiendo con la lógica de pasividad que intentó imponer Tsipras), y a la unidad de acción con otros grupos de la verdadera izquierda radical, que se encuentran por fuera de Syriza (tales como Antarsya, los sindicatos, los colectivos activistas, etc.)

Lo que moviliza el llamado al frente único es la necesidad de darle una continuidad y una perspectiva política al resonante “OXI” (NO) que el 62 por ciento de los griegos manifestó en el referéndum de julio. Y aquí no se trata solamente de los resultados del referéndum (en el que fueron derrotados de manera aplastante los grandes capitalistas europeos y griegos, los partidos tradicionales, etc.). Se trata también de la dinámica de movilización por abajo, de radicalización y de polarización político-social a la que le dio lugar en el referéndum: por el NO votaron e hicieron campaña la mayoría de los trabajadores y de los jóvenes, mientras que por el SÍ lo hicieron las clases medias-altas y las viejas generaciones.

El gobierno de Tsipras, al aprobar el “rescate”, le pasó por arriba a todas sus promesas electorales y a ese 62 por ciento de los griegos (es decir, a toda su base social). Esto abre enormes grietas políticas que podrían dar lugar a un gran desborde por izquierda cuando el descontento popular termine de decantar políticamente.

Un primer hecho político de importancia para medir hasta dónde llega este quiebre es el Congreso extraordinario de Syriza que está convocado para septiembre: allí se verá cómo es la relación de fuerzas existente al interior del partido gobernante.

A un nivel más masivo, se da una gran paradoja: las encuestas siguen marcando un aumento en la intención de voto a Syriza, al mismo tiempo que la gran mayoría de la población considera que Tsipras traicionó su programa, y que el nuevo “rescate” va a fracasar de manera indefectible. Es decir, nadie cree en las medidas de austeridad ni en el plan del gobierno, pero sigue siendo el “mal menor” frente a los viejos partidos, y todavía no se visualizan otras alternativas políticas.

En todo caso, estas contradicciones se irán procesando en la medida en que las medidas de austeridad impacten cada vez más sobre las condiciones de vida de las masas, y se compruebe en la práctica que la supuesta “izquierda radical” actúa igual que la derecha clásica. En ese momento, es muy probable que comience un nuevo ascenso en las luchas de las masas, y que se abra un gran espacio político para la verdadera izquierda revolucionaria.

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